Tres días con Paula (parte III)

Por Führer
Enviado el 11/03/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Día 2

          Cuando desperté, luego de dormir muy pocas horas en el sofá (no debido a que era incómodo, más bien por pensar toda la bendita noche en ella). Decidí levantar mi guardia y no involucrarme más en ella. Estaba completamente decidido a mantener mi distancia. Cuando crucé la sala y me asomé por el balcón Paula estaba ahí. Volteó y sonriendo me dijo: -Ya pedí el desayuno. Lo deben estar trayendo ahora mismo.

           Mi mirada esta vez, se enfocó en sus pies. Eran hermosos, sus pequeños dedos, perfectamente formados, con unas uñas pintadas de rojo. Mi plan de emergencia elaborado en la mitad de la noche se había ido a la mierda en treinta segundos. Juro que la hubiera besado por ser tan perfecta si la puerta no sonaba y el desayuno no llegaba en ese momento.

-          Espero que hayas traído ropa de baño porque me quiero meter a la piscina.

-          Que suerte. Si traje unos shorts extras. –Genial, ahora tendría que verla en bikini.

             Y así pasé la tarde entera sentado en una esquina de la piscina con una montaña en mis shorts que no desaparecía por nada. Mientras ella nadaba como un delfín en la piscina casi vacía. La imagen de ella en bikini hizo que empezara a desearla con todas mis fuerzas. Quería estar más cerca de ella pero tenía miedo de que terminara estropeando todo lo que se había formado naturalmente. Welcome to the friendzone Fabiancito.

            En la noche volvimos a salir y conocer más de la ciudad blanca. Esa noche Paula dejó sus cabellos sueltos que revoloteaban al ritmo del viento nocturno. Llegamos a un centro comercial donde vendían toda clase de souvenirs de la ciudad y pasaban música muy popular en Lima. Paula bailaba mientras caminaba como si no hubiera nadie alrededor. A diferencia de mí, a ella no le importaba ser el centro de atención. Sus movimientos naturales atraían la mirada de más de un lugareño. Era como presenciar un video musical cuando hacía esos espontáneos pasos de baile mientras caminábamos.

             Cuando regresamos al hotel vimos un poco de televisión antes de dormir. Al día siguiente nuestro vuelo salía a las cinco de la tarde. El mejor fin de semana estaba a punto de acabar. Empecé a sentir la tristeza por primera vez en el fin de semana. Al momento en el que el peso de mis párpados era mayor a la resistencia que podía oponer, la puerta de la habitación de Paula se abrió y ella salió directo al balcón. Como era de esperar, la seguí y la encontré observando el paisaje. Aunque el único paisaje que yo veía era la silueta de su cuerpo de espaldas con el Misti de fondo. Ella advirtió mis pasos y empezó a contarme sus temores, inimaginables si como yo, la veías caminar, sonreír, vivir. Me dijo que no quería irse sola a los Estados Unidos, el inglés no sería un problema, pero su adaptación le llevaría más de lo deseado. Me contó también que le costaba mucho hacer amigos de verdad y que me consideraba a mí como uno en la corta lista. Antes de que terminara aquella oración, me abalancé y la besé lo mejor que pude. Me sorprendió que ella respondiera al beso y trenzara su lengua con la mía, intercambiando sabores durante casi un minuto. No creía en lo romántico que podía ser un beso hasta que sentí los labios de Paula. Luego de esa hermosa escena, dormimos y amanecimos juntos. Era también la primera vez en el fin de semana que dormía en una cama.


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