La primera vez

Por Mandala
Enviado el 31/03/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Esta fue la primera vez, la primera vez que yo me decidí a vivir y sentir algo totalmente diferente hasta lo que ahora he vivido; algo que me llenaba y exaltaba con tan solo pensarlo, no creí que podía llegar tan lejos, no me sentía capaz de despertar deseo o pasión en alguien como él, lo veía muy lejos e inalcanzable, llegué a pensar que era un juego de letras y nada más ya que ni palabras habíamos llegado a entablar, hasta que llego ese día, fue al caer la noche, fue la noche de la primera vez.

Al llegar a ese lugar donde él ya me esperaba sentí una extraña sensación recorrer mi cuerpo, mis nervios estaban de punta como si danzaran ballet, mis mejillas y orejas rojas y ardientes como el sol, no quería ni hablar, no sabía ni en que pensar, él se acercó a mi lentamente mi mejilla beso y mi oreja mordió; tan solo con eso me encendió por dentro y algo intenso recorrió por mis venas, el deseo era más que evidente y tocaba saltar de lo virtual a lo físico, él me pidió que lo acompañara a aquella habitación, me dejo sola por un momento ya que una ducha tomaría, en ese pequeño rato a solas me pregunte tantas veces el que hacia ahí, en que si era correcto seguir, pensé hasta en salir corriendo, me dije a mi misma tú no eres así, pero sé que si estaba allí esperándolo era por una simple razón, quería culminar aunque fuera esa única vez ese gran deseo que él en mi había provocado, esas inmensas ganas de sentirlo tan cerca, esa lujuria de sentirlo tan dentro. El momento llego, por fin regreso, habíamos escrito un libreto de todas aquellas escenas que queríamos realizar al encontrarnos, más sin embargo lo mejor fue dejarnos llevar hasta colocar el punto final. Fue más grande mi avidez que mi vergüenza y sin pensarlo me quite la ropa frente a él, llevaba puesto algo especial, portaba lencería del mismo color, azul turquesa que lucía en todo su esplendor, su mirada sobre mí me cautivo y envolvió, él comenzó a tocarme y besarme yo sentía una pasión sumamente desenfrenada, me excitaba tanto el sentirlo sobre mí, sentirlo a él a quien apenas conocía, quien por primera vez tan cerca tenia, un completo extraño. Mi ansiedad aumentaba, el río del deseo sobre mi entrepierna ya se desbordaba, nos tocábamos centímetro a centímetro con sumo libido y delicadeza a la vez. Iba subiendo la intensidad de la situación, me despojó de aquella prenda que mi pecho cubría y con sus tibias manos me acarició como si fuera al compás de una nota, con un ritmo insaciable; poco después llevo su provocadora boca hasta allí y con un movimiento sensual su lengua empezó a danzar en el centro de una de mis pequeñas y sutiles montañas, íbamos alcanzando otro nivel, él fue bajando poco a poco hasta llegar al río que se desbordaba en mi entre pierna, allí donde se encontraría la culminación del motivo de ese encuentro. Su boca provocó en mi eso jamás antes vivido, era algo enardecedor lo que él me provocaba, pero eso no fue todo aún hubo más, mi lengua y mis labios lo recorrieron, saboree ese pedazo, esa parte de él que lo hace tan hombre, tan único, tan completo, ese dote que si sabe cómo usar para matar, sobre mi paladar quedo ese sabor agridulce que no dude en volver a saborear. Encendió el televisor, sabía lo que en mi iba a provocar, sabía que el momento de los sonidos del goce ya había llegado, me coloqué al borde de la cama apoyándome en mis rodillas y brazos, podía percibir esa excitación que sobresalía de su cuerpo, se fue introduciendo sobre mí, el momento se estaba consumando, zarandeaba muy a sus acordes y yo le acompañaba en un coro de gemidos finos que cada vez iba en mi provocando, me tomó el cabello y lo jaló muy fuertemente, cada vez era más excitante, más masoquista y yo seguía disfrutando, marcó su mano sobre mi glúteo dejando un ardor estremecedor, la bomba explotó, llegamos al clímax de la situación, despojamos ese deseo que habíamos provocado, nos venimos juntos en ese camino hacia el placer que ya habíamos alcanzado, me sentí tan suya, tan plena, tan satisfecha, algo aplaudía en mi interior por lo que se había logrado y pensé en si tú te sentías igual y en cómo se podía disfrutar tanto sin involucrar sentimientos y sin dar nada a cambio, tan solo el dejarse llevar deja más de que ansiar, desde esa noche pensé en otro encuentro donde sea tarde o temprano nos comeremos el uno al otro de nuevo, mientras con calma y completa discreción esperaré hambrienta de ti, con esas inmensas ganas de volverte a sentir.


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