La Hebilla de Mamá

Por Alejo Calderon
Enviado el 09/04/2014, clasificado en Drama
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Aunque mamá dice que no la ve, en nuestra casa habita una mariposa, es vivaz como el sol y tiene en las alas manchas vibrantes de colores. Cuando mamá me alza, jugueteo con la mariposa que permanece posada en su cabeza. Después que ella me viste el pantalón corto de tirantes, salgo al solar y mientras mamá riega las plantas, veo la mariposa revoletear agitando las aromas del jardín.

 

Pienso que me lleva entre sus alas y se posa en el árbol mas alto, entonces veo a papá en la huerta, sembrando nuestras ilusiones y sobre la casa, el humo de la chimenea deshacerse en bandadas de pájaros azules. Al atardecer, cuando papá viene a descansar, juego con las piedrecitas que, puestas una tras de otra, forman el tren en que fuimos a la gran ciudad. El ferrocarril serpentea por los caminos sinuosos del patio, sube por los pliegues del pantalón de papá y su pito se confunde con el mugir vespertino de las vacas. Tiene una chimenea, como todos los trenes, y lo más lindo es cuando su humo sube por la ruana y entra por la pipa que él fuma. Después mi padre arroja el humo en forma de luciérnagas y palomas de colores, que sonriendo me invitan a jugar en la planada; entonces gritando corro tras ellas pleno de felicidad. Finalmente se van alejando hasta confundirse con la niebla del atardecer, me quedo mirando al cielo y compruebo que las nubes son el aliento de papá.

 

Quisiera jugar con la mariposa, pero siempre mantiene en la cabeza de mi madre. Cuando ella vaya al peinador, la tomaré, jugaremos mucho y le pediré que me narre los bellos secretos que ella tiene para mí. Nos haremos muy amigos, para que cuando papá y mamá falten, la mariposa en su revoloteo zigzagueante me lleve por los aires, hasta las nubes, donde están ellos. Recibiré su abrazo cálido, percibiré su aliento y jugaremos al tren; desde allí me despediré para siempre del mundo, ya no volveré. Con ellos tendré lo que más amo, el tren serpenteante que avanza pitando por el empedrado patio, la mariposa vibrante de colores, la bandada de pájaros azules que sale de la chimenea de la casa y la cosecha de ilusiones que dio la huerta de papá, estar juntos en la eternidad.

 

Bogotá, junio 4 de 1988.


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