EL CANDADO DEL PUENTE

Por robustico
Enviado el 10/04/2014, clasificado en Amor / Románticos
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     Cuando se cumplió el primer aniversario de tu partida, pasé nuevamente por el puente  sobre el rio. Aquel puente nuevo de con barandillas de protección pintadas de azul cielo. Nuestro color favorito, ese azul del  Cielo donde  estabas tú esperándome desde hacía ya un tiempo…

      Resultó inevitable el retorno a mi mente del recuerdo: Aquel recuerdo de cuando pusimos en esta valla de nuestro azul favorito el “candado del amor”, hace casi siete años; jurándonos amor eterno, jurando jamás separarnos. Vivíamos tan apasionados, ilusionados como niños, felices como los que más…Con el sueño de un largo y dichoso futuro reflejado en nuestros ojos. Estaba de moda sellar este amor con un candado en la protección de un puente (Moda italiana creo.)  Y tirar la llave al rio. Aquel lugar se convirtió en nuestro santuario. Un lugar que visitábamos con frecuencia.


    Siguió su curso la vida llena de dicha y felicidad, hasta que un día, un despiadado cáncer se la llevó de mi lado…Habían pasado, casi sin darnos cuenta, unos cuantos años: Un lustro largo de felicidad indescriptible, de proyectos, de sueños... Y de repente y por sorpresa desalmada, tan solo unos meses de inútil  lucha contra la naturaleza. Contra la enfermedad…

   Tardé unos cuantos años en volver a nuestro “santuario” y cuando decidí hacerlo, dolorido y cansado, con una  cizalla en la mano, para romper el candado: ¡Sorpresa!. ¡Tremenda sorpresa!: No había un sino dos. Junto al mío; junto al nuestro, no hacía mucho habían puesto otro pues aún estaba como nuevo. Entonces pensé que aquel amor, ya muerto tiempo atras, había quizás, resucitado en otra pareja, la que puso éste, con la misma ilusión, con las mismas promesas, con los mismos sueños…
    Una sonrisa que entonaba todos los estados emocionales: ironía, comprensión, esperanza, deseo y hasta ilusión se dibujó en mi rostro mientras con la tenaza, y lágrimas en los ojos, rompía el candado, oxidado por los años y la intemperie, para dejarlo caer al río, al mismo lugar donde fueron a parar las llaves , al lugar donde dejé caer la tina de barro que hice con mis manos, para guardar en ella  tus cenizas, Al lugar donde un día irán las mías...

   Espérame amor, susurraba llorando, mirando sin ver, el manso paso de las aguas bajo nuestro puente. Espérame amor porque un día, tarde o temprano, iré a buscarte al lugar donde las aguas te hayan llevado. ¡Espérame amor mío!.


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