Relivirusgión

Por dsr
Enviado el 13/04/2014, clasificado en Reflexiones
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Pues, si, Jesucristo  fue uno  de  los  primeros  zombis  de  la  historia. ¡No me digáis que no os ha-

béis dado  cuenta  de ello! Lo que está claro es que no puedo demostrarlo con hechos  irrefutables.

Pero todo concuerda: la infección,  la  plaga,  las  filas  de  no  muertos  cristianos  que  pueblan el

mundo de  cabo  a  rabo  extendiendo  aún  más  la palabra  de  Dios (el virus que nos convierte en

tan muertos  vivientes  como  los  de  verdad,  vaya; caminando  sin  nada en nuestras mentes y al-

mas esperando a que nos den por culo)  Lo  que  no  logro  entender  es  el  porque  el  cine  nunca

los ha  retratado  como  realmente  son  en  la realidad; aquí debe de haber alguna especie de con-

flicto de intereses  y  estrategias  de  marketing. En  la  realidad  los  zombis  no  arrastran  los  pies

ni caminan  lento, aunque  si  tengan  la  mirada  perdida  puesta  en  un  punto  en  el  cielo  al que

creen que  irán  después de muertos. ¿¡Después  de  muertos!? ¡Se  supone  que  no  van  a  morir

nunca! La muerte para ellos no existe. Veis  como  todo  concuerda ¿Qué  más  pruebas necesitáis

para entender que la mayor plaga zombi de la historia comenzó con el cristianismo?

  Me imagino  a  Jesucristo  encerrado  en  aquella cueva, aun sangrando por los alambres de espi-

no que llevara puestos. Me lo imagino echándose una siesta de tres largos días con sus tres largas

noches allí en el monte Sinaí (O como se llamase el monte) Y  es  que  parece  que  estoy viendo a

un par de  desgraciados devotos yendo hacia la cueva para liberar a Jesucristo. Éste saliendo tran-

quilamente de la cueva y encaramándose  a  la  yugular  de los discípulos. Lo mas probable es que

ellos ni se resistiesen  a  las  mordeduras, al fin y al  cabo  lo  buscaban conscientemente. Los muy

ilusos, que ya seguramente estaban muertos  antes de que los matase Jesucristo; por medio de su 

hambre  insaciable  de carne fresca, miedo y la  estupidez  que  todas  las personas  llevamos y de

las cuales esa clase de zombis se aprovechan. Los muy adeptos, medio  se  desangrarían entre  el 

éxtasis de la cercanía del "descanso eterno" prometido por Jesucristo  y  eso de ser devorado vivo.

Puede que incluso  se empalmaran  mientras  se  los  comía, primero  a  uno y después a otro, por-

que otra cosa no, pero prisa había poca, ya tendrían tiempo esos engendros del diablo de propagar

la infección por el mundo.

  Ahora bien; vosotros os preguntareis  como es posible que aún sin ser iguales  a  como los ponen

en el cine no sois capaces de reconocerlos, porque algo han de tener distinto del resto que intenta-

mos resistirnos al contagio de la  infección cristiana; lo que  pasa  es  que debido  a la evolución de

las especies (en especial la zombie) poco  queda  hoy (prácticamente nada de nada) de los zombis

de aquella remota época de súperestupidez  y  superstición. Ahora, como  ya  he  dicho, los zombis

han evolucionado tanto que ya es muy poco probable identificar a uno a simple vista a no ser por lo

dicho anteriormente, esa mirada perdida  y  placeba  que  les  reconforta el alma por la promesa de

un mañana mejor y la sonrisa propia  de quien va de setas alucinógenas. Incluso los  muy bibrones

ya ni siquiera muerden como los  del principio; después de siglos  y  siglos de contagio y por medio

de cursos a distancia financiados por el fondo social Europeo para la mejor captación y distribución

de la plaga zombie, han  aprendido a simplemente infectar únicamente las mentes. Eso es bueno a

la hora de no tener que comerse vivo  a  nadie (de todas formas el  virus  se  propaga por el cuerpo

igual de bien que  si  te  mordiesen) como decía; eso era necesario para los zombis que por alguna

particular razón fuesen vegetarianos, ya me entendéis. Pero lo que resulta mas inquietante de todo

esto de esos  zombis  modernos  es  que  hemos aprendido a convivir con ellos; coño, si incluso les

financiamos su obra benéfica por medio de nuestros impuestos. Vaya, que  ya  aceptamos la plaga

zombi del cristianismo como  algo normal. Llegados a este punto lo anormal sería que no la tuviéra-

mos.


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