Elysia parte 2

Por Akiramaster
Enviado el 24/04/2014, clasificado en Ciencia ficción
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Aunque fue una estupidez pensar en una oscura trama entre los doctores, ello le llevó a otra cuestión más inquietante:

Si en alguros sectores, como entre los bioconservadores religiosos, se consideraba indigna la implantación de prótesis robóticas por ser estas creaciones del hombre, y a su vez, estos lo son de dios, ¿Cuál sería el impacto de una evolución programada que llevara al ser humano a hacerse a sí mismo mejor de lo que fue hecho a traves de la misma obra divina?.

Tuvimos miedo cuando la red de ordenadores enlazó cerca de cuatro millones de modelos Qmp para desarrollar la primera gran mente virtual, pero todo se debió a una IA complaciente con su usuario, el cual llevaba años trabajando sin éxito en las inteligencias artificiales emocionales y almacenando sus teorías y cálculos en la computadora. Hemos creado vida biológica y artificial a nuestro servicio, esta última, como hijos a los que deseamos lo mejor, pero tememos que nos pierdan el respeto. Y ahora, tenemos la posibilidad de, a diferencia del ordenador Qmp, evolucionar para simplemente mejorar la obra de nuestro creador, o demostrarnos a nosotros que al igual que en el antiguo egipto, podríamos llegar a considerarnos dioses. 

Aburrido, revisó los correos enviados por el Dr. Inasha. Estos no decían mucho sobre el comportamiento del sujeto, pero marcaban bien claro lo que se esperaba de Andrew: debes devolverlo a la realidad. Si no es capaz de encauzar su comportamiento y actitud hacia la cordura, todo nuestro trabajo habra sido en balde... -Espero que no.

 

Se levantó y salió del mostrador. Se había distraido y Bastos ya no se encontraba en la sala. Se asomó a las habitaciones contiguas y pudo ver el jardín interior a traves de una ventana, volvió al hall y encontró una puerta oculta tras una bandera de la empresa Mechanical Mens Inc. Retiró la tela y se adentró en el patio.

 

El jardín era amplio y la luz lo iluminaba por completo ofreciendo un ambiente extrañamente cautivador. Le recordaba a la sensación de estar en un lugar santo, un lugar donde el alma de uno es libre y a la vez se entrelaza con el espíritu de otros. Miró a izquierda y derecha y le sorprendió la asimetría de aquel lugar; matorrales, enredaderas, arboles de todos los tamaños y gran variedad de flores se mezclaban en una aleatoria armonía de colores. Aquello no tenía nada que ver con la ciudad; allí decenas de arboles iguales eran milimétricamente recortados de igual forma.

 

A los pies de un arbol irreconocible, casi sin ramas y con apenas alguna que otra hoja, encontró al Dr. Bastos. Se adentró en la maleza y pudo verle removiendo la tierra de su alrededor. Siguió observandole y pudo ver como dejaba al descubierto parte de sus raíces. Cuando el doctor paró de escarbar se levantó y dirigió hacia el centro, hacia un cerezo esquelético, que en algún momento pasado sirvió para adornar el cruce de caminos, y se detuvo ante él. 

-Esto parece no tener fin -se llevó las manos a la frente y se juró a si mismo que acabaría por enterrar a ese hombre bajo el arbol si seguía ignorándolo. Suspiró fuertemente, y con decisión, se encaminó hacia el centro del patio. 

El Dr. Bastos seguía frente al arbol y Andrew se situó entre ellos, alargó su mano hasta tocar el tronco y se giró hacia el hombre.

-¿Puede oírles?, ¿Puede sentirlos?... ¿Puede oírme a mí? -Andrew miraba fijamente los ojos de su paciente, pero estos seguían perdidos en la nada.

Siguió observandole y pudo ver que su piel era más pálida, más fina... quizás así se alimentaba mejor. Su torso, sin camiseta, parecía igual al de cualquier hombre. No parecía muy fuerte; estaba poco musculado aunque delgado, sus hombros eran estrechos y sus finos brazos acababan en unas estilizadas manos... Unas manos que parecían heridas por haber estado arañando la tierra minutos antes.

Vió que el doctor seguía ausente y tomó su mano izquierda para observar las heridas. El brazo estaba flácido y no le costó levantarlo. Se lo acercó a la cara y observó la sangre que rodeaba sus uñas; parecía más espesa y de un color rojo eléctrico, extraño, pero más cercano a la realidad de lo que esperaba. Cogió el brazo por la muñeca y lo acompañó hasta soltarlo. Volvió a suspirar y se sentó apoyado en el arbol, cerró los ojos e imaginó no estar allí. 

-Creo que debería ir al coche a por el desayuno -dijo Andrew. Se levantó de un salto y a punto estuvo de chocar con Bastos que permanecía inmóvil. Le cogió por ambos brazos y dijo con una sonrisa:

-No te vayas; iré a comer y volveré con ganas de seguir compartiendo esta gran velada con usted, mi elocuente amigo -le dió una palmada en el hombro y se dirigió hacia la salida.

-¿Y mi alimento? -Andrew se detuvo sorprendido.

-¿Me traerás mi comida? -dijo de nuevo Bastos. Se giró el psicólogo y vió que ahora el ser le miraba fijamente. Sorprendido respondió al doctor. 

-Verá usted, yo soy...

-El otro hombre viene cada tres semanas, me trae una ración y se va sin molestarme -Andrew se cruzó de brazos molesto por  la interrupción-. Al principio era como usted, pero usted acabará haciendo lo estrictamente necesario, como él -Andrew se había quedado sin palabras, casi dos horas perdidas por la apetencia del doctor. 

-¿Me estaba usted ignorando? -preguntó con cierto tono de disgusto. 

-No es nada personal, simplemente ya no me atrae y prefiero no hacerlo -el doctor permanecía rígido aunque su voz y su rostro parecian expresarse acorde a la discursión. 

-Dice que ya no le atrae, dígame el qué por favor -dijo el joven mientras se acercaba al doctor 

-No me atrae -calló un segundo y suspiró-. Ya no quiero que se me moleste, aquí no necesito a nadie... 

-Entonces dígame, ¿ Por qué espera alimento?. 

-Necesito comer, como usted -al terminar, levantó el brazo suavemente y señaló a Andrew. 

-¿Es usted el Doctor Lucas Bastos? -preguntó acercandose más al hombre. 

-Sí. Fui y soy -respondió con convicción. 

-¿Es usted... humano? -el doctor desvió la mirada un par de veces antes de responder. 

-Sí. Lo fui y lo soy. 

-¿Puede decirme qué hace aquí?, ¿Cómo llegó a este lugar? -el doctor pareció mirarle como si hablara con un loco. 

-Yo soy mi trabajo, y este, mi hogar. Tres meses después de lograr el éxito todos se fueron, parecían tristes, pero triunfamos -sonrió con orgullo al terminar la frase. Andrew suspiró.

-Su equipo cree haber fracasado. Piensan que se volvió loco, así que mi papel es evaluarle a usted y decidir quien tiene razón... ¿Cree usted estar loco?.

 

Tras la pregunta, Bastos volvió a ignorar a Andrew y se dedicó a deambular por el patio. Andrew aprovechó el momento y fue a por el desayuno.


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