De olvidar, me olvidé

Por Hilfsar
Enviado el 16/11/2012, clasificado en Poesía
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Me olvidé,

del dulce sabor

que tiene la miel.

 

Me olvidé, 

de la suave fragancia

del anochecer.

 

Me olvidé,

del sol y la luna

del mar y el querer.

 

Me olvidé,

de la suave brisa

del amanecer.

 

De la fuerza y la risa

de la rabia y el bien,

de la magia y la vida

me olvidé también.

 

Me olvidé en fin de todo

se me nublo el ser,

más ni eso recuerdo

se me olvidó también.

 

Me olvidé de quien era

de mi forma, mi ser,

de mis penas y glorias,

a mi padre olvidé.

 

Me olvidé de mi casa

a mi tierra olvidé, 

a mi gente, a mi amigo,

a mi patria también.

 

Me olvidé de la vida

del dolor de la fe,

me olvidé del dinero

me olvidé de temer.

 

Me olvidé de la muerte

de su sacro poder,

de mi miedo hacia ella,

a dormir sin volver.

 

Más olvidar no consigo,

a una bella mujer

olvidar no consigo 

ni sus manos, ni pies.

 

Ni su cara olvido

ni su olor a mujer,

ni sus labios fugaces

ni su lengua de miel,

que tan ondo me quema

que me tienta a caer,

en el negro averno

por lujuria del ser.

 

Olvidar no consigo

esos ojos mujer,

ese pelo tan suave

al caer en mi piel.

 

Esa espalda tan tersa

que tanto acaricié,

ni tus gélidas manos

aferrando mi piel.

 

Olvidar no he podido

esa belleza que,

en tus pechos pervive

con firmeza y poder.

 

Olvidar no podría

tu sección de mujer,

ni su olor, ni su tacto

ni el placer dentro del.

 

Que me lleve la muerte

¡si me acuerdo que es!

que atraviese la Estigia

y me borre el saber,

más olvidarte un segundo,

eso nunca mujer.

 

Que me arrastre el averno

vaya al cielo también

que ni Dios ni el Demonio

me podrán convencer,

de olvidar lo que he hecho,

en tu lecho mujer.

 

La pasión desbordada

de mi interior a tu ser, 

de tus besos y gritos

del placer del querer.

 

Que me maten el alma

si se atreven también,

que si Dios la ha creado

Él la puede romper.

 

Ni siquiera con eso

me podrán detener,

que el recuerdo está fresco

no se puede perder.

 

Que aunque maten mi mente,

mi cuerpo, mi alma, mi ser,

seguirá vivo el recuerdo

y yo mismo con él.

 

Que olvidado está todo

menos la bella mujer

pues llegado a este punto,

de olvidar, me olvidé.


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