UN ASCENSOR HACIA EL CIELO. PRIMERA PARTE

Por Ada Suay
Enviado el 20/05/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Espero nerviosa, a la vez que excitada en el bar del hotel dónde hemos quedado. Me estoy tomando una copa de vino blanco, para calmar mi ansiedad.

El ambiente es agradable, la música de fondo es sólo instrumental, rítmica y relajante. No hay mucha gente, en la barra a mi derecha hay un caballero de edad avanzada tomando una copa de brandy, se apoya en el taburete sin sentarse del todo, no quiere acomodarse del todo, quizás está haciendo tiempo. A mi izquierda hay dos mujeres, una más joven, acompañadas por un hombre, me da la sensación de que son un matrimonio y su hija.

Al fondo del bar hay una pareja sentada en un sofá con dos copas. Por sus actos íntimos denotan que están juntos, sus miradas y caricias mutuas exhalan sensualidad. Me dan un poco de envidia. Pero enseguida vuelvo a concentrarme en el trago delicioso y afrutado del vino que estoy bebiendo.

Visto sencilla, tan sólo llevo un vestido de licra de color negro con corte oriental. Tan ajustado que podrías contar mis costillas. Mis zapatos son clásicos de salón. Me siento sexy y vulnerable, pienso que los demás hombres me miran y saben que no llevo ropa interior ¿qué podría pensar él de mi?, ¿qué soy una mujer vulgar?.

Mis pensamientos van por otros derroteros, no puede importarme lo que piense, no quiero tener una relación de amor, sólo quiero sexo. Tengo esa necesidad física y necesito desahogarme. Puedo ser yo misma, cumplir todas mis fantasías, él tan sólo es una muesca más en mí revolver, otro hombre más del que pienso sacar satisfacción sexual y nada más.

¿O quizás no?, quizás quiera tener una relación de amor, saber lo que se puede sentir cuando eres amada.

Como una partícula en el universo, así es como me siento a su lado. Pero a la vez inmensa, infinita, especial, él me hace sentir así. Y eso que sólo le he visto una vez, cuando nos presentaron e intercambiamos nuestros número de teléfono durante una conversación eterna que terminó cuando mis amigas decidieron que nos marchábamos de aquel garito.

Aunque a lo mejor, él sólo quiere sexo ¿o no?, ¡qué más da!, ahora no puedo permitirme amar a nadie. ¿O sí?

 Llevo tanto tiempo sola que no recuerdo como se quiere a alguien. Hace años mi corazón se rompió y no he podido recomponer todas las piezas. Sigue herido, sigo con miedos, sigo fría.

Su entrada hace que pare mi noria mental. Apenas respiro y si lo hago no soy consciente de ello.

Es tan guapo…., tan seguro de sí mismo, tan sexy, tan….masculino. Tengo que reconocer que me pone a cien.

Su tez morena, su pelo plateado, sus ojos oscuros e inteligentes que parecen escrutarme en segundos.

A pesar de mis tacones tengo que dirigir mi mirada hacia arriba si quiero encontrarme con sus ojos.

Mientras se va acercando me sonríe y Diosssss, me desarma, nunca imaginé desear tanto una boca, con unos labios tan jugosos que te dan ganas de morder y unos dientes tan perfectamente alineados y blancos que no podría menos que retratarlo en un anuncio para dentífrico.

Extiende su brazo y lo apoya en mi cintura, como queriendo acariciarla, después me da dos besos. Su cercanía es muy efímera, casi tímida, pero tengo tiempo de inhalar su esencia, su olor y entonces me pierdo en un mar de deseos…, oigo que habla pero no puedo escucharle, mi mente está ya en otra parte. Tiene una voz masculina, grave, pero muy agradable, parece serio, pero el tono es sensual.

Entonces me percato de su silencio y le miro, está expectante, quizás me haya preguntado algo y no sé qué decirle.

Improviso y le pido que no hablemos. Su cara denota incertidumbre, supongo que no está acostumbrado a que una mujer le mande. Hago ademán de pagar mi copa, pero él me detiene y la paga. Estamos distantes, fríos y a la vez excitados, mientras el camarero trae las vueltas.

Le cojo de la mano y le señalo con mi mirada el ascensor. Él no dice nada, tan sólo sonríe seductoramente y me sigue. No sabe a dónde vamos, nos habíamos citado para tomar algo, pero yo no quiero conocer su vida, tan sólo deseo tenerlo dentro de mí.

Marco el piso siete y las puertas del ascensor se cierran, entonces es cuando se abre mi mundo. Me aproximo a su cuerpo rodeándole con los brazos su cintura, tengo que ponerme de puntillas para alcanzar sus labios. Y le beso, noto la misma sensación que había soñado, son suaves y tiernos, pero todavía no quiero sacar el animal que lleva dentro, no quiero que se asuste. Me retiro un poco para dejarle espacio y ver su reacción. Aunque no me hace falta, su respiración agitada le ha delatado, le gusto, y mucho.

El ascensor sigue subiendo pero no lo noto, parece que el tiempo se ha detenido y sólo existimos él y yo en este mundo.

Sin apenas conocernos, sin saber siquiera a qué nos dedicamos, o si tenemos alguien que nos espera en casa.

Nos fundimos en un beso apasionado, jugando con nuestras lenguas. Con una mano acaricio su cuello, su pelo, su nuca…., con la otra me apoyo en su pecho, él hace lo propio tocando suavemente mi cintura y mis caderas, sin llegar a mi trasero. Noto por cómo me está tratando que es un caballero, pero no quiero un caballero ahora mismo, quiero un semental, quiero sacar su instinto animal y hacer sexo salvaje. Él me provoca y despierta en mí a la zorra que llevo dentro.

Sus manos acarician una y otra vez buscando mi inexistente ropa interior, no nota nada y decide lanzarse a buscarla más a fondo. Para ello comienza a acariciarme la parte interna del muslo, levantando un poco mi vestido, hasta llegar a mi sexo, que ya está húmedo y caliente. Se retira del beso y me mira a los ojos, esperando una respuesta a una pregunta que no hace y que yo tampoco contesto, tan sólo le aliento a que siga tocando ahí.

Su respiración es más rápida ahora, que sabe que tan sólo le separan de sus manos urgentes por mi piel un vestido, así que decide quitarlo. A tientas busca la cremallera de mi espalda y la baja, dejando caer el vestido al suelo, a la vez que contempla mi cuerpo totalmente desnudo.

Vuelve a sonreír, ahora más placenteramente.

Quiere ponerse a mi nivel y comienza quitándose la chaqueta, desabrochando su camisa y abriendo la cremallera de su pantalón. Lo hace apresuradamente y apremiado por lo que le espera.

Yo no me muevo, admiro su cuerpo mientras se va desnudando.

No es un hombre de gimnasio, pero todo lo tiene muy bien puesto, es delgado, pero con buen cuerpo. No tiene mucho vello y aprecio con mis manos la suavidad de su piel.

Volvemos a besarnos, está vez con avidez, con hambre mutua, con ganas de devorarnos. Su boca baja en un reguero de besos hacia mis pechos, donde se entretiene mordiendo y lamiendo mis pezones. Los roza con las palmas de sus manos haciéndome que me estremezca.

CONTINÚA.....


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