UN ASCENSOR HACIA EL CIELO. SEGUNDA PARTE

Por Ada Suay
Enviado el 20/05/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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CONTINÚA....

Su miembro está totalmente erecto y despierta en mí las ganas de lamerlo. Me coloco de rodillas y se lo sujeto con ambas manos, elevo la mirada y veo su cara de satisfacción. Mi lengua hace el recorrido desde la base a la punta, suavemente y me lo introduzco entero en la boca. Se le escapa un gruñido de placer que me anima a continuar con mi faena. Mis labios lo rodean y mi lengua juega internamente a acariciarlo. Desplazo mi mano a sus testículos, apretándolos suavemente, lo hago casi con miedo por si no le gusta, pero no recibo ninguna queja.

Siento sus dedos enredados en mi pelo, sujetando mi cabeza de manera que no me separe, me instiga con un poco de fuerza a que meta entera su verga, y eso hago, lo hundo en mi garganta hasta el fondo, me ayudo con la lengua para masajearlo.

Sigo concentrada en su disfrute, pero presiento que va a durar poco más, ahora escucho sus suspiros profundos, sus movimientos más forzados y rápidos, va a llegar a su clímax.

Con un leve toque en mi barbilla me indica que va a correrse, pero mis ojos le responden que lo quiero todo, que no se reprima. Entonces siento sus sacudidas internas que son el preludio de la llegada del semen y sigo chupándosela hasta sacarle la última gota. Me lo trago todo.

Queda desfondado durante un instante, pero en seguida reacciona, se apoya por unos segundos en la pared del ascensor y me insta a que me levante, me da la vuelta y suavemente me empuja contra la esquina hasta apoyarme en ella, quedando de espaldas a él.

Comienza desde la nuca a darme pequeños mordiscos mezclados con lametazos. Eso, junto con las caricias de sus manos, me está volviendo loca. Voy a sacar mi yo privado, la mujer que poco conozco, desinhibida y salvaje, la que se atreve a experimentar todo. Hoy lo quiero todo, quiero que me haga suya.

Su lengua juguetona llega hasta mi trasero, chupando lugares dónde nadie había estado antes. Provoca en mí una excitación enorme. Con una mano busca mi clítoris y comienza a acariciarlo suavemente con movimientos circulares.

Noto la sangre de mi cuerpo ir muy deprisa, mis latidos de corazón son taquicárdicos, pero no quiero pararle, quiero hacerle ver que me está gustando. No puedo hablar pero emito gemidos que le indican que va bien.

Su saliva rodea mi culito e introduce un dedo despacio, como a cámara lenta, en ese momento siento dolor, pero es un dolor placer, no quiero que pare, quiero darle lo que exige.

Confiado, introduce otro dedo más, preparándome para recibir su miembro, que es lo que más deseo ahora.

Me rodea por la cintura y me dobla para quedarme en una posición perruna, no entiendo como ha ocurrido pero su pene vuelve a estar duro y listo para penetrarme. Y lo hace, despacio, suave, casi con ternura, con delicadeza para evitarme el dolor.

 

Con una mano me rodea el pelo en una cola de caballo y con la otra me sujeta la cadera, parece un buen jinete montando a una potranca muy ardiente. Mi clítoris arde y exige que lo roce y me apremio a hacerlo, sintiendo más placer si se puede.

Sus movimientos ya no son delicados, son duros y poderosos. Comienzo a sentir la rigidez de su cuerpo sabiendo que llega su orgasmo y eso me excita aun más haciendo que se adelante el mío. Mi éxtasis llega un poco antes que el suyo y espero paciente a que se corra dentro de mí.

Me incorporo y él me sigue sin salir de mí y poniendo todo el peso de su cuerpo sobre el mío. Noto su flacidez en mi interior y se retira quedando de cara a mi lado. Quedamos pegados hombro con hombro, giro mi cara hacía él y le veo guardando su verga en el pantalón. Su respiración profunda y rítmica indica su recuperación. Comienza a abrocharse los botones de la camisa y recoge del suelo la chaqueta y se la pone.

Sigo en la misma posición, contra la pared, cierro los ojos, me concentro en el aire que entra en mis pulmones acelerados, trato de equilibrar mi mente y mi cuerpo.

Pasan siglos, aunque sé que apenas son segundos, se detiene el tiempo, todo se para.

De nuevo siento su mano acariciando tímidamente mi espalda con suavidad bajando hasta mis nalgas, como si fuera la primera vez que me toca. Sus dedos buscan mi vagina y se introducen fácilmente sin encontrar barreras, estoy tan mojada que mi esencia gotea resbalando por la cara interior de mis muslos.

Con la otra mano rodea mi cuerpo buscando mi clítoris, sale de mí y vuelve a entrar esta vez con su miembro, que parece mucho más grande y consigue que dé un respingo. Comienza a bombear con fuerza, bruscamente, pero sigue dándome placer, voy a tardar en correrme esta vez, espero que aguante.

Mi cabeza golpea rítmicamente contra la pared, no me duele, estoy más concentrada en cómo me está embistiendo.

Su mano sigue pegada a mi botón del amor, ahora comienza a palmearlo cómo dándole bofetadas, eso acelera mi orgasmo, voy a llegar. Su ritmo se acelera, me folla muy duramente, sin consideración, sin piedad. Mueve mi cuerpo de marioneta a su antojo, satisfaciéndose cómo si no me conociera, me siento usada, castigada por sus palmeos a mi clítoris y exploto. Estallo y cada célula de mi cuerpo recibe una descarga de placer, los espasmos de mi vagina le provocan su estasis y saca su pene de mis entrañas rápido. Lo siguiente que siento es un líquido caliente recorriendo mi culo.

Se apoya en mí y oigo su voz agradeciéndome ese polvo. Me giro bruscamente porque su voz no es la misma. Sorprendida recorro su cara y me doy cuenta que el hombre que hay frente a mí, no es la misma persona con la que cogí el ascensor. No parece preocuparse por mi sorpresa y simplemente se viste y pulsa el botón de apertura de puertas. Me repasa con la mirada, relamiéndose cómo lo haría un gatito después de un platito de leche y sale sin decir nada más.

Intento recuperarme mientras las puertas se cierran. Acaban de follarme dos tíos distintos y yo ni me he dado cuenta. Realmente me siento usada, pero satisfecha, o no…

Me visto con premura y me recompongo después de pulsar el dichoso botón para bajar al vestíbulo.

Se abren las puertas y veo la cara bien cincelada de un Dios griego, acompañado de un cuerpo digno de entretenimiento. Mi mente lo saborea…

Nuestras miradas se encuentran, salta la chispa. ¿Subes?, pregunta él. Y escucho una afirmación que sale de mi boca. ¿Qué me ocurre?, mi animal está desatado, descontrolado. Quiero más… y lo voy a tener. Creo haber muerto y estar en el cielo.


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