Tardes y sábados.

Por Roxanne
Enviado el 18/11/2012, clasificado en Amor / Románticos
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Hablamos acerca de la edad ideal para tener hijos. Él recordaba mis preferencias.

- Ya no a los treinta – Le dije –. Creo que el tiempo pasa muy rápido, a los treinta y tres estaría bien – argüí. Él esbozó una sonrisa que fue sólo para mí. No pude determinar cuánto tiempo la tuvo en su rostro, me dio terror saberlo, porque cada vez la brecha entre nosotros se intensifica y ambos lo notamos pero no decimos nada. Yo prefiero justificar que somos una buena pareja porque tenemos buen sexo, nada más. Pero hoy comprobé lo que significa tener sexo sin amor, y sentí un sentimiento de vacío cuando él terminó en mi boca, como si de pronto me estuviera tragando toda su melancolía y sus grietas emocionales que no le dejan crecer, que no le dejan estar conmigo ni tener los hijos que alguna vez soñé tener con él.

- No tengo que cargar con esto – pensé.  Es demasiado para mí. Tengo veintiséis años y el tiempo pasa tan rápido que a veces me siento en una maratón corriendo por nada. Dejé que introdujera su pene erecto hasta el fondo, porque a veces me siento tan vacía que necesito sentir algo dentro de mí que me corrobore la existencia. Lo hicimos menos veces que antes, pero en forma salvaje y multiorgásmica, como si nos hubieran tenido amarrados a los dos. Todavía me pregunto por qué él tiene sexo conmigo. Se lo he preguntado de mil maneras y sus respuestas son siempre las mismas: “porque me gusta el sexo contigo” – me dice. Yo intento buscar más respuestas, esa no me satisface. Él es atractivo, inteligente, tiene un buen trabajo, podría tener el sexo que quisiera y la puta más fina, pero siempre termina eligiéndome a mí, siempre, bajo condiciones totalmente extrañas y maquiavélicas. Debería parar con todo esto. Cuando me armo de valor y llego hasta su puerta, me abalanzo a sus brazos en forma desesperada. En ese momento me dan ganas de abandonarlo, de despedirme de su cuerpo para siempre y marcharme. Sé que es lo que terminaré haciendo, tarde o temprano él entenderá que no puede seguir controlándome. Tarde o temprano encontraré la razón de por qué soy la única en su cama, y para ese entonces estaré tocando otro cuerpo, besando otros labios y soñando otros sueños.


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