Perdí

Por Veintiocho
Enviado el 21/05/2014, clasificado en Reflexiones
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No pensé que llegaría a esto, nunca temí por mi vida, al fin y al cabo era joven y estaba sano.

La primera vez no tenía más intención que probar por curiosidad. Son de esas cosas que oyes durante tanto tiempo... la gente cuenta sus experiencias, todas buenas, no conocía a nadie con una mala "historia". ¿Por qué no probar una sóla vez y ser protagonista de esas anécdotas que salen a la luz en reuniones entre colegas? Porque no hay una última vez, y si la hay será demasiado tarde.

Fue un sábado por la noche, no tengo demasiados detalles porque con el tiempo fuí perdiendo todos los recuerdos buenos y malos, pero tengo claro que fué el día en que todo se empezó a torcer. 

La segunda vez todo fué más fácil. Estaba seguro de que no podría pasarme nada porque tenía mi propia experiencia anterior y una serie de condiciones me animaban a hacerlo una vez más. Un día de esos que te levantas con mal pie, que todo sale mal y los ánimos están por debajo del umbral de la felicidad. Desde ese día esa fue mi rutina, todos eran días de mierda y aquello no iba a mejorar. Caía en picado sin ninguna protección y sin nada que amortiguara el golpe contra lo más hondo.

Sin darme cuenta el top 10 de mis prioridades fue cambiando, lo que antes me podía dejar una noche sin dormir, entonces pasaba por mi cabeza sin pena ni gloria. Podría decir que todas mis prioridades se concentraron en una sóla.

A medida que pasaba el tiempo la gente que siempre había estado en mi círculo fue desapareciendo, supongo que sería debido al aspecto demacrado que fuí adquiriendo, y que al mismo tiempo también me hizo perder mi trabajo, junto con otras causas determinantes.

No me quedaba nadie y no me quedaba nada, y seguía cayendo sin tener una mano amiga que me sujetara para poder ascender de nuevo hasta la zona segura.

No era capaz de ver lo que los demás veían en mí y llegué a pensar que el mundo estaba en mi contra, pero no me importaba, en el fondo tenía todo lo que necesitaba.

No había mañanas, tardes ni noches. No había lunes ni domingos, sólo era "tiempo" que iba acabando conmigo, con mi vida.

El día que desperté de este viaje y empecé a comprender lo que estaba pasando fué un día especialmente malo. Llevaba semanas con el cuerpo agarrotado, sin dormir y sin apenas comer. Ese día... "me pasé". Y no hubo vuelta atrás. Mientras caminaba con paso lento hacia el lugar donde por fin descansaría, conseguí girar la cabeza atrás y ver desde fuera lo que el resto de mi gente había estado viendo durante todo el tiempo. Todo fué muy rápido, pero al fin lo comprendí. Aunque ya era demasiado tarde.

Me llamaban Suco. Lo tuve todo y lo perdí. La cagué. Y ya no había vuelta atrás.


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