¿Amor versus Pasión?

Por nsk
Enviado el 07/06/2014, clasificado en Reflexiones
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  No debo mentir. Tengo que confesar que cuando lo conocí lo único que quería era sexo.


  Supongo que todo el mundo pasa por ciertas etapas. Algunas son tristes. En otras solo sientes rabia. También estan esas en las que te sientes en armonía con todo. Hay muchos tipos de etapas. Cuando lo conocí yo estaba en la etapa de libertad extrema. Desenfreno a tope.


  Consulté con un amigo que necesitaba tener relaciones pero únicamente de placer. Necesitaba conocer a gente que estuviera en la misma etapa que yo para evitar hacer cualquier daño innecesario. Necesitaba conocer a un golfo. Y mi amigo, muy comprensivo, me ayudo a conocerlo. Me dio su teléfono y también habló con él sobre mí para asegurarse de que él estaba dispuesto. Me sorprendió que me buscara por facebook y que le gustara. Comencé el tanteo. Concerté una cita para cerciorarme que sexualmente me ponía.


  Nos vimos en una cafetería. Su aspecto era bastante desaliñado pero tenía (y tiene) muchísimo morbo. Me invito a su casa. Fuí. Ese día no pretendía acostarme con él. Creo que para que de una relación sexual se obtenga más placer es necesario aumentar el deseo. Prueben. Notarán la diferencia.


  Me sorprendió con un beso. Sin decir una sola palabra. Lo único que me dijo fue que por qué cerraba los ojos. Le contesté que por comodidad. Me extraño mucho su pregunta asi que, en ese mismo instante, decidí abrir los ojos para ver lo que a él le emocionaba. Probé. El beso empezó a ser más intenso. Me agarró por las caderas y me puso sobre él. Tuve la oportunidad de tantearle fisicamente y sorprenderme al tocar su cuerpo. ¡Qué cuerpazo! Me retire inmediatamente y me excuse con un "lo siento". Tuve que mentir. Dije: "Hoy tengo muchas cosas que hacer. No tenía planeado esto". Salí corriendo y, por supuesto, a contárselo a mi mejor amiga.


  Pasaron un par de días. No podía dejar de pensar en el momento que abrí los ojos y le ví mirandome con las pupilas completamente dilatas. Fue muy excitante. Todavía siento un hormigueo por el cuerpo cuando lo recuerdo.


  En los días posteriores whatsappeábamos. A veces entre risas y mis preferidos, los subiditos de tono. Ideas para el dormitorio, para el salón, para la ducha,.... Muchas ideas. Me encantan las ideas. Todo esto alimentaba todavía más el deseo. Volvimos a quedar. Pasamos del café a unos cortos de cerveza. Ese día algo había cambiado ya. Fue un cambio pequeño pero se hizo notar. No pude parar de mirarle a los ojos. Incluso creo que él me podía leer el pensamiento. Evidentemente, mi pensamiento era: "Sácame de aquí. Besame. Arráncame la ropa y, por favor, no dejes de mirarme de esa forma". Asi fue excepto por lo de la ropa. En el momento lo piensas pero si aplicas la lógica te das cuenta que es un gran error porque cuando termine el arrebato pasional, ¿qué haces? ¿ir por la calle con la ropa rota como si fueras un mendigo? No tiene mucho sentido.


  De nuevo en su casa fuimos poco a poco haciendo realidad algunas de las ideas que habíamos compartido por whatsapp. Sin ninguna duda, la mejor fue la de la ducha. En mi vida me había sentido tan libre y, lo que más llamo mi atención, muy deseada. Fue perfecto. Una gran noche. Después del sexo fumamos un cigarro y, como es normal, comenzamos a reflexionar sobre diferentes cosas de la vida.


  No me gusta hablar con "hombres de una noche" sobre relaciones anteriores pero en esta ocasión fue muy diferente. Cuando me habló sobre una pareja que había tenido y sobre el querer y el amor noté que, en algún punto de esa relación, no se sintió querido. Se lo pregunté y no me contestó. La noche había sido maravillosa y estaba genial por lo que me sentí en deuda con él. Me comprometí a que se sintiera querido.


  Quedamos muchas más veces durante un par de meses. El sexo era increíble. En todo momento, con pequeños detalles intentaba hacerle sentir querido además de deseado. Lo segundo no era complicado ya que realmente lo deseaba. Pero lo primero se me hacía mucho más difícil. Lo quería y lo quiero pero a mi manera. Creo que él se daba cuenta o, por lo menos, espero que fuera asi.


  Llegaron las navidades. Odio las fiestas y, sobre todo, los adornos dorados y rojos. Él tuvo que ir con su familia durante aproximadamente quince días. Lo típico en esas fiestas. Fue en ese momento cuando noté otros cambios mucho mayores. Le eché muchísimo de menos. Tuve un dilema: ¿La razón de echarle de menos era por el sexo o porque realmente lo quiero? Tenía que averiguarlo asi que salí de fiesta con mis amigos.


  Otra vez cerveza y buena música. El ambiente perfecto para experimentar con sentimientos. Sere breve porque no medí el alcance del daño que estaba haciendo y todavía estoy arrepentida. Me lié con un amigo que, curiosamente, también era amigo de él. En primer lugar, pude comprobar que algo más sentía ya que no me quede completamente satisfecha. Esto me obligó a repetirlo varias veces ya que el alcohol y el sexo es mejor no mezclarlo. Después de varias veces pude asegurar que algo diferente sentía.


  Por otra parte, comprendí que no se debe utilizar asi a las personas. A mi amigo le hice mucho daño. Es mejor también no mezclar sexo y sentimientos.


  Cuando él regresó de las vacaciones volvimos a quedar. No me atreví a decirle que le eche de menos. Por supuesto, él se entero de mi aventura. Yo se lo confirmé. Como desde el principio habíamos dejado claro en que consistía nuestra relación no hubo ningún problema excepto en el sexo. Algo cambio. No me miraba como al principio. Quizás era yo y el sentimiento de culpabilidad.


  Faltaban pocos días para irme. Sabía que tardaría en volver a verlo. Es más, aun no sé si lo volveré a ver. Intenté decirle que lo sentía. Ojalá no hubiera sido tan manipuladora y tan cobarde. Fue tan poco tiempo que me cuesta mucho entender lo que me ocurrio con él. Después de tanto tiempo convenciéndome a mi misma de que el amor no es más que una necesidad natural humana (sexo) ligada a una relación de dependencia de la que se puede prescindir tuve que aparentar que había sido algo bonito mientras duro y punto. ¡Maldito orgullo!


  Ha pasado algo de tiempo. Sigo whatsappeando con él. Sigo siendo igual de cobarde. Sólo comentamos lo buenas que eran nuestras relaciones sexuales. 


  Cuando logro relajarme pienso en que es lo mejor que ha podido ocurrir. Esas sensaciones que tengo a veces no son más que la dependencia que siempre he rechazado. Esto no puede ser amor porque si es así, es una puta mierda. Creo que nunca podré entender por qué la gente prefiere el amor a la pasión e, insisto, que es mejor y más fácil la segunda.


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