Feliz cumpleaños, ya eres legal

Por iamalie
Enviado el 18/06/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Cuando tenía 17 años, conocí a una linda chica de mi ciudad, dos años mayor que yo, llamémosle Eli.

A pesar de tener novio, disfrutaba mucho pasar tiempo chateando con Eli, compartiendo fantasías y planeando la primera vez que tendría sexo con Alex, mi novio. Así fue como quedamos para conocernos en persona y Eli venía a mi casa.

Al principio solo hablábamos de cómo eran las cosas con Alex, cómo me besaba y tocaba, también cómo respondía yo a sus besos y caricias; en algún momento, pasamos de la teoría a la práctica, de hecho, fue Eli quien me enseñó a besar, usando correctamente la lengua, sin ser demasiado agresiva o aburridamente pasiva.

Eli me besaba y acariciaba, pero siempre sobre la ropa:

- Todavía no eres legal - decía sonriente y añadía - espera a que cumplas 18 años y haré mucho más que solo acariciarte

Mi noviazgo con Alex era genial, porque había romance y algo de placer, pero yo ansiaba tener sexo con él y no sé si él también esperaba a que "fuera legal"; sin embargo, los chats calientes y las sesiones teórico/prácticas con Eli me ayudaban a no perder la calma.

Para mi cumpleaños número 18, mi mamá preparó algo sencillo: carnes frías, pastel, refrescos y la presencia de unos cuantos amigos, incluyendo, por supuesto, a Eli y Alex. Bailamos, comimos, reímos y disfrutamos durante un par de horas; después todos se fueron, menos Eli, quien se quedó para ayudar con el desorden que queda siempre después de una fiesta, por pequeña que sea.

Cuando por fin terminamos, mamá le dijo a Eli que se quedara a dormir en casa, pues ya era tarde y en mi cuarto había suficiente espacio para ambas; Eli aceptó, así que fuimos juntas a cepillarnos los dientes y después a mi cuarto.

No acababa de cerrar la puerta y ya Eli estaba pegada a mí, besándome en la mejilla y susurrando:

- Ya eres legal, Ame, hoy ya puedo enseñarte más cositas

Yo estaba nerviosa y, a la vez, excitada, había esperado tanto este momento, deseaba tanto tener sexo, que no me importaba si era con Alex, con Eli o con quien estuviera a la mano.

Eli ya besaba mi boca y su mano izquierda bajó por mi cuello, desabotonando mi blusa y deteniéndose en el pecho, entre mis dos senos, mientras su mano derecha se dirigía hacía abajo, llegando hasta mi pierna y buscando levantar la falda para estar en contacto directo con mi piel.

Con gran habilidad me despojó de la blusa y el sostén, la mano izquierda seguía recorriendo mi torso, pero sin tocar los senos, subía y bajaba, se movía de izquierda a derecha, como delineando las curvas de mi pecho; nuestras lenguas parecían bailar un vals, lento, suave, acompasado y su mano derecha se acercaba a mi trasero, tocándome solo con las yemas de los dedos, como si se tratara de los pétalos de una flor muy delicada.

En este punto, la sangre me había subido a la cabeza, mi respiración ya era un tanto agitada y comenzaba a sentir cómo se humedecía mi entrepierna; Eli, seguía recorriéndome, sin llegar a tocar mis senos, yo no podía más, tomé su mano izquierda y suavemente la posé en mi pecho, casi rogándole con la mirada que no dejara un palmo de mi cuerpo sin acariciar.

Su mano parecía haber sido hecha específicamente para cubrir mi seno - Mmmm, qué rico - susurró - eres de mi talla

Se detuvo unos instantes para contemplar la forma en que su mano se adaptaba perfectamente a mí, abría los dedos y luego los volvía a cerrar para aprisionar el pezón que poco a poco se erguía gracias a la estimulación recibida; repitió la misma operación varias veces, primero en una y luego en la otra teta; su mano derecha seguía tocando delicadamente mi trasero, provocándome oleadas de placer que se incrementaban con cada nueva caricia.

Yo intentaba ahogar mis jadeos y gemidos, no podíamos hacer mucho ruido para no despertar a mis papás; Eli colocó ambas manos en mi trasero, una en cada nalga y sus caricias seguían siendo suaves, tiernas, pero extremadamente excitantes.

Acercó su boca a mi pecho y, sacando la lengua, comenzó a dibujar círculos en un pezón, lo lamía y luego lo chupaba, pasando después al otro y regresando otra vez al primero, repitiendo esta deliciosa operación que me dejaba sin aliento.

No estoy segura en qué momento bajó mi falda y panty, tampoco me di cuenta cuando ella misma se desnudó o si yo le ayudé con esa tarea, simplemente me arrastró hacia la cama, me tumbó y ella quedó sobre mí, sin dejar de mamar mis tetas o acariciar mi ardiente trasero.

Eli comenzó a recorrer con un dedo mis labios vaginales, de arriba a abajo, separándolos en cada movimiento y haciendo pequeñas pausas para estimular mi clítoris; lentamente su boca pasó recorrió el camino del pecho hasta el ombligo y de ahí a la gloria.

Tuve que apretar fuerte los dientes para no gritar cuando su lengua por fin tocó mi vulva, lamiendo el clítoris y metiendo, primero un dedo, luego dos en mi vagina, con movimientos rítmicos que de a poco fueron aumentando velocidad.

Sentía que mi cabeza explotaría, cada penetración de sus dedos y lengüetazos en mi clítoris hacía vibrar mi vientre y, de pronto, me inundó un mar de pasión, un oleaje bravo que me hacía subir al cielo y hundirme en el infierno en milésimas de segundo, sudando por cada poro de mi piel y gozando al máximo con mi bella maestra.

Sin avisar y sin más preámbulo, llegó el clímax, mi primer gran orgasmo, el primero que no fue por autosatisfacción, el mejor hasta ese momento.

Quedé rendida, temblando y sin aliento. Eli se dio cuenta que todo había terminado, subió lamiendo mi vientre, luego el pecho, llegando al cuello y, finalmente, quedamos cara a cara.

- Feliz cumpleaños hermosa - dijo esbozando una gran sonrisa y añadió - espero que te haya gustado tu regalo.

No sé exactamente lo que contesté, solo recuerdo que nos fundimos en un tierno y largo beso y después, como si estuviera en una cama confeccionada con nubes, me quedé profundamente dormida, satisfecha y sin remordimientos, no por el sexo y tampoco porque mi primera vez haya sido con una mujer; tal vez mi experiencia en los chats me hizo liberarme de prejuicios y saber aprovechar al máximo lo poco o mucho que se tiene.


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