Garrapatas En La Acera 1: La Noche De Las Bestias (5ª Parte/ Final)

Por Carolina Romasanta
Enviado el 18/06/2014, clasificado en Intriga / suspense
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GARRAPATAS EN LA ACERA 1: La Noche De Las Bestias

5ª Parte: Hard Road (leer antes 1ª, 2ª, 3ª y 4ª parte)

Se esfumó el cigarro. Tiró la colilla, y volvió a mirar el teléfono

tres barras

Éxito. Al final, iban a tener suerte y todo. Incluso podía acabar bien la noche. Envió un mensaje y en él incluyó la ubicación, “venid a buscarnos y traed cables para auxiliar”. El pueblo más cercano estaba a un kilómetro, si la Guardia Civil había dejado de buscarles podían llegar caminando y que los recogieran allí, y del bicho… del bicho se ocuparían luego, que descansase un rato en el maletero. Quedaban 2 horas para el amanecer.

Mensaje: “esta bien”

Había que avisar al resto.

Los buscó con la mirada e intentó llamarles. Silencio absoluto. Llevaba al menos 10 minutos divagando y no se había dado cuenta de que desde que se levantó el Maqui, él había estado solo.

-¿Maqui?- llamó de nuevo. Sin respuesta

Dio unos pasos en la penumbra alumbrando con la linterna del móvil. Teresa seguía acostada, se dispuso a levantarla y unos pasos se le acercaron por detrás. Se volteó.

El Demonio, eso es lo que era, todos los músculos del rostro contraídos en una sonrisa imposible sujetando un trozo de carne entre los dientes. Con la sangre escurriéndosele por la barba, bañando su larga melena y resbalándole por el torso desnudo. Sus ojos hinchados ya no miraban al frente, miraban arriba, al cielo, a dentro, a los confines más remotos de la mente, a las grutas más oscuras del subconsciente, a las mismísimas llamas del averno. Un ser sin razón ya, un depredador iracundo e impulsivo ocupando el puesto dejado por lo que antes podría haber sido un humano pensante.

– ¡Lando por favor tranquilízate! soy yo, tu amigo… quiero ayudarte.

Abrió la boca para dejar caer la carne. Con un gruñido blandió el cuchillo y se arrojó al frente.

Parecía una mañana más de primavera, un cielo azul despejado y el canto de un jilguero le dieron los buenos días. El sol lo encontró esta vez tumbado sobre la hierba, en medio de un prado. Pinchazos agudos en la espalda, martillazos en la cabeza… parecía una mañana más de primavera salvo por que estaba medio desnudo y la boca le sabía a sangre. Entonces volvió a él la noche, el apartamento, la persecución, el Maqui… ¿dónde estaba? En el claro, ¿Y el resto? Se volteó y encontró el cuerpo de Manu con un tajo el abierto en mitad del torso, desde la garganta hasta la pelvis. Y sus vísceras desparramadas por el suelo, secándose al sol matutino mientras un par de pájaros picoteaban aquí y allá, posándose en él sin reparo. Un poco más a la izquierda estaba el de Teresa, boca arriba con un enorme boquete en el cuello, como si un lobo le hubiera arrancado el trozo que faltaba de un mordisco.

Aquello comenzaba a cobrar sentido de una forma espantosa, estando al borde del colapso se acercó tambaleándose al coche y buscó con la mirada entre los asientos. Las lágrimas brotaron, un alarido se atascó en su garganta y se llevó las manos a la frente.

– ¡El paquete! ¡¿Dónde está el puto paquete?!

Tres disparos atravesaron la ventanilla. Le impactaron en el hombro izquierdo, la clavícula y el pecho. Sus huesos, sus gritos y sus miedos se hicieron añicos mientras se desplomaba.

Ahora estaba en paz.

Guardó la pistola en la funda y recogió los cartuchos del suelo. Otro hombre se le acercó por detrás y se colocó junto a él, mirando al cuerpo que acababa de agujerear.

– ¿Has encontrado la caja?

–Sí, aquí la tengo. Falta una ampolla pero está perfectamente.

–Está bien. Venga, vámonos.

Se acercaron al coche. Un Ford todoterreno, verde oscuro, con las puertas y el capó pintados de blanco y el detalle de la sirena y las luces. Casi parecía de la Guardia Civil. El de la pistola, mucho más alto y fornido se sentó en el puesto del conductor, su compañero guardó el paquete en la guantera y se acomodó a su lado.

–Ya verás lo que nos pagan de esta vez.

–Más vale, con lo que nos arriesgamos…

–Pero merece la pena, hay muchos tipos interesados en esto. Prepárate ¡vamos a pegarnos unas buenas vacaciones!

Soltó una risa. Su acompañante en cambio, no tenía ganas de reír, aún quedaba un largo trayecto. Se colocó unos auriculares, inclinó el asiento, cerró los ojos y le dio al play:

Ridin’ down the highway

Goin’ to a show

Stoppin’ on the byway

Playin’ rock ‘n’ roll

Avanzaban por la pista sin esfuerzo, levantando nubes de polvo y piedras a su paso. Allá iban, les quedaba un largo camino por delante. Su ruta era siempre hacia la fortuna y la incertidumbre, ¿qué les depararía la noche siguiente? Quién sabe… era un viaje duro, sin ningún mapa ni un buen compás.

I tell you folks, it’s harder than it looks

It’s a long way to the top if you wanna rock ‘n’ roll

It’s a long way to the top if you wanna rock ‘n’ roll

If you think it’s easy one-night stands… Try to playin’ in a rock roll band…

It’s a long way to the top if you wanna rock ‘n’ roll

Fin de “La Noche De Las Bestias”


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