CUANDO EL NO ESTÁ (1-2)

Por RUEN PAUTALIA
Enviado el 24/11/2012, clasificado en Adultos / eróticos
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Ya no hace tanto calor. La noche prevalece y acabamos de salir de la piscina municipal bastante alegres. Últimamente, metemos alguna botella de whisky y, nos la bebemos mientras jugamos cartas o lo que sea. A mi personalmente estar algo “tomado” en una noche de julio me sienta de fabula. El único “problema” es que me pongo cachando por nada. Encima, entre las del grupo habitual hay una que me hace temblar como un cachorro resfriado cada vez que me roza. Para ser sincero, estoy aquí por ella, aunque intento disimular todo el rato. Es una mujer espectacular. Tiene el pelo castaño, rizado (no se si es natural o no, a y me importa una mierda sinceramente), unos 40 años creo. Y digo esto de los años, porque aparenta 28 como mucho. Está delgada, elegante y sus andares hacen, que mi débil, a semejantes espectáculos polla, tirita como un pajarito enjaulado. Pero, lo que mas me endebla y fragiliza es, que me parece que le gusto. Precisamente por eso me meto unas copas, para decirle que me tiene completamente enloquecido. Normalmente, me declaro fácilmente, pero en este caso hay un agravante. Está “felizmente” casada, desde hace años, con un “amigo”. Pobre de mí. Pues, el bendito alcohol me hace olvidarlo.

…Por donde iba... …Aaamm...…Que…...Ya,... salimos del recinto todavía húmedos, al menos yo. Es sobre las 11 de la noche. Alguien propone una discoteca. Les recuerdo, que vivo al otro lado de la ciudad y, que no podré llegar a tiempo, a ducharme y cambiarme y eso. Lo digo con algo de pena en la voz, adrede, por su puesto. “Te presto una camisa y un vaquero de tu amigo hombre, no seas bobo, a de mas, creo que sois de la misma talla.” Dice ella, como si nada, delante de todos. Me entran repentinos escalofríos.

En el primer instante, imaginé las escenas pornográficas, más escandalosas que he visto o presenciado jamás. Luego, un dulce episodio lleno de romanticismo. Y a continuación, a su marido con una escopeta de caza calibre "69" ¿!?. Y, todo esto en unos escasos 4 segundos y medio.

Como ya he estado tantas veces en su casa, no se levanto ningún tipo de confusión ni nada, ya que su marido estaba fuera de la ciudad hasta domingo por la noche, o sea, mañana pasado.

Llegamos, entramos, y noto una debilidad nada habitual en mis rodillas.

Luego pienso, que debo de ser un jilipollas completamente perdido, porque ella me trata como a un amigo, y yo en cambio, la veo como un objeto sexual.

…El objeto sexual mas apreciado, mas querido y deseado de todos los tiempos, y...…

-        Me …doy… una duchita …rápida. - digo medio preguntando.

-        Bien... - – contesta ella. De nuevo me parece que deja algo sin decir.

-        Hay toallas en la repisa. - Añade.

-        …Si... - – digo y entro en el baño.

Me ducho rápido, pero detallada y detenidamente. Quero decir…; me afeito… los huebos, por si acaso,... con el “Gillette” de mi amigo, claro.

Me seco,  más o menos y, salgo húmedo y caliente del baño. 

Ella está en la cocina tomando se una copa y fumando. – ¿Te apetece un poco de whiskey? – me pregunta con una voz calida y relajada. Estaba todavía con su faldita de playa. “Verde pistacho”, extremadamente corta, que contrastaba de una manera exquisita con el color de sus infinitas piernas, tan elegantemente finas y suaves. -– Bien.- –digo y, hasta me sorprendo del penetrante sonido que salió de mi garganta. Me acerca un vaso ancho y corto de cristal grueso. -– Salud. -– lo dice, mirandome en los ojos. Me pierdo en su mirada. Me siento pequeñito y asustado, pero mas decidido, que un niño preparando se a soplar las velitas da su tarta de cumpleaños.

- Llevo tiempo queriendo… decir te algo. -– digo, levantando mi mirada del vaso y fijándome en sus calidos ojos marrones. Entonces me entra pánico y lamento de no haber bebido más. Empiezo a divagar por mi mente y, a buscar alguna salida alternativa. - Ya lo se. -– dice ella y se acerca para darme coraje. – Crees que no he visto como me miras. Noto su calido aliento y se me nubla la mente. – - Te deseo más que el aire que respiro. - – suelto y, noto como me sube la temperatura, hasta  unos 58 grados. Luego se reparte, desde mis orejas por todo el cuerpo y, finalmente se agrupa justo en el centro. Dejamos instintivamente los vasos en la encimera y nos fundimos en “el beso” con tanta pasión, que espontáneamente, todo mi ser, empieza a dar gracias a todos los ángeles y demonios a la vez. Estoy seguro que si hubiera alguien mirandonos de al lado, iba pensar que nos intentábamos tragar la cabeza uno al otro. Mi lengua en su boca era como un lagartijo, que intentaba desesperadamente romper la cáscara del huevo, para salir a dar su primer paseo. Faltaba poco. …De repente, ella se separa de mi, y con un gesto elegante su mano derecha desaparece debajo de su falda. Veo como sus ojos se entornan de placer, y de su garganta sale el "“…huummm",” mas sensual que había escuchado jamás. Saca la mano de abajo y, acerca los dos dedos empapados de su elixir y, me los mete en la boca. El olor y el sabor, de este fluido tan apreciado, hacen que el nivel de mis endorfinas se propagara más rápido que una epidemia en algún poblado africano. Se deslizó temblorosa asía abajo, mientras acariciaba y pellizcaba mis pezones. El bello de mi pecho aún estaba húmedo.

Arrodillada, apartó el prepucio de mi polla con sus delicados dedos, y la glande salió en todo su brillante esplendor de color “burdeos”. Casi al instante, los18...19 cm., de mi orgullo, desaparecieron en su calida y jugosa boca. Un…sissssseo …espontáneo entro en mi pecho al inhalar parte del ozono, tan extremadamente abundante de sensualidad. Sin duda, era la mamada más celestial hasta la fecha. Querría empaparme la cara en su suculenta vagina. A de más, senita que los pálpitos de mi pene frecuentaban demasiado, y no pretendía correrme tan pronto. Ella se echó completamente desnuda sobre la fresquita baldosa de la cocina y abrió las piernas, tocándose suavemente los muslos y la barriga, sin perderse la franja ardiente.

Me agacho sin prisa, después de desnudarme entero y, con toda la dedicación posible ,le doy varios lametazos con mi lengua áspera, y ancha como una suela numero 45. Su cuerpo se retorcía como si la hubiera puesto sobre los fogones del hornillo…...

 

CONTINUARÁ…

 

RÚEN PAUTALIA

23.11.2012


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