Calor en el frío nocturno

Por Chico Vil
Enviado el 27/06/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Mis amigos y yo nos pusimos de acuerdo para salir de camping un fin de semana para desestresarnos después de los exámenes finales. Nos fuimos a un bosque, en la montaña, pasamos una entretenida tarde, pero lo mejor fue sin duda lo que paso durante la noche. Hacía tanto frío que no nos movimos de la fogata durante toda la noche, y poco a poco todos nos fuimos a dormir, y yo también, pero algo me quitaba el sueño, no dejaba de pensar en la chica que dormía en la casa de campaña de al lado, quien era dueña de mis pensamientos y deseos, una chica linda y dulce, era pequeña de cuerpo, delgada, de piel clara, cabello castaño y ondulado y una sonrisa que siempre te alegra. Ella me gustaba, y mucho. Estaba pensando en ella cuando me llamó desde la entrada, sin dudarlo me levante y abrí. Me pidió una cobija, porque solo traía una y no era suficiente, le respondí que no tenía una extra para prestarle y le di la mía, pero no quiso aceptarla, para no dejarme con frío supongo, no quise dejar pasar la oportunidad y le ofrecí compartir las cobijas, sonrió y me dijo apenada: ¿juntos? Y respondí: yo también tengo frío. Se dio la vuelta y se fue, ofendida al parecer y no esperaba que regresara, pero regresó poco después con sus cobijas. 

Ya estando acostados y después de un rato me dijo que aun no podía dormir por el frío, así que me acerqué y la abracé sutilmente. ¿Qué haces? dijo un poco disgustada, te quito el frío, le respondí, se quedo callada y me abrazó también. Yo ya tenía una erección, pero me mantuve lo suficientemente alejado para que no lo notara, fue cuando dijo: aún tengo frío, y se abrazó mas fuerte de mí, entrando en contacto por completo con mi cuerpo, notando la inevitable erección, me quedé callado como si nada pasara. Ella deslizó su mano y la pasó por debajo de mi ropa, tocando mi rígido miembro, me dijo al oído: nunca había tocado uno en mi vida, que cálido es, suave y duro a mismo tiempo. Yo comencé a acariciarla suavemente, su piel era suave como la seda, la besé en el cuello, ella permanecía en silencio, sin dejar de acariciarla bajé hasta su pecho, con la otra mano le fui quitando la blusa, después el sostén, accediendo a esos pequeños pechos coronados con unos ricos pezones que sobresalían por su dureza entre lo blando de sus senos, ella me quitó la camisa y me acarició el pecho con la otra mano, delicadamente me aflojó el resto de la ropa, mientras yo besaba su abdomen, su delgada cintura y su espalda. El frío lo olvidamos por completo y terminamos por desnudarnos completamente el uno al otro, todo esto completamente a oscuras, y aunque no veíamos nada notábamos cada pequeño detalle del cuerpo del otro a través del tacto. Una vez que le quité su pequeño calzoncillo, comencé a besar su vagina, que ya estaba húmeda, era perfecta, bien rasuradita, separé sus labios poco a poco con la lengua y alcancé su clítoris, ella gemía a cada paso de mi lengua y casi me arranca el cabello, me detuvo, era su turno. Comenzó por acariciar mi pene con sus suaves manos, cada centímetro, después llevó su boca hacia el, primero pasó sus labios suavemente, lo lamió de forma dulce y delicada, lo chupaba y succionaba, después lo metió completo a su boca, con movimientos hacia arriba y abajo que lo hacían llegar hasta su garganta, después acompañó de un movimiento de lengua y pequeñas succiones que me hicieron temblar de placer, yo correspondí pasando mis dedos por su vagina, labios y clítoris, y así estuvimos un rato, ella se detenía por momentos, estaba teniendo varios orgasmos, lo disfrutaba tanto como yo, sentí que me vendría, y al decirle solo respondió: será todo mío, y lo recibió todo en su boca, tragándolo por completo. Nos besamos y acariciamos por un rato, pero faltaba algo.

Saqué un condón de mi mochila, ella lo tomó y me lo puso suavemente, se acomodó de frente a mí. Con un rico abrazo la distraje, y en segundos recibió todo mi pene, ella se quejó levemente, pero me pidió seguir, a lo que respondí de inmediato con lentos movimientos para no lastimarla, que fueron aumentando de ritmo cada vez, mientras ella se acariciaba los senos, pezones, cintura, en fin, todo lo que podía. Cambiamos de posiciones, conmigo acostado, ella se movía sobre mi miembro, yo le tocaba los senos, nalgas, piernas, nos besábamos en momentos, continuamos así hasta llegar al éxtasis máximo, ella gimió anunciando los ansiados orgasmos, haciéndome también llegar al mío, en una manera imposible de olvidar, nunca creyó que hacer el amor fuera tan sensacional, y yo tampoco. Aquella noche no dormimos, pasamos toda la noche haciendo el amor una y otra vez, haciendo de nuestra primera vez algo glorioso.

A la mañana siguiente, algunas miradas nos advertían que sabían lo sucedido, algunas con aprobación y otras con envidia. Nosotros solo esperábamos una oportunidad para continuar nuestro festín sexual.


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