Castigada por traviesa 1

Por Rusalka
Enviado el 04/07/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Desde aquel día en mi casa, mi cuerpo, comenzó a pedirme mucho más. No mentiré que me volví muy lujuriosa, en cuanto a Jorge, me entró tanto la curiosidad de tenerlo un día, sólo un día, sentirlo dentro de mí. Después de lo ocurrido en el metro, y de mi fantasía, él aprovechaba cualquier situación para ponerse detrás de mí, yo me portaba algo coqueta con él, me vestía más provocativa al ir a la escuela. Pero no se daba la oportunidad de estar solos.

Días después, un día muy caluroso, recuerdo que él y unos compañeros fuimos a hacer una expo a la biblioteca, era un viernes, un día de esos en los que la biblioteca estaba muy sola, sola y silenciosa. A lo mucho unas tres personas y los encargados.

Tomamos el libro de contabilidad y él se sentó a lado mío, al sentarme accidentalmente a propósito mi faldita se recorrió un poquitín arriba dejando ver más mis blancas piernas. Al notarlo, siento como poquito a poco se va acercando a mí. Tenerlo cerquita me ponía muy impura. Realmente ese día era especialmente caluroso, así que imaginarán como iba vestida, mi faldita corta primaveral, y una blusa algo escotada, no paraba de lanzarme miradas de deseo. Me encantaba como me miraba.

Mientras, me recargaba más en él, entre juego y juego puse mi mano bajo la mesa y la puse encima de su pierna. Estaba dura, digna de un nadador. Casi no poníamos atención a lo que decían los demás, después volví a poner mi mano en su pierna y fui subiéndola lentamente de arriba abajo, él no decía nada, pero obvio ya no se concentraba, pues podía notar como su entrepierna se notaba más y más abultada. Me encantaba el hecho de ponerlo así enfrente de todos y sin que nadie se enterara de que ocurría bajo la mesa.

Finalmente repartimos trabajos, los demás se fueron y nosotros nos quedamos disque para adelantar la expo. Entonces tomé un libro y comencé a leer. Él se acercó a mí nuevamente. No dijo nada, pero ahora se sintió con permiso de tocarme colocando su enorme y cálida mano en mi pierna, me estremecí un poquito, pero deje que lo hiciera. Sus manos eran muy cálidas, sus dedos largos. Me encantan los hombres con manos grandes. Mientras más arriba me tocaba, me aceleraba por dentro, eran movimientos delicados y suaves, que poquito a poco hacían que me acelerara por dentro.

Me calenté tanto que yo también baje mi mano y comencé a acariciar nuevamente su pierna hasta que llegue a su abultada y dura entrepierna, él se estremeció, no se lo esperaba, de inmediato se sintió con derecho de manosearme más así que subió su mano más y más, por debajo de mi faldita hasta que me tocó la panty. No pude evitar aprisionar su mano con mis piernas, comenzó a tocarme suave, acariciándome mi entrepierna por encima de la panty, metiendo sus dedos por todas partes mmm… hasta que volví en sí, dándome cuenta que estábamos en una biblioteca, le quite la mano y le di un manotazo para que se calmara.

-No seas travieso- le dije.

No recuerdo que me dijo o le dije después, pero me calme un rato, al menos yo, cada vez que él tenía la oportunidad me volvía a tocar la pierna, el tipo estaba al mil me cogía con los ojos, así que en un impulso por evitar que nos corrieran de ahí, le volvía a quitar la mano y le daba otro manazo hasta que me levanté.

-Voy a buscar un libro.

Fui a caminar por las estanterías de libros, estaba muy solo por ahí, creo que él se dio cuenta, porque no pasó mucho tiempo cuando de repente, comencé a notar que se acercaba alguien, hasta que siento como me abrazaba por la cintura y me ensartaba en el trasero su prominente excitación; casi parecía como si fuera un salvaje criminal dispuesto a violarme en la soledad de la biblioteca. Me coloca sus labios cerca de mi oído y me dice algo como:

-Sé que te encanto. Ya no te hagas la difícil. Tú me encantas.

De algún modo, el estar ahí, solita en un lugar prohibido y con un hombre así me puse calientísima, sin embargo me ganó la pena de que nos cacharan ahí mismo en la biblioteca y nos corrieran, así que lo aparte de mí y le dije que se calmara, que no era sitio. Pero no me escuchó así que me jaló hacia él, me giró y me robo un besó. La verdad es que aunque fue rudo, fue delicioso. Me encantó. Aproveché para poner mis manos encima de él y sentirlo un poco más. Por donde lo tocara estaba durísimo… todo un atleta, pero finalmente lo aparté y mejor nos salimos de la biblioteca.

Insistió demasiado en llevarme a su departamento (muy obvio), yo estaba aceleradísima y aunque me hice del rogar para no verme muy zorra, al final le dije que sí, nos fuimos en el metro, donde como imaginarán intentó manosearme todo el camino, pero yo le quitaba la mano y le daba manotazos cada que intentaba meterme la mano bajo la falda o agarrarme una bubi.

Cuando llegamos a su departamento, casi de inmediato en plena sala quería ponerme contra la pared para darme con todas sus fuerzas, ya no se aguantaba más, era un salvaje que no se detendría hasta saciar todos sus instintos en mí, pero me volví a hacer la difícil.

Furioso, me tomó de la cintura y me besó. Estaba terriblemente excitado, se sentía demasiado su gran miembro. En mi ansiedad, mientras me besaba fui bajando mi mano poquito a poquito hasta tocar el cinturón de su pantalón, lo desabrocharlo y bajar lentamente su bragueta, estaba ansiosa por sentir que tan buen paquete tenía, cuando toqué arriba de su ropa interior la puntita estaba húmeda, introduje mi mano debajo de su bóxer… mmm… nada mal, así me lo había imaginado.

Él se empezó a desesperar, puso su mano en mi seno, le di un manazo y lo quite, intentó bajo la falda y lo mismo. Me fascina andar haciéndome la difícil, porque sé lo mucho que eso calienta a los hombres. Aunque creo que eso lo enfureció, porque después me sujetó fuertemente, me cargó y me llevó al sofá, trate de huir, pero me sujetó de nuevo y me puso de nuevo ahí, comprendí que no podía librarme, así que mejor me deje llevar.

-Has sido una niña traviesa. Te voy a tener que castigar.-Dijo

(continua en Castigada por traviesa 2...)


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