Castigada por traviesa 2

Por Rusalka
Enviado el 04/07/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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(continua me estaba haciendo la dificil)

Entonces me sujetó por la cintura, me empinó, me subió la falda dejándome con las pantis al aire y me dio sonoras y fuertes palmadas en las pompis, ¡Ay como me ardía! eso desencadenó la parte pervertida de mí porque me encantó ser sometida de esa forma. Cada nalgada ardía delicioso. Hasta que le supliqué que parara y se detuvo.

-¿Te vas a portar bien?-Me dijo

Entonces me puso de frente contra la pared, y comenzó a besarme el cuello, uno de mis puntos débiles, mientras sus labios me recorrían, me mojaba cada vez más, ahora sí me toqueteaba a su gusto, poco a poco nos íbamos liberando de nuestra ropa, primero el su playera, su pantalón, yo mi falda y mi blusa, quedando solamente en ropa interior, roja con encaje negro.

Poco a poco va bajando, me desabrocha el bra, liberando mis senos dejando al descubierto mis pezoncitos ya duros, primero comenzó a tocarlos suavemente, después comenzó a besarlos y lamerlos, era la primera vez que me lo hacían y hasta aquel momento no sabía lo bien que se sentía, ya estaba soltando uno que otro gemidito. Mi conchita ardía por dentro.

Después me cargó, me llevo a una habitación, me puso en la cama, se subió arriba de mí, bajó mis pantis un poquito, me abrió de piernas… cerré mis ojitos y comencé a disfrutar. Movía su lengua por toda mi concha y yo me encontraba gimiendo. Él lo hacía estupendamente bien, estaba casi al punto de llegar al clímax, mi vagina ya se estaba desparramando, mientras sus manos me acariciaban las piernas. El tipo era todo un experto y yo que había pensado que tenía poca experiencia. Estuve a punto de venirme.

Al acabar, sin decir nada, me subí la panti, me levante y me dirigí directa a su entrepierna, entonces le ayude a deshacerse de aquella prenda interior que encerraba todo mi deseo… ¡Ay dios mío! estaba grueso y durísimo como la piedra. Comencé mi faena. Cada vez que lo metía a mi boca escuchaba como su respiración se agitaba, me dijo que estaba a punto de venirse así que no me quedé mucho, para evitar restarle fuerzas.

Después nos levantamos de la cama, entonces me agarró, me puso contra la pared y le di la espalda, colocó sus manos suavemente en mis caderas para liberarme de mis pantis. Ya ambos estábamos completamente desnudos, sentía todo su cuerpo tan tibio y firme… su verga, calientísima, la sentía toda en mi trasero, me continuó besando el cuello y con sus manos me acariciaba suavemente los pezones, mi conchita estaba al mil, poquito a poquito empinó mis pompis, y las puse bien paraditas para indicarle que ya estaba preparada para que se introdujera. Él entendió el mensaje, sus manos de inmediato sujetaron mis caderas. Ahora sentía su verga en todo su esplendor, ya no aguantaba más.

Este es el momento en el que me pongo super ansiosa, justo cuando lo siento afuerita, recuerdo esa sensación previa, eterna, de como su enorme y caliente miembro toca mis nalgas y baja hasta encontrarse con mi jugosa vagina, empujo mis caderas hacia atrás todavía más instintivamente, la puntita toca mi entradita y en ese momento tan efímero una sensación me recorre por todo mi cuerpo, después sus manos me sujetan fuertemente las caderas y…

…Aaah que rico, sí que me hacía falta, ¡Que embestida!. Estaba tan rico y apretadito, estaba toda llena de él. Se hizo para atrás y empujo nuevamente llenándome de mil sensaciones. Me embestía tan duro, tan salvaje, tan fuerte… cada que entraba me sacudía todita, cerraba mis ojitos con fuerza y soltaba un agudo “aaah”, mi conchita se estaba derramando, el viscoso “chick chick” me volvía loca.

Él no aguantó mucho y me embistió con más fuerza, sus caderas impactaban mis nalgas cada vez más rápido hasta que escuché como él emitía un fuerte sonido de placer mientras por dentro eyaculaba su calientita lechita, llenándome por dentro, se sentía tan bien que no soporté más, mi vagina se contrajo, los músculos de mi cadera se tensan y estallo en un rico orgasmo, gemí tanto que se me escurrió la baba, fue uno de los mejores orgasmos de mi vida. Mi cuerpo se llenó a mares de endorfinas.

Se quedó ahí un ratito, dentro de mi hasta que recuperamos un poco el aliento. Hasta que me la saca y se derrama de ese calentito líquido suyo y parte de mi propia lechita en mi pierna, es como una pequeña caricia tibia, sinónimo de que te cogieron bien rico.

Ahí no acabó todo, descansamos un rato en la cama y fui a la regadera a ducharme sin pedirle permiso, estaba tan al mil que no me importaba que fuera agua fría, y casi al prender la regadera entró él, ya recuperado con su estaca durísima de nuevo. Salvajemente me empuja de frente hacia la pared, me abre de piernas y sin avisarme comienza a penetrarme de nuevo.

Mientras me sacudía le muerdo su cuello y le aprieto la espalda, me miraba con esos bonitos ojos cafés y me comienza a hablar al oído tiernamente, diciéndome lo mucho que había fantaseado con hacérmelo, lo mucho que le encantaba, que lo excitaba como nadie más…

Me penetró así un ratito, era lento, ahora que lo tenía de frente miraba la cara que tenía mientras me penetraba y me perdía por completo en su mirada, creo que me estaba gustando demasiado. Esa combinación de salvajismo y ternura me volvía loca. Luego me puso en cuatro, me agarró la cintura y de un jalón me la metió todita. Ay que rico…

Mi vagina me ardía, pero era un ardor delicioso, la penetración fue lenta, ahora si pude apretar su calientísima verga y con el cuerpo todo mojado se escuchaba sonoramente cada embestida al chocar contra mis nalgas, entra y sale, entra y sale, “pas, pas, pas”, (no sé porque me calienta tanto eso). Mis senos brincaban cada que empujaba, hasta que los sujetó con sus manos, me sometía, ahora si era toda suya a su antojo.

Aún tenía mucha de su lechita en mi vagina, lo que hacía que entrara bastante rico, después de unos minutos, no aguante y estallé en un orgasmo tremendo, e hice mis gemidos más agudos para avisarle que se corriera conmigo, Su pene estalló por segunda vez dentro de mi concha, y otra vez vertió su semen calientito por dentro, mmm que rico, aunque ya era menos.

Después de eso, ahora sí nos bañamos juntos, el me abrazaba y me decía cosas muy bonitas, yo me comencé a perder poco a poco en su mirada, lo abracé y lo besé mucho, nos quedamos abrazados y desnudos en la regadera durante no sé cuánto tiempo, creo que no sólo le entregué mi cuerpo ese día sino algo más profundo. Desde ese momento me olvide por completo de Jonathan.

Fin.


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