Camino

Por Ontanaya
Enviado el 25/11/2012, clasificado en Varios / otros
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Todo lo que quiero saber, supongo que lo sabré cuando llegue al final de mi camino.

Mientras tanto, sigo por él caminando, corriendo, incluso a veces, gateando.

En ocasiones, está todo oscuro. En otras, hay demasiada luz y muy pocas veces, veo una tenue luz ante mí. Siempre de frente. Porque atrás, simplemente no hay nada. Puedo recordar lo que viví por el camino, pero puesto que no puedo desandar mis pasos, no hay ningún sendero que me lleve a lo que fui. Sólo a lo que soy y seré. Pero también da miedo. ¿Y si no llego a ser quien pretendo ser?

No puedo recorrer ningún camino más que el mío. Pero en ocasiones, mi camino se cruza con el de otras personas. No pasamos mucho tiempo juntas. Sólo caminamos un rato por el mismo sitio. Y por lo que he podido averiguar, ningún camino, el de ninguna persona, es liso, suave y fácil. A veces, hay pequeños baches. Unas veces los conseguimos sortear o saltar y en otras, tropezamos y nos raspamos las rodillas y las palmas de las manos. Tampoco podemos evitar caer en baches más grandes. Tan grandes que caminamos tanto tiempo por ellos que pensamos que el resto del viaje será siempre así. Duro y pedregoso. Y cuando nos planteamos eso, paramos en seco, nos sentamos y quedamos una larga temporada aletargados. Pensamos que si siempre va a ser así, para qué seguir. Pero también llega un momento en que nos cansamos de esperar que pase algo y es entonces cuando despertamos, nos levantamos y decidimos continuar nuestro camino. Al comenzar a andar de nuevo, me siento un poco desorientada. Pero no paro. Continúo con decisión. Y cuando menos me lo espero salgo de ese enorme bache. Puede que con algún tropiezo más, pero al final el camino se vuelve un poco más liso y tu cosa favorita inunda la atmósfera. Mi cosa favorita es la nieve. Me encanta ese frío que la nariz se enfríe enseguida, que hace que la temperatura esté templada y te haga revivir.

Quiero correr, levantar la mirada al cielo, sacar la lengua y dejar que los copos se posen en ella. Cerrar la boca. Dejar que se derritan con el propio calor y tragar. Dejar que la magia de nieve reavive mi alma y me de la fuerza suficiente para continuar y no dejarme parar por ningún obstáculo.

Correr, dar vueltas sobre uno mismo hasta marearse y caer de espaldas a la humilde cama que la nieve ha preparado.

Hacer un ángel moviendo mis brazos y piernas. Levantarme, admirar mi creación y seguir sin mirar atrás. Porque ya no podré volver aunque me lleve su sabor.

Porque la clave está en continuar. En no dejar jamás que ningún bache, nos haga caer. Porque aunque todos tropezamos, tenemos que tener la fuerza suficiente para poder levantarnos. Queramos o no, estamos solos. Es nuestro camino y el de nadie más.

Y si cualquier imprevisto nos puede un poco más de lo que debería, sólo hay que pensar en nuestra cosa favorita. Pensar en ello, agarrarnos con fiereza, recordar todo lo bueno que nos aporta para no caer más profundo.

Gracias por leerlo. Espero que les haya gustado. :)


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