LA ESPIRAL

Por masque cuento
Enviado el 02/07/2014, clasificado en Terror
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Al abrir la puerta me encontré con un largo corredor que solo tenía una luz al final de este. aquella luz era casi asesinada por el cierre de una puerta entre abierta, en el suelo; unas huellas de barro señalaban el camino de llegada a ese pabellón, las paredes, de color blanco sucio y empodrecido por los años, se angostaban poco a poco, al llegar, una puerta de madera blanca, reforzada por manchas de sangre que la cubrían de arriba abajo, al empujarla suavemente, casi con ternura, me encontré con la imagen más escalofriante que mi mente en blanco y mis ojos cansados hubiesen visto alguna vez; un hombre yacía sentado en una cama empapada de barro, sangre y desconsuelo, dándome la espalda, se tomaba con las dos manos el rostro , en el piso, dos hombres desnudos cubiertos de una armadura roja y seca con las cabezas separadas de sus cuerpos. horrorizado gire inmediatamente, él giró también inmediatamente, se paró y se lanzó a mí, gritando y vociferando palabras incomprensibles como sus actos, emprendí una carrera infinita por ese corredor finito, mis pasos hacían eco en el piso de madera (la cual se asemejaba al barro debido a su humedad y su olor terroso), sus pasos hacían eco en mi piel, retumbando y cerrando uno a uno mis poros horrorizados por la persecución, divisé la puerta de salida, la cual era la misma de entrada y me lancé sobre ella, embistiéndola con sus manos, mis manos, su cabeza, mi cabeza, con todo su cuerpo y todo mi cuerpo, al abrirla, una luz enceguecedora vació mis ojos y se apodero totalmente de este sentido, generando automáticamente un reflejo en mis manos, las cuales se dirigieron a mi rostro y se soldaron en mis ojos como cuando la vergüenza se apodera del ser más tímido del planeta, al sentir los ojos recompuestos, lentamente retire las manos del rostro, lentamente abrí los ojos y fue ahí donde percibí la sensación mas escalofriante que mi cansado cuerpo hubiese sentido alguna vez; me hallaba sentado en una cama cubierta de barro, sangre y sangre la cual recubría el interior del cuarto de dos por dos, sus paredes eran fieles testigos de los 1,577,845,000 Segundos más violentos y sangrientos de mi vida, el cuarto anti arquitectónicamente diseñado no estaba dotado de ventanas, solo un foco cansado por su estúpida existencia daba parpadeos de luz como quien no quiere entender su desgracia y parpadea para despertar de una larga pesadilla, a mi lado yacían dos cuerpo decapitados y sus cabezas me contemplaban con un pesar como quien ve a un niño sucio acostado en la calle temblando de frío y realidad, di un golpe fuerte a mi cabeza con el puño cerrado y lo único que hizo este golpe fue meterme más en la realidad ahora vivida, ya que mis lágrimas se mezclaban con la sangre y el barro en el tapete (el cual parecía más un perro callejero desollado), horrorizado, volví a cubrirme el rostro con las manos, unos golpes alertaban una visita inesperada, un acompañante anónimo, un caminante perdido. gire mi rostro hacia la puerta rápidamente quitándome las manos del rostro, las penas por mis actos y fue entonces donde me encontré con la imagen más triste que un asesino anónimo y sin memoria hubiese visto alguna vez, estaba un joven de 20 años estupefacto y con los ojos perdidos, buscando tras corredores y puertas huir paranoicamente de este mundo, encuartelándose en su realidad lúgubre, me lancé sobre él, gritándole que escapara de mi realidad, haciéndole entender tras cuchilladas, golpes en la cabeza y blasfemias en la mente, que el mundo es frío y de él , que la realidad es de miseria y mía, con el rostro casi deformado por los golpes y las heridas
abiertas, sacó de su abrigo un arma, la apuntó a mi frente con terror y activó el mecanismo disparando una luz blanca, tranquilamente enceguecedora y dotada de una luz quimérica, cerré los ojos para disfrutar de aquella armonía… fue entonces cuando al abrir la puerta me encontré con un largo corredor que solo tenía una luz al final…

DANIEL FELIPE AVILA BARRETO
1.019.043.085


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