EL ACOMPAÑANTE cotinuacion 2

Por masque cuento
Enviado el 02/07/2014, clasificado en Terror
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Ya se advertía el ascenso de los 9 kilómetros y el silencio era pieza clave en la noche y característica prominente de estos dos hombres, la botella de vino llegaba a la mitad y los temas de conversación parecían haber terminado su culmen y empezaba a descender de una manera contundente. La única prueba fiable de la existencia del acompañante era su respirar, en el momento que este dejara de bramar, probablemente el otro entraría en un episodio de pánico que solo lo llevaría a la pérdida de
conciencia y a la pausa de su andar, así, seguían caminando, así seguían avanzando, así, miedosos, tímidos con el otro, ansiosos por la llegada…
El kilómetro 15 los miro pasar, con una mirada sospechosa, de sorpresa y con admirable atención. En el mutismo de la caminata, de repente uno de los hombres escucho una marcha que se aproximaba hacia ellos con armonía y tranquilidad pero probablemente al igual que ellos con terror, precaución y con la mente llena de historias con trágico final. El hombre Advirtió a su compañero con una mueca y el dedo sobre su oreja, el sonido que ahora los acompañaba, el otro hombre con una sonrisa reparadora dibujada en su cara, le susurro a su compañero que esperaran al caminante que parecía venir metros atrás y que así los tres podrían sentirse mas seguros, mas acompañados y más tranquilos. Detuvieron su andar y esperaron atentos con la mirada hacia sus espaldas 10 segundos y nadie parecía llegar, gritaron, para ver si alguien respondía, pero nada. Con una sonrisa angustiosa uno de los hombres, golpeo la espalda de su compañero y riendo angustiosamente advirtió que nadie habría de llegar, era solo su mente asustada, era solo su sentimiento de soledad que le había jugado una broma, siguieron su caminar…
No habían de avanzar más de 20 metros cuando el sonido de unos pasos sobre la tierra renovó su andar, esta vez no los escucho un hombre, los escucharon los dos e instintivamente se detuvieron y lentamente giraron sus cabezas hacia atrás, cerraron sus ojos en una muestra inservible de defensa, lentamente los abrieron pero no había nadie, solo un negro interminable, nadie los seguía, no se escuchaba nada más que sus respiros y el sonido casual de alguna chicharra. En una muestra de terror uno de los hombres, le pidió al otro que caminaran 5 metros y luego corrieran 50 metros y cuando el gritara “alto” inmediatamente girarían y así lograrían ver si alguien estaba presurosamente cerca a ellos o comprobarían, que solo era un juego de sus cabezas atemorizadas en una venganza sobrepasada con sus oídos. Empezaron a caminar y allá atrás, también alguien caminaba, luego de 5 metros el peso de sus equipajes no fue obstáculo alguno para la carrera intrépida que estos dos hombres emprendieron, mientras corrían, el jadiar de sus bocas eran prueba necesaria para la identificación de su acompañante, luego de 50 metros uno de los hombres, grito ¡alto! Y enseguida se produjo un salto que los posiciono de inmediato mirando a sus espaldas. Nadie estaba ahí, no se escuchaban pasos, no se escuchaba respiros, no había nadie…




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