La llamada

Por cclecha
Enviado el 05/07/2014, clasificado en Intriga / suspense
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     Ya hace media hora que mi mujer está hablando por teléfono con su hermana. Según mis cálculos, todavía pueden  quedar unos diez minutos para que el teléfono quede libre. Pero ahora que lo pienso… no ha hecho la llamada de la tarde a su madre; lo que quiere decir que si encadena las dos llamadas, todavía faltará una media hora.

      -Mamá, mamá- grita mi hija mediana- termina ya porque tengo que llamar a Breixo (su novio) Corre, date prisa.

      No había contado que cuanto mi hija ha de llamar a su novio, el asunto toma carácter de prioridad absoluta.

      En fin, no creo que pueda llamar hasta la noche… pero en el fondo es muy poco importante lo que tengo que decir.

      Tenemos teléfono supletorio en la cocina, dormitorio, dormitorio niñas… pero normalmente la línea de encuentra colapsada. Con los teléfonos móviles ocurre similar, si bien procuro que no se utilicen por caros.

       Es curioso que los humanos hembra, suelen aglutinarse en torno a las madres y las abuelas. Cuando las hijas se van del nido, lo que ocurre es que el contacto sigue existiendo, pero… por teléfono.

       Como la situación ha llegado a ser insostenible, he adoptado una solución drástica; he hecho instalar una línea privada de teléfono con número independiente en mi cuarto de despacho.

       Me hace ilusión el teléfono recién estrenado. Esta flamante encima de mi escritorio. Ya hace  dos semanas que lo tengo y solamente lo he utilizado dos veces, ambas para llamar. La verdad es que nadie me ha llamado todavía, seguramente es debido a mi introversión. Sin embargo me haría ilusión saber que sonido tiene mi teléfono en el caso de recibir llamada; por eso me animo y cogiendo mi móvil, marco mi propio número de mi línea privada.

        Ring…ring…ring…- Suena fuerte y claro, me gusta- ring…ring

        Para continuar con la comedia contestaré al teléfono aunque ya sé que me estoy llamando a mí  mismo.

        -Dígame

        Me he quedado de una pieza. ¿Cómo puede ser que alguien conteste en mi propio número? Seguro que mi  habitual torpeza con las teclas me ha hecho equivocar.

        -Perdone, me equivoco

        -Seguramente –responde el otro- normalmente no llama nadie a esta línea

        Por un instante, nos quedamos los dos callados. Un misterio envolvente irradia la voz de la otra persona. Un poco turbado, cuelgo sin más explicación. En realidad lo que más me ha chocado, es cuando la otra persona ha contestado, ha dejado de llamar mi teléfono privado.

          De todas formas, mi desconocimiento e ignorancia de todos los aparatos técnicos, me ha provocado  una cierta aversión hacia todos los artilugios electrónicos en general.

           Ahora bien, ¿Qué me estaba preocupando?... ¡Ah, sí! Voy a mirar la memoria de teléfono móvil, para ver en cuantos números me he equivocado al llamarme a mí mismo. Veamos 93 453…  Qué raro, la memoria da el número como bueno.

           Recapitulemos: 1 -No hay conflicto de números, o por lo menos yo no lo entiendo. 2-la voz que ha contestado, me es tremendamente familiar, me inquieta.

            Todo esto es bastante raro. Solución, volver a llamar.

            Veamos marcaremos con cuidado y atención  93 453… Creo que esta vez no hay equivocación posible. Ring…ring…ring

            -Dígame

            Contestaba la misma voz que la vez anterior. Ubiqué la voz de un hombre mayor de unos setenta a setenta y cinco años.

            -Perdone que le moleste, pero al parecer, tanto usted como yo tenemos el mismo número de teléfono. Es absurdo, pero al llamar desde otra línea a mi número, contesta usted.

            - Mire-respondió- no sé si trata de una broma. Pero le ruego que no llame más.  Por otro lado, este cachondeo de imitar la entonación de mi voz, lo veo de muy mal gusto.

             Ahora entendí que era lo misterioso que encontraba en aquel hombre, su voz era un calco de la mía, pero entelada por la edad. Pensé con rapidez y me asusté de lo que pensaba. Anticipándome a que el otro me colgara o encolerizara, repliqué

            -Carlos; te casaste el 10 de julio de 1985; tu padre murió el mismo año y mes en que corriste tu primera maratón; nunca has sido muy  amigo de los niños pequeños

            Le dije todos aquellos datos de corrido, como  podía haberle contado otros cualquiera, igualmente significativos.

            Al otro lado del hilo, hubo un silencio total. Había acertado de lleno. Estaba hablando conmigo mismo, pero con una distancia de edad de unos veinte años.

            El otro contestó por fin

            -Ahora te reconozco. La voz no engaña…Esto es espantoso, será mejor que colguemos.

            -Pero si tengo tantas cosas que preguntarte. Todo lo que necesito saber sobre mi futuro, lo conoces tú. Me puedes orientar, aconsejar y explicar cómo será mi vida.

            - No pienso decirte nada de lo que quieres saber –contestó-, creo que todo esto es horrible. Piensa por un momento: si yo interfiriera en tu vida, ya no sería tu vida, sería una vida distinta, dirigida, como de falsete. Has de dar tus propios  pasos, con tus aciertos y tus errores. ¿Qué ganarás con saber los horrores o los triunfos que en la vida te aguardan? ¿Quieres de golpe ahorrarte veinte años de tu vida? O lo que es lo mismo ¿Quieres estar muerto  durante estos veinte años? Lo siento, pero voy a tener que colgarte; no se te ocurra volver a llamarme nunca más.

         Durante unos días, he tenido una lucha intensa por llamarme-le. Renunciar a saberlo todo sobre ti mismo, es por una parte una lástima; pero por otro lado es un verdadero descanso. Después de unos días de inquietud, ahora creo que podré dormir tranquilo.

          Por precaución he decidido anular mi teléfono particular y lo he justificado delante de las mujeres con el argumento que no me llamaba nadie. Así puedo seguir siendo un hombre como los demás; eso sí, resignado a los parlamentos interminables de las mujeres de mi casa con los malditos teléfonos.


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