Centro comercial 6

Por Ontanaya
Enviado el 27/11/2012, clasificado en Amor / Románticos
1290 visitas

Marcar como favorito

Sólo han pasado dos días desde que hablé con Rubén y creo que son los dos días más largos que he pasado en mucho tiempo.

No paro de mirar el teléfono. Cogerlo. Tenerlo en las manos. Buscar su número en la agenda. Estar a punto de marcar llamada y cerrar la agenda de nuevo. Mirar su última conexión en el whatsapp. Releer nuestras conversaciones. Mirar todas nuestras fotos y romper a llorar.

No sé que estoy haciendo y eso me está matando. Volviendo completamente loca. Y todo por culpa de Pablo.

Estos dos días me ha escrito y también he recibido un par de llamadas por día pero no se lo he cogido. Pero supongo, que debería quedar con él y hablar seriamente si se le puede llamar así. Necesito aclararme cuanto antes. Ya no sólo por mí, sino, también por ellos. Tampoco se merecen que les "torture"así. Al menos Rubén.

Y es por él por lo que cojo el móvil y llamo a Pablo. Suenan cuatro tonos antes de que me lo coja y mantenemos una corta charla:

- Hola Ali. ¿Cómo estás?

- Hola. Yo... estoy. ¿Tú qué tal?

- Bien. Y más ahora que me devuelves la llamada.

- Ya. Lo siento. Necesitaba asimilar lo que me dijiste.

- ¿Y ya lo has hecho?

- Nooooo. ¡Qué va! Por eso te llamo. Por si podíamos vernos y hablar.

- Claro. Me parece bien. ¿Cuándo quieres quedar?

- Hoy

- Mmm... vale. ¿a qué hora?

- ¿En media hora en la cafetería de siempre?

- ¡Vaya! Sí que tienes prisa por aclararte- y suena su risa que parece música para mis oídos.- Ahí nos vemos. Hasta ahora.

- Hasta ahora Pablo.

Llego a la cafetería exactamente cuatro minutos antes de la hora. Prefiero ser la que espera a la que tienen que esperar. Y en el fondo también lo considero una ventaja. Así con quien hayas quedado tiene que hacer el primer movimiento para saludar y es ahí cuando se esclarece un poco las intenciones. O al menos, eso creo.

Pero sólo acabo de quitarme la chaqueta y sentarme cuando llega él.

Incluso el frío le sienta bien. Ir enfundado en un gran abrigo, con bufanda y gorro, nunca le había sentado tan bien a nadie. Joder, ¿por qué tenía que ser tan guapo y atractivo? Eso ponía las cosas más difíciles porque hacía que la concentración fuese más difícil.

En cuanto me divisó, sonrió y se acercó alegremente a mí.  Acercó su cara a la mía y me dio dos besos deteniéndose un poco más en el segundo.

- Hola.

- Hola.

Me volví a sentar. Esta vez con él enfrente. Al poco, un camarero se nos acercó y nos tomó nota. Él pidió su acostumbrado café con leche y a mí se me antojó un chocolate suizo.

Hasta que no nos trajeron las bebidas no comenzamos a hablar. Y esta vez, yo no tenía pensado dudar tanto.

- Bueno, creo que es hora de que me expliques el mensaje que me mandaste.

- Creo que no hay mucho que explicar. Sigo sintiendo algo por tí y me gustaría que lo volviesemos a intentar.

- Ya. Bueno. Eso lo pillo. - Aunque escucharlo me había dejado un poco en shock, no pensaba demostrarle mucho a él.- Me refiero a por qué ahora. Sabes que estoy con Rubén.

Estaba, me recordé mentalmente.Pablo se quedó unos segundos callado hasta que finalmente empezó a hablar de nuevo.

- Pues verás, al principio no lo intenté porque me sentía avergonzado por lo que hice. Y tu continuo rechazo, no me ayudaba, la verdad. Luego quise volver a acercarme a ti, pero me encontré tu madre y estuvimos hablando.

- Espera. ¿Con mi madre?

- Sí. Nos encontramos en el supermercado y le pregunté por tí y ella debió adivinar mis intenciones porque me dijo que si de verdad te valoraba, si sentía algo por tí, que te dejara porque estaba claro que yo sólo te iba a traer tristeza. Y que ahora que por fin estabas levantando cabeza, debería mantenerme alejado y dejarte ser feliz porque realmente lo estabas pasando mal. Y pensé que llevaba razón. Que quizás ya te había hecho demasiado daño y te merecías ser feliz. Así que, es lo que hice. Te dejé ser feliz. 

Al tiempo me enteré de que empezaste a salir con Rubén y yo...- hizo una pequeña mueca de dolor al recordarlo- bueno, no me quise entrometer. De verdad. Pero al verte en el centro comercial, pensé que era el destino y que tenía aprovechar mi oportunidad y, aquí estamos.

Paró de hablar y yo le miraba sin saber que decir. Abrí la boca un par de veces pero la volví a cerrar porque no sabía que decir. Ahora sí que estaba en shock.

- Ali, no he estado con ninguna chica después de tí. No he podido. Lo he intentado. He salido con algunas chicas, las he besado y... no era lo mismo. No sentía nada.

Me miraba fijamente. Con el semblante triste y apesadumbrado. Alcé una de mis manos y la pasé por encima de la mesa hasta encontrar la suya y estrecharla. No sabía que decir y eso es lo mejor que se me ocurrió. Con su otra mano, cubrió la mía y suya y nos quedamos así un rato. Sin decir nada.

- Ali, necesito que me digas algo. ¿Qué piensas de todo esto?

- Yo,... no lo sé. Es verdad que lo pasé muy mal Pablo. Me rompiste el corazón. - Sé dura. No te derrumbes. - Me costó volver a sentirme yo y no te voy a negar que conocer a Rubén me ha hecho mucho bien. Creo que le quiero. Sé que le quiero. Pero es un querer diferente al que querer que sentía por tí. Pero es verdad que nunca he podido olvidarte que aunque cada día un poco menos siempre has estado presente en mis pensamientos y me he odiado por eso, ¿sabes? Porque pensaba que no te merecías ni eso. Ni un pequeño pensamiento mío.- Pablo iba a interrumpirme pero no le dejé hablar- Pero ahora,... ahora no sé que pensar con todo esto que me has dicho.

- Esta bien. Pues, cambiemos de tema. Hablemos de otras cosas y ya sacaremos de nuevo el tema.

Enseñó su fabulosa sonrisa y no pude más que sonreír yo también.

Y eso hicimos. Nos pasamos las siguientes tres horas hablando de todo. De cosas de hace años, de cosas alegres de cuando estuvimos juntos, de cosas que habíamos hecho desde que no estábamos juntos. Hablamos de todo menos de lo que teníamos que hablar. Porque quizás por ahora, ya teníamos más que suficiente y quizás también porque ambos necesitábamos reflexionar sobre lo que nos habíamos contado el uno al otro.

Cuando nos marchábamos de la cafetería insistió en acompañarme hasta el coche puesto que ya era tarde y ahí sin previo aviso pasó su mano por mi cara hasta llegar a mi cuello y acercarme hasta él para besarle.

Fue un beso dulce y cálido. De esos que no sabes que deseas y necesitas más hasta que no llega el primero.

Gracias por leerlo


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com