Memorias de un día desastroso (parte I)

Por Imperyus17
Enviado el 11/07/2014, clasificado en Intriga / suspense
702 visitas

Marcar como favorito

Ernesto se levantó cansado, mareado, malhumorado y con una inmensa jaqueca, razones que le hicieron maldecir al desgraciado tabernero por haberle permitido seguir bebiendo a pesar de su evidente descontrol, sin embargo, no tardó en darse cuenta de que la culpa era de él y de nadie más y que por lo tanto perdía el tiempo lamentándose por la indiferencia y el desprecio de los que le rodeaban. Tenía frío y decidido hizo un esfuerzo sobrehumano por alcanzar una vieja y cochambrosa chaqueta, la cual se hallaba en aquellos momentos tirada sobre el suelo. Al alcanzarla metió cuidadosamente sus brazos, los cuales sentía que le pesaban como piedras entre las mangas, después procedió a intentar meter la cabeza, no obstante, desistió cuando recuperó un poco la cordura y cayó en la cuenta de que para ponerse una chaqueta no hacía falta, por lo tanto se dispuso a abrocharse los botones y después volvió a caer al suelo en el cual antes había dormido. Pero esta vez estaba despierto y podía observar todo lo que había sucedido en su casa aquella noche.

El suelo estaba sucio y mojado de vodka, las sillas estaban medio rotas, la mesa patas arriba y los cubiertos desperdigados por el suelo, por otro lado el televisor estaba roto y el mando por alguna extraña razón se encontraba en el interior de sus calzoncillos. Recapacitó—:

— ¡Dios mío, que he hecho!

Pronto comprendió que su embriaguez no fue algo normal y se sobrecogió al pensar que tal vez aún no lo había visto todo, no obstante, se serenó y se dirigió hacia la cocina para comprobar el estado en el cual se hallaba. Al llegar, observó horrorizado que el suelo estaba encharcado, pues se había dejado el grifo abierto, asustado, se dispuso a cerrarlo y después se planteó fregar y secar el suelo; sin embargo, se detuvo al comprobar que el microondas se había estropeado y después frenó de nuevo al percatarse de que el frigorífico estaba vacío. Pensó desconcertado—:

— ¡Y todo esto no es nada en comparación con lo que me espera, seguro!

Al sentirse desorientado, decidió sentarse en el sofá del salón mientras ordenaba sus pensamientos y trataba de hacer memoria. Poco a poco fue recordando que el día anterior se resumía en una sucesión continua de fracasos y que por eso comenzó a beber con semejante desenfreno. Le echaron de su trabajo y su novia rompió con él, todo en el mismo día, lo cual le sumió en una fuerte depresión, que evidentemente aún persistía y seguía consumiéndole por dentro.

De pronto rompió a llorar y se lamentó por su suerte, pero aquello no le resultó relevante y tuvo que hacer un esfuerzo por recordar más detalles, de pronto alguien que llamaba al timbre de su puerta interrumpió el hilo de sus pensamientos. Era el cartero, ese ser desconsiderado que llama siempre a las peores horas y cuando menos se lo espera uno. Traía un sobre para él y por supuesto ya estaba plenamente convencido de que su contenido iba a ser nefasto. Antes de darle el sobre le preguntó—:

— ¿Es usted Ernesto Antúnez Martínez?

—Me temo que por desgracia sí. —le respondió mientras se lo quitaba de la mano y firmaba.

— ¡Vaya, no tiene usted muy buena cara!, ¿se encuentra usted bien? —le dijo al observarle con cierta preocupación.

— ¡Eso a usted no le importa, métase en sus asuntos! —le respondió haciendo gala de su grosería, al tiempo que le cerraba la puerta en las narices.

Finalmente decidió sentarse a comprobar sin sus predicciones se habían cumplido. En efecto, era una multa certificada por la policía y en la cual se especificaba, que dos semanas antes un radar captó que sobrepasó el límite de velocidad en una carretera por la que ni siquiera recordaba haber conducido, de hecho tampoco recordaba cuanto hacía que no cogía el coche, pero como buen borracho, comprendió que sus recuerdos se encontraban bastante difuminados y que no necesariamente tenía que acordarse de todo lo que hizo aquella semana ni la anterior para comprobar la evidencia. Decidió aceptar la multa como algo legítimo e inmediatamente después retomó el hilo de sus pensamientos.

Recordó haber vomitado varias veces en el baño y también que no todas las veces apuntó bien, razón por la cual las cortinas adoptaron un color marrón con ciertas motas de tropezones y un nauseabundo e insalubre olor, esto lo comprobó mientras miccionaba asqueado por aquella horrible escena. Posteriormente, limpió las cortinas y las roció con grandes cantidades de colonia y desodorante para mitigar el olor, tras lo cual se sentó tranquilamente en la taza del váter y trató de seguir indagando en sus entrecortados recuerdos.

El día anterior había acudido a un bar, completamente decidido a ahogar sus penas con la amarga esencia del alcohol y decidió que lo mejor era tomar whisky a palo seco y procurando no saborearlo demasiado, sin embargo. hacía pausas de vez en cuando y rompía a llorar, montando con ello un penoso espectáculo que hacía reír a algunos tarugos sin sentimientos, que al igual que él recurrían a aquel local para evadirse del mundo hostil que les rodeaba. El local no estaba muy lleno y no recordaba haber contado a más de cinco personas incluyéndose a él mismo, uno de aquellos tipos, un hombre de escasa estatura y de facciones no muy agradables, le dijo al tiempo que interrumpía uno de sus berrinches—:

—El mundo es una mierda, ¿quiere que le invite a un trago y compartamos nuestras penas amigo?

—En primer lugar yo no soy tu amigo, en segundo lugar yo no comparto nada con nadie y en tercer lugar yo ya tengo mi botella de whisky.

— ¡Grosero!, yo solo quería ayudarle porque le vi llorando y me dio lástima, pero sabe qué, quédese solo y beba hasta reventar de un puto coma etílico.

Aquél individuo se marchó, pero los demás se acercaron a Ernesto con curiosidad. Sus miradas, sus rostros, sus cuerpos y sus propias sombras le resultaban molestas y le asqueaban a niveles inimaginables. Un individuo gordo, alto y con escasos modales le dijo—:

— ¿Qué te pasa amigo, te ha dejado acaso la zorra de tu novia?

Aquellas palabras alteraron por completo la poca serenidad que consideraba tener y con un gesto poco pronunciado, sacó una navaja de su bolsillo, tras lo cual le amenazó para que cerrara la boca.

— ¡Dios! ¿Por qué hice eso?, ¡yo no soy así!—Exclamó mientras se asqueaba al rememorar aquel extraño recuerdo.

A pesar de todo, los malos recuerdos le impulsaban a seguir reconstruyendo la historia y decidió seguir intentándolo, no obstante fue en vano, ya que a partir de ese momento todo se le turbaba bastante y ya solo conseguía rememorar ligeros fragmentos que no tenían cohesión entre sí y que por lo tanto no hacían otra cosa que desconcertarle más.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com