La muerte de Ño Pérez

Por chirimías
Enviado el 11/07/2014, clasificado en Humor
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Se fue el cuerpo de  Porfirio Pérez a dormir el sueño de los justos, y por esa misma justicia se le fue el alma al infierno. Era Porfirio Pérez, ño Pere, vecino de tío Antonio Chirimías.

Sin familia y soltero de necesidad durante sus primeros setenta años; al ser persona de dineros, casó con él Florita, una joven muchacha procedente de una de las familias más modestas del pueblo. De este modo, el viejo no pasaría solo sus últimos días, y Florita sadría de una vez por siempre de su miserable vida. Tirano y sirvienta bajo el mismo techo.

No había sido hombre bueno y, a menudo, solía ajustar las cuentas de su mal vino con el lomo de la pobre Florita.

Persona altiva y mal encarada, se había ganado a pulso la antipatía de sus convecinos, lo cual no fue impedimento para que toda la vecindad acompañase a la joven viuda en el entierro. No tanto por el afán de darle al viejo el último adiós, sino más bien por asegurarse de que aquel hombre ruín no saliera nunca de su sepultura.

Gimoteaba Florita, muy en su papel de viuda, mirando a uno y a otro lado a sus vecinos. Ni una lágrima resbalaba por su rostro. Recordaba como una horrible pesadilla los hoscos modales del difunto y aún siseaba en sus oídos el sonido de la correa antes de fustigar su cuerpo tembloroso.

Tanta lejanía y tan poca complicidad hubo entre ellos, que Florita nunca llamó a su esposo por su nombre, Porfirio, sino ño Pere hasta el resto de sus días.

- ¡Ea, por ya descansó. No somos naide.!. Rompió el silencio Marcial Cascorro el teniente, compadre de tío Antonio Chirimías.

- ¡Mah bien hemoh dehcansao tos nosotroh!. Decía, por lo bajini, tío Antonio Chirimías.

Desfilaba ya la gente hacia la puerta del cementerio y quedó la viuda delante de la lápida en compañía de su familia y de los vecinos más próximos. Así dijo mirando hacia la tumba con tristeza.

- Pobre ño Pere, ¡cómo se ha ido!. ¡Ahí se queda solito!. Sollozaba.

Después de un largo silencio y de un hondo suspiro, se recompuso la joven viuda:

- ¡ Pero ni se l'ocurra movese, ño Pere!. ¡Que ahí ehtá usté mu fresquito!.

Verídico, bajo adaptación.


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