Memorias de un día desastroso( parte IV)

Por Imperyus17
Enviado el 12/07/2014, clasificado en Intriga / suspense
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Aquella noche, se acostó temprano y se tomó una potente pastilla para poder conciliar el sueño, tenía pensado leer un poco antes de dormirse, no obstante el efecto químico de aquél medicamento se lo impidió y se dio cuenta del tonto despiste que cometió al no haber esperado a terminar de leer para tomarse aquella pastilla. De todas formas, decidió no enfurruñarse por sentir el sueño que él mismo había querido minutos antes y apagó su lamparilla para rendirse definitivamente a la somnolencia, consiguió dormirse sin problemas, pues los remordimientos le aguardarían en sus posteriores y trágicas pesadillas.

Esa vez no soñó con algo que hubiera ocurrido aquél fatídico día, ni tampoco se le mostró ningún tipo de diálogo, sino que simplemente soñó con imágenes y ninguna de ellas parecía real. Para empezar soñó con un río de sangre, el cual tenía cierta similitud con aquel lago situado en Cataluña, en donde se consumían los restos de un hombre, que ni él mismo recordaba haber matado. Pero el sueño no terminaba ahí, pues posteriormente veía con total libertad el fondo de aquel sitio y observaba a los numerosos peces que devoraban sin piedad aquel putrefacto cadáver, sin embargo, lo más angustioso de dicha situación, era que cuando ya se lo habían comido, volvía a regenerarse para volver a ser presa de aquellos animales y posteriormente se volvía a repetir el proceso, hasta que finalmente el sueño dio un giro inesperado y se situó en su propia casa, en esta ocasión no había ningún cuerpo desconocido, ni animales que pudieran devorarlo, pues allí se encontraba su novia sonriente, pero había algo en ella que no era normal, su cuello era muy frágil y la cabeza amenazaba con desprendérsela, acción que aconteció a los pocos segundos. Lo más surrealista de aquella situación, fue que ella seguía moviéndose y con sus frágiles manos, de las cuales brotaba sangre, sujetaban su cabeza, provocando que su mirada se clavase en la frágil silueta de Ernesto, tras lo cual sus ojos se derretían y finalmente él despertó sudoroso, con el corazón al borde del infarto y con la seguridad de que había estado hablando en sueños, pues los vecinos le gritaban que se callase y que dejara dormir a los demás, ya que era de madrugada.

No pudo volver a dormir, aquella pesadilla lo tenía intrigado y sus remordimientos no le daban tregua, se sentía culpable. Toda la sangre fría que había conservado prácticamente intacta hasta aquel momento se desvaneció de la noche a la mañana, pues ahora sí estaba convencido de que él era un asesino y lo que era peor, no solo lo era de aquel desconocido, sino que también lo era de su propia ex novia. Estuvo unos cuantos minutos intentándose convencer de lo contrario, esta auto exculpación no le sirvió ni para defenderse de sí mismo y lo único que logró con ello fue confirmar su teoría de la culpabilidad.

Tampoco pudo recurrir a la sugestión de que los mafiosos fuesen los únicos responsables de los asesinatos, puesto que aunque así lo fuera, del asesinato de su novia era bastante improbable que hubiese algún partícipe aparte de él mismo.

— ¡Esto es de locos, me he convertido en todo aquello que odiaba! —decía en voz alta, sin temor alguno de que algún vecino le escuchase.

Se pasó toda la madrugada temblando y dándole vueltas al asunto, cuando amaneció no tuvo ni siquiera ganas de desayunar y por primera vez se dio cuenta de algo que resultaba evidente, pero que él no había notado anteriormente—:

—Yo ya estoy muerto—reflexionaba.

Pues nada de lo que hiciera iba a servir ya para cambiar su fatal destino, no había escapatoria y la muerte llegaría por si sola sin necesidad de buscarla. Su vida había llegado a un punto muerto y decidió que había llegado el momento de tomar una decisión, sin embargo, al no verse con fuerzas para tomarla, decidió primero intentar resolver la metáfora de su ex novia decapitada y la del cadáver que se regenera después de ser devorado. Pensaba que si las resolvía, conseguiría recordar todo lo que pasó aquella fatídica noche y ciertamente no se equivocaba, como posteriormente confirmó una semana después.

Estuvo todo ese tiempo en su casa encerrado devanándose los sesos, sin comer apenas y sin lavarse, pero cuando ya estaba a punto de rendirse, vio la luz al final del túnel, unos peces que devoran un cadáver que debió ser enterrado. Aquello solo podía significar una cosa, cometió un crimen contra la decencia humana y por más que tratara de destruir las pruebas, estas se recompondrían inevitablemente.

Por fin lo pudo recordar todo, aquel día, se fue de juerga con aquellos tipos, los cuales no eran mafiosos, sino que era personas relativamente normales y el único que parecía extravagante era él. Después de que amenazara a aquel corpulento individuo, este se disculpó y al poco tiempo empezaron a hablar amistosamente, probablemente fue debido a los efectos del alcohol, pero empezó a entablar amistad con cada una de aquellas personas y sin razón aparente les contó con todo detalle lo que le había sucedido, estos le consolaron y le propusieron salir de fiesta con ellos y abandonar aquella taberna de mala muerte.

Se fueron a una discoteca y tras pasar un tiempo bailando y haciendo literalmente el ridículo, identificó a su antiguo jefe entre la multitud, estaba resentido y quería acabar con él, sus nuevos amigos no se lo tomaron enserio y le propusieron gastarle una broma, sería sencillo ya que solo tenían pensado seguirle cuando saliera de aquel sitio. Simplemente querían darle un susto con el coche de Ernesto, pero este quería más y no se conformaba con provocarle una ligera taquicardia con un fallido intento de atropellarle, pues pisó excesivamente el acelerador, ignorando los consejos de aquellas personas. Logró su objetivo, pues le atropelló y pudo verlo malherido y arrastrándose por el suelo pidiendo ayuda patéticamente, ellos se asustaron y trataron de hacerle entrar en razón, uno de ellos lo apuntó con una pistola y le intentó obligar a que llamase al 112 y que les contase que fue un accidente, pues ellos no querían meterse en líos, pero él estaba demasiado borracho y solo pensaba en vengarse de su jefe, por lo que le asestó un fuerte puñetazo en la cara y le robó el arma aprovechando su conmoción.


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