Solo te pido que me ayudes a enterrarlo.

Por ErinBukoswki
Enviado el 14/07/2014, clasificado en Intriga / suspense
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Solo te pido que me ayudes a enterrarlo.

Es media noche y las estrellas se encuentran más brillantes que nunca. La ausencia de luces artificiales hace el trabajo más fácil de lo que parece. El paisaje es hermoso- pensó-. Apago el automóvil y abrió el maletero. Buenas noches señor Gómez- dijo mientras que jalaba su cadáver del automóvil y agrego:- Es una lástima que allá que tenido que matarle sin antes haber visto esta bella noche, bueno no todo tenemos lo que queremos. Y, así prosiguió este extraño personaje a tomar las herramientas necesarias para cavar un hueco, lo suficientemente profundo para ocultar, por razones obvias, al cadáver del famoso doctor Gómez.

De todas las maneras que pudo haber ocultado el cuerpo, esta había sido la más sencilla. Podía haberle cortado el cuerpo en 7 pedazos con su motosierra, y, haberle distribuido las piernas, los brazos, el torso, la cabeza y la pelvis en los basureros de la ciudad. Pero, el odiaba la sangre. Por eso, en primer lugar decidió estrangularlo en vez de gastar una bala de su arma automática. Nunca la había usado para matar, y no pensaba hacerlo. Solo un estúpido usaría la pistola que está registrada a su nombre. Lo único que si lamentaba es no haberlo planificado mejor, si se hubiese hecho con más tiempo pudo haberle torturado. Demonios, que suerte tuviste hijo de mala madre- pensó mientras que le daba una patada al ya difunto doctor Gómez-.

Debí haberle destruido como él lo hiso conmigo, ese bárbaro disfrazado de ciudadano respetable e intocable para las autoridades bajo su disfraz de médico y buenas relaciones con partidos políticos. Te debí haber humillado. Debí haberte encadenado y dejar que un homosexual te quitara todo los respetos que puede tener un hombre para sí mismo. Ah y grabarte, publicar el video y hacerles ver al mundo como eres. Ya no tengo dignidad conmigo mismo y tú eres el culpable. Eres el culpable de que yo no me reconozca en el espejo, eres el culpable del suicidio de mi hermana, eres culpable de una cicatriz que nunca se borrara por más que lo intente, y por  ultimo, eres el culpable de dejar a tus hijas sin un padre por el resto de sus vidas.

Todos estos pensamientos pasaban por la mente de este cómplice de la noche y autor del crimen mientras excavaba el hueco, ese hueco, el hueco donde iba a descansar el cuerpo de Gómez. Cada vez más se sentía más cansado -debí haberle quemado y me hubiera ahorrado este trabajo-pensó y luego recordó-: No hubiera servido de nada, debí haberle extraído todas sus tripas con una aspiradora para que su cadáver se convierta en cenizas, de lo contrario no hubiese servido. Seguiré cavando- se repitió a si mismo mientras hacía cada vez más grande el hueco-.

 Las horas pasaban cada vez más rápido, y el progreso del siguiente alojamiento permanente del cuerpo-lo que era mejor dicho- del doctor Gómez se estaba adaptando a su forma. El olvidaba algo muy importante, el auto móvil donde se transportó, junto con el cadáver había dejado huellas en el desierto donde se encontraban. Más temprano que tarde, los controles de ciudad pasarían por esa zona y se preguntarían: ¿Porque demonios estas huellas nos llevan a este lugar? Y pum, encontrado el cadáver, las huellas de llantas del vehículo, horarios de noche y madrugada en las alcabalas con las características del posible coche, entre ellos su coche y poco a poco descartarían hasta llegar a él.

Este personaje llevado de la locura y el sentirse insatisfecho, por su pobre ejecución decidió reírse de rabia hasta llenarse de lágrimas. Golpeó, Golpeó y Golpeó el cuerpo del doctor Gómez. Pero al cabo de unos momentos tuvo un instante de lucidez. Marco unos números y espero la contestadora. Alo- dijo la voz al otro lado del teléfono-. Soy yo necesito un favor- dijo el asesino-. ¿Qué pasa?- dijo el otro interlocutor-. Tengo la mercancía Gómez, pero necesito que te vengas ya. Te diré las coordenadas pero deja el carro en la carretera, no podemos dejar huellas.-dijo el asesino-. Pensé que era un trabajo sencillo, ¿porque necesitas mi ayuda?- dijo el interlocutor-. Solo te pido que me ayudes a enterrarlo- dijo el asesino y colgó-.

El asesino reía y reía. El hueco estaba terminado y las coordenadas enviadas. Todo el plan marchaba a la perfección. Su cómplice se acercaba cada vez más al destino del macabro encubrimiento del cadáver. Su cómplice se preguntaba a que se debía esta extraña ayuda. Él es un profesional, el no debería necesitar ayuda para enterrar a un cuerpo, aunque sea del gordo de mierda del doctor Gómez, bueno de todas maneras este servicio fue gratis, así que no debo quejarme - pensaba el cómplice mientras aceleraba por la carretera.-.

Pensé que tardaría menos, bueno que demonios, comenzare a hacer mi nuevo proyecto- pensó el asesino, mientras fumaba un cigarro y agrego:-. Espero que allá traído el vehículo con los vidrios ahumados, lo menos que necesito es que identifiquen a alguien tan cercano del doctor cerca de este desierto, este maldito y despoblado desierto. Tomare una siesta en el auto, esperare a ese cabreado ser aquí.

Lo que resta de este relato fue publicado en los medios de prensa más respetados del país. Así decía los titulares: “Homicidio-Suicidio en el desierto, los hermanos Gómez se encuentran muertos. La policía ha declarado que este caso se encuentra cerrado por fuertes pruebas, el hermano del famoso doctor Gómez ha cometido suicidio justo después de haber asesinado a tu propio hermano. Cabe destacar, el doctor Gómez ha sido sospechoso de un total de 10 violaciones cometidas en su propio despacho, incluida el caso de Amanda Gómez, su sobrina.”


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