Un cuadro sin firma

Por cclecha
Enviado el 25/07/2014, clasificado en Amor / Románticos
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     Esta semana que viene tendrá lugar la gran subasta…tenemos pintores de primer nivel, un José Cusahs, lógicamente de tema militar, un Joaquín Mir sobre una cala de Mallorca e incluso un pequeño Sorolla, de tema marinero. También cerámicas de Limoges y un jarrón de Sèvres . El apartado de muebles, es espectacular, con burós tipo imperio, mesas de comedor y aparadores enormes en nogal para masías…y también hay que decirlo, numerosas piezas sin catalogar o pequeñas figuras y cuadros modernistas o noucentistas con firma desconocida que se venden muy bien.

       Ya se escuchan la voz de los clientes pasear por la galería, yo me encuentro en el baño, ajustando la falda y la blusa para salir al ruedo. La empresa nos ha rogado a las tres chicas que trabajamos como especialistas de arte que nos pongamos esta semana un uniforme de atuendo clásico para atender a los clientes. Me miro al espejo, me gusto y me doy por satisfecha, me acabo de arreglar el pelo y salgo al ataque.

       La gente va parando en procesión por la infinidad de obras que están expuestas, según su criterio y posibilidades. El público disfruta del espectáculo de las obras, ahora sin carcoma, sin telas de araña y convenientemente retocadas. Hay personas para todos los gustos, viejecitas que vienen a pasar la tarde, potenciales compradores que preguntan sobre las obras, curiosos de todo tipo…Ahora veo a un joven más bien maduro que me hace una seña y me parece que quiere preguntarme sobre un cuadro.

       -Dígame

        -Perdone señorita, le quería preguntar por este retrato de mujer… ¿Es una firma reconocida?

       - Oh, no señor, si se fija, ni siquiera está firmado. Calculamos que es de la época de los retratos de Casas, recuerda mucho sus obras, si bien no podemos catalogarlo.

       -La verdad es que el cuadro me fascina. La modelo con su moño recogido, sus cintas de colores en el pelo, este vestido que parece de seda blanca con todos sus volantes y pliegues, todos en su sitio,…es estupendo. Pero lo que más me hechiza, es su cara, la luz que irradia su rostro, el rubor de sus mejillas, parece que la idea de la belleza haya conectado con ella.

       -Tiene razón, yo solo me había parado a ver aspectos mas técnicos, como las pinceladas, la época….las trasparencias de la tela, los colores… pero si ahora que lo dice parece como si ella estuviera conectada con otra dimensión. Su mirada se eleva.

       -Perdone, pero me parece que toda esta fuerza interior que desprende la modelo, es consecuencia en gran medida del afecto del pintor

       -No le entiendo demasiado bien

        -Quiero decir, que seguro que ella irradiaba toda esa belleza que se capta en el cuadro. Pero es indudable de que la vemos con esa fuerza interior diferente, porque el pintor estaba enamorado de ella y transmitía la fuerza de sus sentimientos en el retrato.

        - Sí es verdad…-dije mirando al cliente de soslayo y recordando que ya lo había visto un par de veces por la galería contemplando las obras

      -Permítame una ligera aclaración ¿No ha notado usted que su parecido con la modelo retratada es más que evidente?

       Yo no contesté nada. Simplemente afirmé con la cabeza. Como mujer me había fijado en la semblanza casi total de mi rostro con el de la modelo. Estaba extrañada de las palabras de él. Volví a recordar que lo había visto un par de veces por la tienda y que también se había parado varias veces para contemplarme. Desde luego me había dado cuenta de todo ello. No sabía cómo actuar ni que decir.

       El continuaba examinando el cuadro y de repente se volvió para contemplarme y añadió

       -Si, iguales como dos gotas de agua. Es fácil comprender que el pintor se enamorara del rostro de la modelo. –acto seguido y desentendiéndose de lo que hablamos dijo- le tengo que pedir un último favor. Yo no me sé mover en las subastas, nunca he estado en ninguna. Quiero el cuadro, pero no sé si sabré comportarme adecuadamente, le pido que me vigile y ayúdeme a conseguirlo.

       Volví a asentir con la cabeza y le dije que no se preocupara, que conseguiríamos el cuadro. Entonces él, con completa seguridad, me dio un beso en la mejilla y me dijo

        -Muy bien, entonces hasta el día de la subasta.

         Mientras él se retiraba del local, yo me giré para contemplarlo. Bastante alto, indumentaria informal, no sé si guapo, no creo… o puede que sí…pero sobre todo, lo vi interesante… En fin, me vi un poco perdida y que ya estaba pensando en él. Menos mal que en medio de todo el follón ya me estaba requiriendo otro cliente…

         Han pasado las jornadas y ya ha llegado el día de la subasta. Me he ido dando cuenta de que anhelaba verlo otra vez, me sentía como idiotizada por los sentimientos y que la razón había huido de mí. Siempre había sido esquiva con los hombres y acostumbraba a regirme por pautas bastante estrictas sin embargo mis pensamientos se habían vuelto un tanto obsesivos…

         La sala está llena y las sillas casi todas están ocupadas…no llega… ¿Qué pasa?!Oh si! Ahora lo veo como me saluda y se sienta en la última fila. Empieza la subasta por las piezas menores, entre ellas enseguida viene el turno del cuadro sin firma. Como es un retrato burgués de una señora y además no catalogado, no hay demasiadas pujas por él. No ha hecho falta que le hiciera ningún comentario ni señal de ayuda. Finalmente el cuadro ya es de su propiedad.

         Entonces vino una ligera sorpresa para mí. Se levantó, me buscó con la mirada y me hizo un gesto para que me aproximase. Cuando me tuvo junto a él, me cogió ambas manos con las suyas y me dijo

        -Ya tengo en mi poder el cuadro, no ha sido difícil, ahora solo me falta una cosa que se me antoja mucho más complicada, conseguir la correspondencia de tu amor- me dijo mirándome con esos ojazos negros que entraban por los míos y se colaban hasta el fondo de mi corazón. Hubo una pausa que se me antojó interminable y continuó hablando- ¿Te puedo venir a buscar mañana cuando termines tu trabajo en la galería?

       -Claro que puedes…-no pude terminar la frase porque él me sello la boca con un rápido roce de sus labios en los míos. Quería que aquel instante fuera eterno, que no me soltara las manos y continuara muy cerca de él. Me hubiera tirado encima de él sin miramientos y sin freno. Sin embargo, note a distancia las miradas desaprobadoras de mis jefes y su rechazo delante de la situación. El, satisfecho, se despidió.

       Mientras enfilaba la puerta de salida mi vista de desplazó hacia el cuadro del retrato que todavía colgaba en la pared de enfrente, con número de subasta. Pensé que el rubor que se apreciaba en las mejillas de la modelo, bien podía ser debido a un arrobo sexual, a un deseo satisfecho, pero sin embargo la mirada y la expresión serena del rostro denotaban un amor ideal o puro. ¿Le habría dado ambas cosas el pintor del cuadro?


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