QUÉDATE A MI LADO

Por Tarrega Silos
Enviado el 01/12/2012, clasificado en Amor / Románticos
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I. Un nombre para nosotros

Me pediste buscar un nombre para nosotros. Considerabas que las denominaciones comunes no eran adecuadas. No éramos personas a prueba. Pero yo nunca encontré esa palabra.

Nos habíamos aceptado sin rendirnos, conservando nuestros sueños. Nuestro barco navegó tormentas lejos del naufragio. Pero al fin decidiste irte, como un extraño. Yo esperaba que te quedaras conmigo, en verdad deseaba que rehiciéramos lo nuestro.

Al despertar reconocí mis cortinas y la sensación de las sabanas me recordó que estaba desnuda, recordé el porqué. Una noche larga, me había dejado exhausta y feliz.

Sumida en un sueño profundo apenas superaba la amnesia de los primeros minutos del despertar. Supe que si me giraba, estarías frente a mí, profundamente dormido. Cómo pasa cuando llegas muy noche y me amas, y no me abandonas en la cama, huyendo de madrugada.

Te besé el rostro y aún dormido me regalaste un pequeño gesto de felicidad que me encantó. Destapé tu cuerpo para contemplarlo, recorriéndolo lentamente sin interrupciones. Traté de imaginar cómo se verían nuestros cuerpos al unirse. Recordé cómo sueles acariciarme sediento, y el deseo nació en mí y me arrebató pero antes de despertarte para hacerte el amor, me contuve. Preferí no interrumpir tu descanso.

Me conformé con poseerte mirándote. Mi danza visual se deleitó sobre tu cuerpo excitante, a merced, indefenso. Eras totalmente mío, y yo tuya.

Quise no ir a clase. Pero me gustó la idea de dejarte en mi cama, esperándome. Salir para hacer mis cosas y volver a tus brazos. Dulce: agregar felicidad a la felicidad.

Me levanté, rápidamente, observé de nuevo tu cuerpo y te di un beso. Los destrozos de la noche eran notorios, somos un tornado. Antes de irme ordené un poco, no quise que despertaras, en éste desorden, en este departamento que nunca te ha gustado. Regresé a la cama. Dormías, te un besito de despedida.

Llegué feliz a clase, para encontrar errores en mi proyecto. ¿Invertiré más tiempo donde soy malísima pero entusiasta?,… ¡Sí! Quería trabajar en el descanso, pero había un cumpleaños. Felicidades. Luego en el celular llamadas perdidas, tuyas. ¡Que dulce! No respondes. No importa: me esperas en casa.

Después de unos minutos, otra llamada tuya:

Enojo, ultimátum. ¿Porque te pusiste así?, ¿Porque te vas? Malas noticias. Yo, no puedo controlar a terceros, soy solo humana. Mi pequeño mundo se cae.

Ya no me esperas, tu presencia ya no llena mi casa. Estás celoso, furioso. Pero debes confiar en mí. Machos: siempre peleando territorio. Soy optimista, pronto pedirás explicaciones, regresaras y entonces te aliviaré y compensaré el mal rato. Y ese tonto de Alessandri va a pagármelas.

Por fin llamas. Yo, no paro de reclamarte, pero tú no me escuchas. ¨Llama a mi abogado¨, fueron tus palabras. Suprimo mi orgullo y te pido que me escuches que no cuelgues que no te vayas, que no abandones mi mundo, mi espacio: cortas. Abandono.

No hablas, no llegas y van semanas. Esta locura de explorador ya ha ido demasiado lejos. Estás en ningún lado. Deseé no haber ordenada nada aquella mañana para tener algún rastro tuyo en casa. Me consuelo, cualquier hombre se enervaría si el ex de su novia entra al departamento sin avisar, hasta la recamara, hasta la cama. Maldito Alessandri.

Te necesito para consolarme, deseo abrazarte y que me consueles por todo, pero estas no sé dónde.

¿Cómo seguirte?, deseo buscarte, dejarlo todo. Ayúdame.

Estoy molesta. No estas pero te reprocho todo, y quiero estrangular a Alessandri.

Te has ido, me siento mal, me veo mal, ahora tengo culpa. Me daría la vuelta, para que no me vieses llorar, pero no es necesario, no estas. Me abandonaste y yo te necesito.

Quédate a mi lado. La mejor versión de ambos está a flote.

¿Sabes que necesitamos?: estar en nuestros miedos e incertidumbres, lograremos vencerlos juntos, sin retroceder. Nunca nos aceptaremos totalmente pero sabremos comprendernos. No perdamos la valiosa oportunidad de transformarnos. Aprenderemos mucho. Quizás tengamos pronto la primera letra de la palabra que me pediste buscar.

II. Rutina de lanzarte piedras

Un rayo de luz. Un pequeño mensaje con tu nombre. Seco mis lágrimas, ánimo, la auténtica felicidad es luz entre sombras. Nos queda mucho que recorrer. Es tu abogado. Nos reunimos en secreto. Absurdo, no entiendo nada. La noticia me hace desfallecer. Me golpean todos mis reproches, mi rutina de lanzarte piedras.

Sucedió desde hace un mes. No lo puedo soportar, quiero arrancarme los cabellos. Luego pasan muchos días, muchos, muchos, muchos, muchos, días.

La depresión me enfermó, regresé a la casa de mi madre. Duermo 12 horas con tu playera térmica favorita. Noches y días se agolpan sin término.

III. Retorno en ocre

Un día, extraños logran rescatarte. Estoy loca por verte. Pero tuve que esperar una larga semana. Estás más flaco que nunca, tu piel tiene escamas, estas golpeado. Me duele verte así. Los dos somos una mezcla de tristeza y alegría. Yo: un rio de lágrimas, tu silencio.

Tu voz cambió, tu escritura cambió, no cantas. No quieres ir conmigo al departamento. Te explico lo de Alessandri, no haces comentarios. Lo entiendo, has sufrido mucho, pero no me dejas cuidarte y eso me pone histérica. Me tranquilizo, lo importante es que ya estas a salvo. Dentro de ti, eres otro y no me encuentro en ese otro.

Eres un bruto. Dices que te iras, por mucho tiempo, sin decir a donde. Llévame contigo, te lo suplico. Dices que dejaras todo atrás. Me torturas. Me matas. Apenas te he recuperado. ¿No sabes que eres mío y que te necesito?

Quédate a mi lado. Ahora te auto-secuestras. Desapareces una vez más y te llevas de nuevo mi vida. Que injusticia, para mí, para todos lo que te amamos.

Los que te llevaron destruyeron algo en ti. Ahora tú me destruyes a mí. Tú nunca regresaste, y no puedo tener una lápida y un luto. Te largaste y me dejaste con tu dolor.

Tus últimas palabras: no sé quién soy ahora, busca en alguien más tu felicidad.


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