Aun sigo siendo una tonta enamorada

Por Melina
Enviado el 28/07/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Hace un tiempo me preguntaron si lo extrañaba. Si a pesar de los cinco meses que hacía que no lo veía, seguía sintiendo algo por él. Si seguía esperando cada mañana su mensaje de los buenos días, y cada noche, su mensaje de dulces sueños seguido de un te amo. El te amo que yo pensaba que era sincero, esas dos palabras que me revolucionaban y me hacían sentir la persona más feliz de la Tierra. Me moría de amor cada vez que me decía que era su vida, que era lo mejor que le había pasado, que era la primera vez que se había enamorado tan profundamente y que amaba a alguien.
Como una tonta creía cada una de sus palabras. No es que quiera justificarme, pero estaba enamorada. Y dicen que cuando uno está enamorado, se cree todo. Quizás ese fue mi gran error. No ver los errores que él cometía y que yo, como una tarada, tonta enamorada, permitía. Tarde en darme cuenta. Mucho. Ojala no hubiese tardado tanto. Ojala me hubiese dado cuenta a tiempo, y así ahorrarme por lo menos un poco de dolor. Pero no. Yo estaba enamorada. Ciega de amor por una persona que lo único que hacía era mentirme en la cara. Una y otra vez. Total me inventaba alguna excusa barata, yo me la creía y todo seguía como si nada.
No fue solamente una vez que me mintió. Fueron varias. Mentiras que tapaba con alguna excusa, que yo, lamentablemente, creía desde la primera hasta la última palabra.

Primero fueron los mensajes de texto que encontré en su celular. Supuestamente de su mejor amigo con una chica. Esa fue la primera mentira. No era muy dificil de creer que su amigo este con una mujer, que seguramente, conociéndolo, era de esas que no le duraría más de unas noches. Por eso, le creí. Pero resulto que esos mensajes eran de él y de una morocha a la que intentaba conquistar. ¿Cómo me di cuenta? Por qué en uno de los mensajes se mencionaba su nombre. Ahí vino la mentira. Me dijo que ella lo estaba buscando, que siempre le lanzaba indirectas y le coqueteaba. Pero que él, solo le había seguido la corriente por diversión pero que no había pasado nada. Que se disculpaba por haber caído en su juego pero que me juraba que no había pasado nada. Y otra vez le creí. Despues vinieron las “horas extras” de su trabajo. Y acá, la tonta enamorada confió en que era verdad. Como una idiota, le preparaba la cena para así poder disfrutar de un rato juntos, pero él no aparecía, y a mí no me quedaba más remedio que tirar todo. Y encima me preocupaba, me iba a dormir pensando en lo cansado que seguramente terminaria el dia. Si claro. Ahora que lo pienso seguramente terminaba cansado pero no precisamente por trabajar, sino por revolcarse en la cama con alguna.

Pero por suerte un día pude ver que tan tonta era y aunque en su momento fue lo peor que me pudo haber pasado, hoy agradezco haber descubierto la verdad. Fue un sábado a la mañana. Me había dicho que tenía un viaje de trabajo. Justamente el fin de semana en el que iríamos al campo con mi familia. Yo  creí lo que me dijo, como siempre. Hice dos o tres preguntas nada más. Confiaba en él. Parecía tan molesto por no poder ir, que le dije que ya habria otra oportunidad. Mientras preparaba mi bolso, me di cuenta que me faltaba ropa que había dejado en su casa. Aproveche que días antes se había olvidado una llave y me tome un taxi hasta allá. A él no le gustaba que vaya a su casa sin avisar, pero total no estaba. ¿Qué podía pasar? Pero si, él estaba en casa. Y no solo. Apenas entre, me lleve la peor decepción de mi vida. Dormía profundamente con una morocha, que seguramente era la misma con la que se había estado enviando mensajes semanas atrás. Pero eso no era todo. Estaban desnudos y había ropa de ambos desparramada por toda la habitación. No hacía falta preguntar qué es lo que habían estado haciendo. Me quede quieta unos instantes, tratando de procesar todo lo que estaba viendo. Ni siquiera me moleste en despertarlos. Menos que menos pensé en mi ropa, que había sido lo que me llevo hasta allí. Salí corriendo, y recién una vez que estuve afuera, me permití llorar. Las lágrimas caían por mi mejilla una tras otra, mientras yo trataba de ahogar el llanto y no hacer caso al nudo en la garganta que apenas me dejaba respirar. Acaba de ver al hombre que amaba en brazos de otra…


Obviamente no fui al campo. Es más, no salí de mi departamento en todo el fin de semana. Incluso el lunes tampoco fui a trabajar. Me excuse con una gripe. De esas que tan común son en esta época del año. Pero la verdad es que me la pase acostada en mi cama llorando, recordando todo lo que habíamos vivido juntos en los nueve meses que había durado nuestra relación. Nueve meses en los que ahora, pensándolo bien, seguramente él estaba de día en mis brazos y de noche en los de otra.
Ese pensamiento me carcomió la cabeza durante bastante tiempo. No podía dejar de pensar en la posibilidad de que me haya estado engañando siempre, de que mientras estaba conmigo, también estaba con otra; de que mientras a mi me decía te amo, se lo demostraba a otra...
Después de muchas lágrimas, llegue a la conclusión de que creer en aquella posibilidad me hacía mal. Ya estaba. Quizás si, quizás me había engañado con otra todo el tiempo, pero ya no podía hacer nada. Solo podía recordar los buenos momentos que habíamos pasado juntos y jurarme que no volvería a hacer tan confiada y tan estúpida con los hombres.

Hoy estoy acá, algunos meses después. No voy a decir que estoy fantástica, porque sería una mentira enorme, pero puedo decir que estoy mejor. Ya no lloro por las noches, y me reconforto pensando no solo en que logre dejar de vivir en una mentira sino que fui yo sola quien la descubrio. 


 Así y todo, tengo que reconocer, mal que me pese, que lamentablemente, aquella vez cuando me preguntaron si lo extrañaba, termine confesando que sí. No pude hacerme la fuerte, y me derrumbe, diciendo que sí, que lo extrañaba, que cada día que pasaba se me hacía más duro por no poder verlo, por no tenerlo cerca. Porque a pesar de todo el daño que me hizo, a pesar de la cantidad de lágrimas que derrame, lo sigo extrañando.  Es triste, pero estoy segura de que si algún día vuelve y me pide perdón, lo perdonare. Porque a pesar de todo lo sigo amando; porque a pesar de todo sigo siendo una tonta enamorada que lo único que sueña es volver a ser feliz, con él; porque solo sueño con el que vuelva, me pida perdón y estemos juntos de nuevo.


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