Tacoaltos.

Por Néstor José Jaime Santana
Enviado el 30/07/2014, clasificado en Varios / otros
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Había una puta muerta en la piscina del hotel.

Llevaba tanto tiempo dentro que ya estaba hinchándose.

Las mosquitas y libélulas chapoteaban alrededor de su coño.

Nadie se percató, fue culpa de ese idiota.

-¿Porqué la arrastraste hasta tu cuarto?

-Quería follarla, pero nunca tuve el dinero que pedía: 40 por un completo... Entendí que muerta sería una buena oportunidad, después de todo se ahogó, así que seguiría húmeda.

La encontraron completamente desnuda, salvo por unos incipientes tacones que no estaban puestos, no era unos zapatos que se hubiera colocado alrededor del pie como podría hacer una abuela con medias color carne, una monja de tobillos descomunalmente gordos, atrofiados, no: los tacones, preciosos, rojos, de al menos 15 centímetros de alto nacían desde sus talones iguales a ramas hermosas paridas desde el interior del tronco de un roble... incluso ya muerta aquellos zapatos le creaban la ilusión de un culo sabroso, arrebatador, dos nalgas acolchadas, tersas, equilibrio exquisito entra lo mullido y lo duro como los buenos sofás, únicamente imagen -vistas en perspectiva era un culo lleno de celulitis, dos fofas mitades de naranjas viejas-, real o no, de una forma u otra daban ganas de reposar la cabeza en aquellos glúteos sin morderlos, sin tocarlos, sin deseos, simplemente apoyarse en aquel culo hasta permanecer dormido, regresar al útero materno -quizás el sexo es tan placentero para los tíos heterosexuales porque una parte de nosotros vuelve a estar dentro de aquella calma vaginal-, pero nadie quería de ella más que su chocho, su boca: era una puta, preciosa, pero muy puta. Lo peor de aquel espectáculo cuando vino la policía para levantar el cadáver fue que le quitaran los tacones: alguien le había privado de su dignidad, de su respiración, durante toda una vida la redujeron a intercambio, regateo y cierre de precios, se quedó preñada en algún servicio que resultó ser una ruleta rusa de esperma, jamás nada le pertenecía realmente a ella desde el día en que pisó el burdel, ni siquiera su propio cuerpo... ¿qué necesidad hubo de arrancarle aquel pedazo de sus pies, esa extensión de su propia carne, lo único que la diferenciaba del resto de mujeres, prostitutas o no? Tomaron los tacones, los metieron en una bolsa trasparente como si fuese el bocadillo de algún crío en el recreo, lo archivarían más tarde con el resto de pruebas y jamás volvería a usarlos esa obra de arte pulida en pedazos de carne, filetes muertos que no comemos simplemente por ser ilegal: si el asesinato no estuviera perseguido algún tipo con dinero suficiente y un par de locales por explotar ya habría comercializado los Sandwichking de teta, los Mcnuggets de pierna-de-bailarina y de seguro que se los consumiríamos, nos arrastraríamos cada primero de mes al piscolabis más grasiento para dejarnos casi la mitad del sueldo en un par de bocadillos que realmente nos producen arcadas bañados en refrescos que pulen nuestra dentadura como pasta dentífrica disolviéndose en un lavamanos de agua ardieno, pero de cualquer forma todo se vende. Simplemente se necesita la foto de un cartel con buenos filtros, una frase pegadiza en los anuncios, alguna famosa o una buena tetona anónima si no hay suficiente presupuesto y listo: todo se quiere comprar cuando una cara bonita lo consume primero, no debemos lanzar buenos productos, tan solo buenas mentiras que el público no crea la verdad, sino la palabra, los restaurantes no se llenan gracias al sabor del plato, sino a la fotos en su pared, en el periódico, los jugadores de fútbol últimamente llevan más peinados que goles en su palmareses y a los presidentes del equipo le encanta, después de todo sus cuentas engordan con las camisetas que venden del número 9, no con sus goles: el mejor equipo del mundo podría perder seis liga consecutivas, decender, escupir en el escudo de la ciudad que representan y aún así habrían miles de abonados cada temporada, solo sería necesario vender aquello del “jugador número 12”, “te necesitan más que nunca”, “históricamente seguimos siendo los más grandes”... al fin y al cabo“El verbo se hizo carne”: la palabra es tan jodidamente poderosa porque está preñada con los esmaltes que luego configuran la realidad... la palabra es transformadora... la palabra es una serpiente de dos cabezas, una a cada lado... la palabra es un explosivo imposible de contener una vez que se le arranca la anilla... lo importante de la palabra no es su capacidad de representar el mundo, sino de cincelarlo y la mayoría de los artesanos de la lengua suelen llenar sus barrigas gracias al sofismo, no a lo cierto.

Investigaron las huellas de la mujer: sin documentación era muy complicado averiguar nada acerca de su domicilio, sus parientes... ninguna información. Tampoco encontraron móviles o llaves que pudiera ser de ella, simplemente una puta muerta. Examinando los genitales descubrieron que la penetraron post morten: el tipo que limpiaba la piscina violó su cadáver tras una torre de hamacas amarillentas y medias podridas que andaban cerca de la entrada: decidió subírsela a su cuarto porque el sol es demasiado fuerte hoy, tenía miedo de que el cuerpo de su puta se echara a perder... mientras la arrastraba fue cuando se fijaron por primera vez en el cadáver de la prostituta: los clientes comenzaron a chillar, el socorrista consiguió reducir al pervertido, llamamos a la policía, al director del hotel que a su vez andaba con otra fulana... periodistas, forenses... todo un circo que duró al menos dos horas.

-Llévenla a la morgue: accidente, corte de digestión... lo que prefieran, si puede ser sin autopsia, mejor: no creo que nadie quiera malgastar ni un minuto de su vida investigando este asunto.

Arrestaron al necrófilo... Se llevaron a la puta muerta... declararon ahogamiento tras caerse al agua por culpa de un desmayo fruto del calor... nadie se fijó nunca en los diez moretones que manchaban su cuello, en las uñas rotas cubiertas de piel... nadie abría dejado de nadar si el limpiador no la hubiera sacado del agua para follarla... la puta está en la morgue: en el hotel todos toman refrescos y bocadillos alrededor de la piscina.


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