Lo amo mas que lo que lo odio

Por Melina
Enviado el 03/08/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Siempre hay una persona en el mundo a la que odias. Esos que dicen que no odian a nadie, son unos hipócritas. Bueno, ese es mi punto de vista. Siempre hay alguien a quien le tenes bronca, a quien no podes ni ver. Esa persona que desearías que desaparezca de la faz de la Tierra. También, hay una persona a la que amas más que a nada. Esa persona que te ilumina la cara con solo pensarla, por la que sentís que tu corazón rebosa de amor, por la que te hace sentir maripositas en la panza, como cuando eras adolescente y recién estabas descubriendo lo que era el amor. Lo complicado es cuando la persona que odias y la que amas son la misma. Cuando esa persona que tanto odias es, al mismo tiempo, esa que tanto amas. Si, conflicto de sentimientos. Difícil. Amar y odiar es todo un tema. Por un lado queres no ver nunca mas a esa persona pero por otro, necesitas tenerla cerca todo el tiempo. Mientras deseas no saber nada al mismo tiempo queres saberlo todo. Eso era lo que me pasaba a mi con el. Lo odiaba pero a la vez lo amaba.

La verdad es que estoy en un momento de mi vida en el que ese odio y amor me harto. Ya no sé que hacer. No se si tengo que seguir odiándolo, o puedo dar rienda suelta a ese amor inmenso que le tengo. Si, no hay nada que me prohíba amarlo y estar con el. Pero también hay tantas cosas que me hacen odiarlo y quererlo lejos. Pareceré una histérica, no lo niego. Hace tiempo que tenemos esta extraña relación. Ya no me acuerdo cuando o como empezó. Podemos pelearnos todo el día, discutir por cada cosa, decirnos de todo; pero cuando cae la noche y el día termina, es como que todo ese odio se evapora y solo somos nosotros dos amándonos. Y no podemos seguir así. O estamos bien, o estamos mal. Todo junto no. Es demasiado. Para mi, para el. Ninguno de los dos puede soportar esto. Pero tampoco ninguno de los dos hace algo para cambiarlo. Por eso llego este momento en el que decidí, que si él no decide, decido yo.

Estuvimos tres días alejados. Sin vernos, hablarnos, sin ningún tipo de contacto. Necesitábamos alejaros y pensar. Sobre todo yo, necesitaba tomarme un tiempo y llegar a una solución. Decidir de una bendita vez si lo amaba o lo odiaba. Y la encontré. En realidad ya el primer día la  había encontrado. Cuando me di cuenta de que no podía dormirme porque no dejaba de pensar en él, cuando me di cuenta la necesidad que tenia de que esté conmigo. Ni me acorde de todos sus  defectos y todas sus cosas que tanto odiaba. Solamente pensaba en lo lindo que era, en sus virtudes, en lo bien que la pasábamos juntos y en cuanto lo amaba. Lo amaba como a nadie. Y el solo pensar en tenerlo lejos, me hacia doler el pecho. Ahí fue cuando me di cuenta que lo amo mucho mas de lo que odio, me di cuenta de que él es mi vida y si no lo tengo me siento… nose, vacía.

El ascensor se abre y yo camino esos diez pasos que sé me de memoria hasta estar frente a la puerta de su apartamento. Tomo aire antes de golpear. A pesar de que estoy segura de lo que voy a hacer, necesito valor. Lo hago. Golpeo dos veces y espero. Me abre y lo miro. Lo miro fijo a esos ojos oscuros que me hacen sentir tantas cosas. Entonces lo veo. Veo como su sonrisa se dibuja al verme y como esos ojos se llenan de amor. El amor que él también me tiene. El amor que, creo, supera cualquier odio. El me ama. Me ama más que lo que me odia. Definitivamente estos tres días no solo me sirvieron a mí para poner en claro lo que siento. Sonrío y me abalanzo hacia él, abrazándolo fuertemente. Me siento en casa.

“No te vayas nunca más” me susurra y vuelvo a sonreír, aunque no puede verme. Me aparto un poco. No es que quiera tenerlo lejos. Créanme, que en estos días aprendí que eso es lo que menos quiero y necesito. Pero quiero mirarlo de nuevo a los ojos. Necesito decirle algo mirándolo a los ojos.

“Te amo” le digo con una sonrisa llena de felicidad. Y confieso que es la primera vez que se lo digo a una persona que no sea mi familia o mis amigos. Es al primer hombre que le digo que lo amo. Y él lo sabe, y por eso creo que sus ojos se humedecen. O quizás soy yo que ya estoy viendo cosas, no sé.

“¿Mas de lo que me odias?” me pregunta, también sonriendo. Yo asiento con la cabeza y entonces el larga una carcajada. Extiende su mano y me acaricia la mejilla. Se pone serio y se acerca más a mí. Apoya su frente sobre la mía y cierra los ojos, como disfrutando de aquel contacto, de aquella cercanía. “Yo también” me dice “Yo también te amo mas de lo que te odio”

Y entonces me besa. Y termino de estallar  de felicidad. Porque no necesito nada más que él y su amor para ser feliz. Porque estoy segura de que nunca vas lo voy a odiar. Es más, seguramente nunca lo odie. Seguramente era una especie de barrera que me ponía para no terminar de entregarle mi corazón, para no admitir que lo amaba. Pero ya esta. Termino. Lo amo y el único sentimiento que me viene a la cabeza cuando lo pienso, es el de amor infinito. 


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