Continua la Travesura

Por Guia45
Enviado el 15/08/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Quería ahorcar a Juan por ser tan inoportuno, pero con un poco de paciencia mi curiosidad sería recompensada.

De hecho fue muy bien recompensada tiempo después, situación que solo incremento mi curiosidad y mis eróticas fantasías.

El siguiente premio a mi curiosidad llegó varios días después, está vez Lulú quien satisfizo mi curiosidad juvenil. Quién participaba en el equipo de atletismo de la Universidad y yo practicaba regularmente musculación y artes marciales.

Ese sábado, como acostumbraba estaba despierto a las 5:30 de la mañana, para mis acostumbrados 15 kilómetros en la carretera recorrer. Estaba a punto de salir, cuando Lulú salió enfundada en ropa deportiva, zapatillas deportivas y medias blancas, short negro realmente muy corto, suéter color gris, que casi cubría completamente su short. 

- Buenos días Beto.

- Buenos días Lulú, vas a entrenar.

- Si me llevas.

-Vamos

Ese día la excitación hizo que yo corriera los quince kilómetros en tiempo record, y que provocó que la terminar estuviéramos completamente mojados por el sudor, a la hora que el sol calentaba por lo que regresamos a casa bajo un intenso sol, sin las respectivas suéter y buscando una ducha fría. Situación que solo provocaba que bajo su ahora indiscreta camiseta, se resaltara su estilizada figura.

Mayor sorpresa me la dio Lulú cuando al llegar ser fue directamente a su habitación, rápidamente salió con rumbo a la ducha, habiendo abandonado todo lo que cubría su maravilloso dorso y cubriéndolo solamente con la toalla que iba a utilizar.

Su cuerpo era más hermoso de lo que yo imaginaba, su piel de ébano era muy apetecible, su vientre era completamente esbelto, un par de líneas lo cruzaban de norte a sur. Sobre sus hermosos pechos descendía la toalla de forma que solo tapaba las aureolas que tanto me gustaría ver.

Al ella notar mis muy abiertos ojos ante tanta belleza, sus deliciosos labios dibujaron una pícara sonrisa, mientras su hermoso cuerpo tornaba su ruta dentro de la ya no tan privada habitación; al cerrarse la puerta pude ver la toalla caer al suelo, dando una ligera vista al tesoro que yo deseaba descubrir.

Paso uno o dos minutos y pude verificar que no había moros en la costa, entonces tome rumbo a la búsqueda del tesoro que yo quería descubrir. Busque el portal a mis juveniles fantasías y pose mi indiscreto ojo.

El paisaje era maravilloso, llegue a tiempo para ver caer  la pequeña tela que cubría el oscuro y pequeño bosque que cubría el deseado monte de la Diosa del Amor, rodeada de la intensa llanura a la que había podido ligeramente disfrutar. En el centro se abría una hermosa taza de miel.

Al norte de esta intensa llanura se levantaban dos  hermosos montes coronados por una rica aureola de un ligero color café. Al sur del Monte de la Diosa del Amor, se extendía un par de contorneadas figuras de las que ya había disfrutado mucho las anteriores horas.

Ese hermoso paisaje viró tomando rumbo al frío manantial que iba enfriar sus calientes músculos, abriendo ante mí, dándome otra visión que satisfacía y despertaba más mi curiosidad a la vez.

Su cabello caía gentilmente sobre su perfecta figura, al centro su cintura acentuaba un par de hermosos montes de mi lujuria.

Temblé de excitación y en mi cuerpo la oculta evidencia amenazada con ser demasiado notoria, por lo que discretamente corrí a mí asiento donde esperaba mi turno en el privado. Su figura de ébano era más hermosa y excitante, de lo que yo creía sería la de su caribeña belleza.

Tenía poco tiempo de haber tomado mi asiento, escucho la traviesa voz diciéndome que ya el puesto quedaba libre, escuche la puerta danzar sobre sus propios quicios y mi vista fue impactada nuevamente cuando ante mis ojos la tuve apenas terminando de colocar como única prenda  una blanca toalla permitiéndome ligeramente ver nuevamente esa hermosa intimidad.

Entré rápidamente al privado rincón a tratar de por medios artificiales, mi excitación tranquilizar; todavía pienso que mi curiosa invasión a su íntima privacidad  fue descubierta, pero en una cómplice actitud premiada con su aceptación e incluso con su lujuriosa provocación.


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