3-5-0

Por Néstor José Jaime Santana
Enviado el 08/08/2014, clasificado en Varios / otros
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-No, no voy a pasarme al boxeo, me gusta patear, combinar pies y manos.
-¿Y el Muay Thai?
-Me llama la atención, pero tampoco: apenas se lanzar codos ni rodillas, nunca he entrenado cuerpo a cuerpo. Esto es con lo que disfruto, esto es lo que me llena.
-¿Los patrocinadores?
-Tendré otros.
-¿Y si no?
-Me queda el bar: puedo coger algunos turnos extras de nuevo.
-¿Prefieres eso que vivir del boxeo?
-Prefiero comer gracias a servirle copas a desgraciados haciendo lo que me gusta cuando no estoy tras la barra que pasarme a otra disciplina porque en teoría es más fácil. Además, tengo buenos puños en el kickboxing, pero nada asegura que vaya a coger el ritmo de un boxeador: entre las manos del kick y del boxeo hay un mundo.
-Dos años… dos años como máximo para coger un buen ritmo profesional si te pasas al boxeo con tu base de puños en el kickboxing... podrías ser campeón continental, un gran profesional.


-Me quedo con el kickboxing.
Tetracampeón nacional, dos veces continental en kickboxing amateur. Duro entrenamiento hasta sangrarle las tibias contra los sacos, la piel rojiza como si soles microscópicos le persiguieran día y noche irritando el pellejo de sus piernas. Una pareja rota –algunas personas no terminan de comprender que un cónyuge no lo es todo ni siquiera lo mejor: siento descubrirte esto amigo, pero no eres más que una muleta… y siéntete orgulloso de que así sea, la mayoría no alcanzamos a ser más que los chicos que cargan con las arenas de su soledad, el aperitivo que se come más por nuevo que por sabroso cuando el plato principal ya resulta aburrido… ¿demasiado poco para ti ser el bastón de tu amante? Pues entonces mejor píllate doce gatos y mastúrbate compulsivamente esperando a Cenicienta o a Azul: probablemente ellos se descolgaron desde los renglones del cuento, echaron un buen polvo de despedida (usualmente los mejores) y andan por ahí compartiendo planchas de cervezas y paquetes de papas fritas con gordos sin mucho seso, pero que se tiran de cabeza a un montón de estiércol para evitar si quiera que el otro tropiece-.Un kickboxer entregado, trabajando en turno de noche, empatando la salida del empleo con el desayuno a base solo de líquido para no cortar la digestión con el primer entrenamiento de la mañana, dormir cinco horas después de comer y cuatro horas más de nuevo por la tarde en el gimnasio. Su chico ya no está: uno de esos egoístas del reloj… los amigos ni le llaman, nunca puede sumarse a los planes porque tiene que echar más horas en el tatami, en la pista corriendo, en la sala de máquinas… apenas folla: pelea cada dos meses y son quince días de abstinencia previos al combate… Por fin el esperado salto a profesional: seis meses en un gimnasio de Holanda, dilapidó sus ahorros con la estancia, regresó como la mayor promesa… de ocho combates en la nueva categoría ha sufrido cinco derrotas, tres victorias, por suerte cero empates… empatar es peor resultado que morder la lona en el primer asalto: el extremo de la derrota o el de la victoria son didácticos, enseñan, dejan relucir pequeños errores, nuevos potenciales, pero ¿un empate? Empatar es el sinónimo más textual de la mediocritud y nadie puede superar su estilo libre nadando en piscinas mediocres: deben ser olímpicas para aumentar fuerza, fondo, velocidad o piscinitas de críos infladas a pulmón para mejorar la técnica… uno ve montañas desde varios quilómetros antes de llegar a su base, pocos caen en el hueco de un pozo porque se percibe desde lejos, tanto lo más esbelto como lo más profundo destacan, hacen pensar, reflexionas… en cambio las mesetas invitan a tumbarse de espaldas tomando el sol, dormitar, babear por el lado izquierdo de la boca y nunca desear pararse en pie de nuevo… Si no has de ganar, pierde, pierde muchísimo, para convertirse en un gran alpinista: no esta mal pasarse un tiempo como espeleólogo, caerse en un par de agujeros antes de subir los picos… cae rodando desde mil laderas, rómpete los dientes contra rocas de cuevas tan oscuras como el coño de una anciana, incluso es mejor que por cada subida hayan tres bajadas, pero jamás, jamás, jamás, nunca te tumbes en la meseta: las llagas de tu culo con la panza puesta al sol te acomodarán tanto que no serás más que un montón de inutilidad envuelta en los excrementos de tu rendición.
Tres victorias, cinco derrotas, cero empates: las marcas que le dan algo de dinero por representarlo amenazan con dejarle tirado, el cinturón queda cada vez más pequeño en el horizonte y ha pasado de ser el temido, el que todos nombran con pavor en las escuelas rivales, el payaso de “It” a ser el payaso de Mcdonalds… 
“¿Porqué no dejas esto y estamos un par de años dedicados al boxeo? Ahí sí que puedes triunfar.” Consejo del manager que nunca subió al ring que el único saco que conoce es el que tiene una “S” con dos palos verticales atravesándola, iba a gimnasios para verle el culo a la niñas de aerobic, nunca ha sudado por correr más de cien metros, solo con el calor de atracarse con estofados y vino tinto… da asco… ¿pásate al boxeo? ¿Y dejar a mi familia? ¿Dejar mis catorce años de experiencia en esta escuela? ¿No ver como al hijo de mi compañero de quien fui el padrino –me eligió a mi en lugar de a su hermano- está terminando el cole a punto de entrar al instituto? ¿Escupir en los abrazos que me achuchaban entre bromas y sentimiento cuando me partieron el corazón? ¿Todo para “triunfar en el boxeo”? Nene, ganar o perder simplemente son anécdotas, circunstancias que coinciden en el espacio y en el tiempo… la verdadera victoria recide en el esfuerzo constante, no abandonar, el puño del rival haciéndote latir la sien, cubierto hasta la coquilla de tu propia sangre, algún dedo roto por golpearle en la cadera, saber que pierdes, inevitable, irreversible, irrevocable, no queda tiempo, no será a ti a quien levanten el brazo, apenas puedes ver por culpa del corte sobre el párpado… y sigues peleando con todo tu corazón, tu furia, tus cojones hasta que suena la campana o te provoquen un knock out, no importa: no vine a ganar, yo estoy aquí para seguir luchando… 
Sale el manager y sigue saltando la soga, unas series de sparring, un poco de pesas… aunque llegue a cosechar un record de 3-100-0 como profesional, deshacerse las manos fregando vasos de cubatas con esputos de alcohólicos, siempre podrá decir que él ya triunfó en esto del kickboxing… mire a donde mire en el tatami siempre hay una sonrisa que se le devuelve. 


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