tergiversando las palabras

Por cclecha
Enviado el 09/08/2014, clasificado en Humor
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                                          TERGIVERSANDO LAS PALABRAS

 

    ¡Por fin, sábado por la mañana! Pero bien mirado, después de perder mi empleo hace un par de días, será siempre sábado por muchos días. De todas formas, hoy tengo muchas cosas que hacer. Lo primero de todo y pensando en mi mujer, sintonizar y poner en marcha la TV nueva que compramos ayer. Tal como me dijo el dependiente de la tienda de electrodomésticos, la sintonización era muy sencilla e incluso hasta un retrasado no tendría problemas con ello.

     Bueno, saco plásticos y el aparato de la caja y lo primero que me llama la atención es el grueso volumen de instrucciones del aparato. Buff, por lo bajo me tendría que estar toda la semana estudiando este manual… Bien probaré de ir sacando el tema de forma natural…pulsando aquí, allí… nada, por ahora no surge efecto, lo máximo que consigo es que en la TV aparezca un menú, que por el momento no tiene nada de comprensible. Después de una media hora de luchar con el aparato, noto una suave voz detrás de mí que me dice

      -Cariño, no te esfuerces. Esto tiene pinta de ser muy complicado. Nos dijeron en la tienda que ponerla en marcha era sencillo, pero que si no lo conseguíamos nos enviarían, pagando, un técnico.

     “Estoy seguro, que ella no cree en lo que está diciendo, creo que opina que soy un inútil, un trasto, que no tengo habilidad ni destreza ninguna y que encima la venida de un técnico, costará dinero.”

      Un poco desmoralizado y para estirar las piernas y despejar la mente, me llego al dormitorio, donde reposa un armario desmontado del Ikea. Este ya hace tres días que descansa por suelos, con las piezas sin orden ni concierto. El armario me ha sacado de quicio durante estos días…las clavillas de los montantes laterales no coinciden con los agujeros de la base. Los agujeros de los portaestantes están desequilibrados, hay dos estantes que no encajan y por si fuera poco una de las puertas es más larga de lo correcto.

     Detrás de mí, otra vez la cálida voz de mi mujer intenta consolarme

      -Corazón, no te hagas mala sangre. Ya ves que todo está cambiado. Lo mejor será llamar a Ikea y que venga un operario a ver qué se puede hacer. No pienses en lo que costará.-Me dijo acariciándome el pelo indolentemente.

       “Es evidente que dice esto para que yo no quede afectado en demasía. Pero también es indudable que ella me ve como al clásico impotente que no puede enfrentarse a nada práctico. Seguro que me mira con lástima.”

        Continuo hablando – Recuerda que hoy, este sábado, vamos a comer a la casa de Alex y Marta. Ya sabes que Alex es un gran cocinero, seguro que nos habrá hecho una comida para chuparse los dedos. Tengo mucha ilusión respecto a Marta, puesto que ha tenido mucha suerte con este matrimonio, piensa que su marido se levanta por las noches para darle el biberón al recién nacido y que le ayuda en todo en la casa. No sé, encuentro que Alex es un tío muy majo. Estoy muy contenta por Marta.

         “Ya salió el Alex de las narices. Cuando dice que es un tío muy majo, no se refiere para nada al aspecto sexual, sino a que resulta un marido modelo cocinando, ayudando, sensible, atento con su mujer, masculino en ciertas cosas, ganador de un buen sueldo, etc. Es decir majo, quiere decir perfecto. Yo, comparado con él, no doy la talla, estoy bajo mínimos.”

           -Añadió- Mira, he estado pensando que a partir de ahora sólo tendremos un sueldo digno-dijo con su sonrisa cautivadora-que será el mío, por lo que será conveniente que ayudes mucho más en casa, ahora que vas a tener todo el tiempo del mundo y sobre todo, que te involucres en todos los gastos…¿Lo entiendes cariño? Vamos, ánimo.

Emprendí la retirada hacia el lavabo, se me estaban humedeciendo los ojos al sentirme un desgraciado. No quería mostrarme así delante de mi mujer. Una vez allí, me senté en el wáter (Mi mujer me había educado que para orinar sentado, lo tenía que hacer en esta posición, para no mojar los bordes del inodoro) y empecé a desahogar mi vejiga. Entonces entró en el lavabo mi mujer, que ya veía que yo no andaba demasiado fino y venía a salvaguardar sus propiedades y a saber si podía ayudar en algo.

          -Cariño- me dijo- viéndome con los ojos lagrimosos y achacándolo a otros motivos- levántate… por hoy, orina como un hombre no quiero verte es este estado, ponte de pié…- entonces añadió- creo que te encuentras mal, porque los sábados por la mañana, suele ser nuestro día, en que estamos juntos, es decir que aprovechamos para hacer el amor…pero ya sabes que desde que estoy en estado de buena esperanza, me siento más inapetente, cansada y además tengo que cuidarme más.

          “Yo, inmediatamente, pensé que si ella no quería hacer el amor, era porque ni me quería ni le gustaba y porque era un perdedor sin sueldo. No daba la talla en casi nada. No era lo suficientemente majo para ella. De todas formas, si lo pienso, a lo mejor estoy tergiversando sus palabras de forma subjetiva y lo que realmente quiere ella es ayudar a llevar la relación lo mejor posible. Yo que sé”

 

 


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