La religiosa ( PARTE I)

Por ALVARO VILLA REY
Enviado el 10/09/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Llevo dos meses en tierra, he desembarcado por discrepancias con el patrón del barco donde yo navegaba. Hemos atravesado todo el cantábrico con temporal, viento de fuerza huracanado, toda la tripulación llenos de miedo y pavor metidos en la cocina porque el barco cada vez que daba una cabezada, el mar entraba a chorros, hemos estado a punto de irnos a pique, el calafateado de toda la obra muerta está defectuoso, también hemos perdido el palo de proa.

Después de descargar el pescado, reponer un palo nuevo, el patrón pretendía zarpar a las aguas del cantil, más al norte. Estoy sentado en una cafetería de Bermeo bebiéndome una cerveza y compartiendo un canuto de hachis con mi amigo de la niñez y compañero de embarque Txema.

Desde la ventana de la cafetería la he vuelto a ver, es preciosa, rubia de melena larga, curvas sinuosas, lleva una minifalda que descubren unas piernas como dos columnas de mármol tersas, blancas, irresistibles de ser acariciadas y posar mis labios sobre ellas. No conozco a esta chica, me cruzo todas las mañanas con ella.

Le pregunto a Txema.

.- ¿Sabes quién es esa chica?

.- ¿Cuál de las dos?

.- La más delgadita, la rubia.

.- Si, es la hija de Marcelo, el armador del barco "Celeste", esa chica siempre está fuera de Bermeo.

.- Txema, me cruzo con ella todas las mañanas, joder ¡como me gusta! es preciosá.

La rubia desconocida que me tiene enamorado va en compañía de otra chica que sí conozco y dos chicos mas que son dos pringados del barrio.

Mi pensamiento ahora en este momento ya no está con Txema, estoy en una guerra y estrategia para poder acercarme a la rubia, busco formas para hacerlo.

Me lanzo, reacciono con impulso decidido, mi conciencia me dicta improvisación al gobierno de mis instintos.

.- Txema, esa tía ¡como me gusta! voy hablar con ella.

.- No te va hacer ni caso.

.- ¡Joder tío me gusta mucho! por favor tu no salgas del bar.

Caminaban juntos los dos pringados del barrio y las dos chicas, les abordo y saludo.

.- Javier, José, Marta, estoy en ese bar yo solo, no veo a nadie de mi cuadrilla ¿puedo estar un rato con vosotros hasta que me encuentre con alguno?

.- Sí, quédate sin ningún problema.

Me contestan los tres a la vez menos la mujer que a mi me gusta y me interesa. Me dirijo a ella.

.- Esta chica no la conozco ¿Cómo te llamas?

Con esta pregunta podré escuchar su voz y hablar con ella.

.- Amaya.

.- ¿De donde eres?

.- Soy bermeana.

.- Yo no te he visto nunca, no te conozco.

.- Yo a ti sí, te estoy viendo todas las mañanas, mi hermano que es patrón también te conoce.

.- ¿Quién es tu hermano?

.- Jom Gutiérrez.

.- ¿Tú eres hija de los Gutiérrez?

.- ¡Si!

.- Entonces ¿Me has dicho que le has preguntado a tu hermano por mí?

.- ¡Yo no he dicho eso!

.- Habré escuchado mal, te entendí decir que has preguntado a tu hermano por mí.

.- No he dicho nada de eso, ni he preguntado nada por ti.

No vuelvo a insistir con este tema pero su primera observación me ha dado evidencias que sí ha preguntado por mí, yo le intereso.

Hablando los dos nos vamos quedando más atrasados que el resto.

Amaya me dice que ha estado viviendo fuera, en Madrid, en casa de una tia, porque estudiaba en esa ciudad, en un colegio de religiosas en régimen de semi-Internado, ha terminado la carrera, vuelve a Bermeo para quedarse.

Sin darnos cuenta los dos nos hemos ido quedado muy atrasados, nos están esperando para ir a sentarnos en una terraza.

La voz de Amaya me suena muy dulce, ahora que la tengo tan cerca, a mi lado, me gusta y me atrae mucho más. Estamos en agosto hace mucho calor, ella lleva una blusa blanca, su escote y transparencia dejan ver un sujetador blanco que oprimen unos pechos tersos y blancos, estoy seguro que los pechos de Amaya son de la misma medida que los pechos de la hermosa amante de Napoleón, Josefina, me haría falta unas copas de champán bajas para poder comprobar esa medida.

Su minifalda ahora que está sentada, con dificultad le cubren sus muslos, por un instante he podido ver sus braguitas rosas.

Tengo que concentrarme porque estos pequeños detalles hacen que pierda el hilo de la conversación y destrozan toda mi estrategia.

En la terraza Amaya y yo prácticamente nos hemos aislado del resto, con mis relatos e historias la hago reír, me gusta verla reír.

Escucho decir a uno de los pringados, que van a Gernika, son las fiestas de San Roque.

Son ya las siete de la tarde. Sentados en la terraza de la cafetería Izaro los cinco, les escucho y me doy cuenta que tienen planes para las chicas, yo les estorbo.

Según les he escuchado voy creando estrategias.

Ahora pienso retirarme para que ellos no me jodan todo mi plan. Me despido.

.- Javier, José, Marta, gracias por haberme permitido estar con vosotros un ratito, Amaya, me alegra mucho haberte conocido, presiento que nos vamos a seguir viendo y muy pronto.

.- Seguro que sí, Gaizka.

Ahora mirándolos a todos, me dirijo al grupo amigos de Amaya.

.- Chicos ¿Vais a Gernika a las fiestas?

.- Sí nosotros vamos a ir.

Me contestan ellos. Yo sigo con mi estrategia. También voy a ir a Gernika pero no lo voy a decir, no vaya a ser que éstos cambien de opinión para que no les pise las chicas.

 .- Agur chicos, haber si encuentro a Txema para cenar aquí, es seguro que nos quedaremos en Bermeo, como siempre, por no tener coche, siempre acabamos en los mismos bares.

Me despido dándoles un beso a las chicas y un apretón de manos a los chicos.


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