La religiosa ( PARTE III )

Por ALVARO VILLA REY
Enviado el 10/09/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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modos de enseñanza, de cuántas misas, rosarios y rezos ha tenido que ejecutar, de los juegos y aventuras de un grupo de chicas en un colegio de monjas.

Van a dar las siete de la mañana, le propongo volver a Bermeo.

.- Amaya vamos a la estación, volvemos a Bermeo.

.- ¡Si!

.- Salimos del bar, ha amanecido, nos cruzamos con las amas de casa que vuelven a sus casas con el pan caliente recién echo, jubilados y gente de gaupasa (Trasnochadores)

En la calle de camino a la estación me coloco detrás de ella, con mis brazos rodeo su cintura, su espalda se queda contar mi pecho, la beso en el cuello, en la espalda, ella se da la vuelta, se cuelga de mi cuello, nos comemos los labios. Toda la noche de marcha y todavía me sigue oliendo igual de bien que cuando la olí a las siete de la tarde.

¡Joder! ¡Qué dulces me saben sus besos, qué caliente siento su cuerpo, qué duros están sus pechos, que se me clavan en el mío!

Madrugada inolvidable de Agosto.

Estamos en el tren, regresamos a Bermeo. Vamos en el ultimo vagón, dentro tan solo estamos; ella y yo mas una cuadrilla de gaupaseros (trasnochadores) ocupados en sus payasadas, no nos molestan ni nos miran.

Amaya sentada sobre mis rodillas y con sus piernas abiertas me permite jugar con su sexo, sin control los dos nos comemos a besos, sin quitar sus braguitas acaricio su sexo, se estremece y ahoga sus gemidos para no despertar la curiosidad de los gaupaseros.

Sus gestos, sus ahogados gemidos me excitan más. Se levanta y se sienta a mi lado, me desabrocha el cinturón y me abre la bragueta, saca mi polla que está dura, siento como sus dedos juegan con ella, mi pene es su juguete, con una mano me masturba y con la otra me acaricia los testículos.

Sin parar de lamernos y besarnos, hasta que exploto y derramo todo mi semen por el piso del vagón.

Son las ocho de la mañana hemos decidido quedarnos en Mundaka, Reponemos fuerzas en el bar del hotel, el Puerto, yo me zampo dos bollos de mantequilla, ella solo uno, yo un zumo de piña, ella un

Cola Cao, entre bocado y traguito, seguimos dándonos algún piquito.

Mañana de agosto preciosa, ya empieza a ser calurosa, se me antoja no ir a casa esto no puedes acabar ahora.

.- Amaya vamos a la playa, podemos darnos un baño y dormirnos al sol mientras nos secamos.

.- Si vamos, Cari, yo no tengo prisa por volver a casa.

Amaya ha pasado a calificarme como Cari.

Vamos hasta Santa Catalina, bajamos a una playa de roca muy intima, no hay nadie en la cala.

Tengo ganas de orinar, Amaya me sorprende.

.- Espera, no mees en el agua, déjame que yo te ponga a mear.

Como si fuera un niño es ella la que me saca la polla juega con el chorro, me la sacude, le da un beso a mi miembro y lo vuelve a guardar.

.- Ahora desnúdate tú para ir al agua que ya eres mayorcito.

Me impresiona su comportamiento y nos reímos los dos.

Este juego de ponerme ella a mear se repetía, es algo que le excita, a mi sus fantasías me agradan y me gustan.

En la playa desnudos los dos nadamos, follamos y dormimos, serian las cuatro de la tarde cuando regresamos a Bermeo.

Mi relación con Amaya a durado el mes de Agosto y Septiembre, su familia veta que tenga una relación conmigo, me consideran un chico malo.

Nunca habría imaginado que una mujer con una educación tan religiosa, de una familia también muy religiosa, tenga tanto apetito sexual. Un día ella y su familia hasta me invitaron a que les acompañara hacer unos ejercicios espirituales.

.- ¡Joder!

Una mujer con una imaginación sexual sin límites, sin perjuicios, sin tabúes.

Yo no soy un especialista para describir los síntomas de la ninfomanía, a ella solo tenia que tocarla para que se estremeciera, en cualquier lugar o situación su imaginacion la aplicaba inmediatamente al sexo.

Algo dejo impregnado para siempre en mi forma de ser esta mujer.

Pasadas las fiestas de Bermeo, finales de Septiembre, en uno de nuestros imaginativos encuentros sexuales nos despedimos.

.- Cari el pueblo se me queda pequeño, me ahogo, vengo de vivir en una gran ciudad, la vida en la ciudad es mas anónima, aquí la sensación de control es repugnante.

.- Ya lo sé Amaya, no hace falta que me lo digas, yo estoy navegando, cuando regreso y paso un tiempo en el pueblo me pasa lo mismo. ¡Qué lastima que en Madrid no haya mar!

.- Cari he terminado la carrera de medicina no quiero levantarme por la mañana, ver, saludar, tratar y cenar, todos los dias con la misma gente.

.- ¿Si quieres cuando te instales en Madrid me llamas? si te apetece verme porque te encuentres triste y baja emocionalmente, también me llamas, yo me bajo a Madrid.

.- Seguro que sí te voy a llamar Cari.

.- Este mes el veintiocho salgo a la mar, he embarcado en un marrajero (pescadores de escualos y pez espada) vamos al norte a las aguas del canal ¡Te voy a echar de menos!

.- ¡Y yo a ti Cari!

A sal de sus lágrimas me saben sus besos.

Baje unas cuantas veces a Madrid, cuando ella ya estaba instalada, también conocí a su novio otro médico, que dos años mas tarde en las fiestas de Bermeo me lo presentó como su marido.

Ya casada y con niños de vez encuando recibía una llamada.

.- ¡Cari necesito verte!

Yo siempre respondía.

.- Si Amaya ¡Amor mío!

Donde ella dijera yo acudía

Encuentros sexuales, de lujuria, pasión, sin vergüenzas ni frenos.

Ella para su marido y sus hijos, una santa.

Yo para los míos un vendito.

Se terminaron los encuentros, trágico y severo es siempre el destino.

 


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