Tierra de señores

Por Nube
Enviado el 23/08/2014, clasificado en Reflexiones
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Reciclaje de personas, reutilización de sentimientos ya sentidos por unas manos frías, desolladas de tanto llorar por un sentimiento, un hermano, que si, ya se fue. No miraban ni escuchaban su arte, nadie parecía comprenderlo, comprender porque hacía todo cuanto hacía, nada era una casualidad, pensaba cada pestañeo, cada paso, cada caricia. Todos lo miraban con desprecio, todos lo escuchaban con lástima mientras pensaban en que televisarían esa noche en una caja que no hacía más que balbucear una y otra vez lo mismo, los mismos intentos de risas, los mismos intentos de lloros... en realidad ahí he mentido, supongo que en parte nos parecemos ellos, y yo. No eran siempre los mismo intento de lloros ya que el llanto es un sentimiento, una sensación, algo, algo demasiado complejo, extraño, atractivo incluso como para ser manifestado en una cabeza infestada de pensamientos ajenos y podridos. Apolillada, muerta, putrefacta...


No contaré esta historia para los condenados, así llamaremos a todos esos que no son más que cajas llenas de instrumentos que no comprenden, que sólo comprenden dos. Uno, el que los coloca ahí con la sola intención de perforar lo máximos ojos posibles en la caja, que vean todo cuanto se les muestre, así es más fácil dar pequeños toques correctivos y transformar un baúl de madera barnizada en tan solo plastico duro, forjado y moldeado. Y, los que ven cada transformación sin poder hacer nada a favor de una cajas que tan solo lo desprecian y se cierran atrapando los instrumentos que los forman sin saberlo ‘’somos libres’’.


Así que tan solo si no eres un condenado sigue leyendo, si lo eres riete una vez más de esto, o no, tan solo tiralo y olvidate no merece la pena para un cerebro tan privilegiado como el tuyo leer esta retahíla de letras sin sentido.Ahora que estamos solos podemos comenzar.


El hilo que les mostraré visto en dos dedos asemeja algo común, pero les puedo asegurar que es el ovillo desenrollado el que muestra la pieza.


Primero les situaré, cierren los ojos y respiren hondo inhalando cada letra por favor, estamos en un campo, en medio de un campo, noto entre los dedos la hierba acariciándome, fría. El sol en media cara abrazándome tomando como única lupa el sudor que esta vez si, acaricia mi piel. Las ropas que llevo realmente no son las que se esperarían de un protagonista: Un sombrero que protege en algún momento mi piel del sol; unos pantalones para no mostrar más de lo debido y dar calor a mi fría piel; y finalmente una tela que dicen es blanca cubriendo mi pecho y mis brazos, una vez más, del cruel sol. Miro al frente y tan solo veo el verde de la hierba y el negro brillante del único traje que veré en mi vida, el de mi señor. Debo dar gracias por tener un señor con tal porte y con tal falta de latigazos, solos los debidos.


Ya no siento hierba entre mis dedos, ahora es algo duro, y cómodo. Una tela cubre mis pies y cuero brilla sobre la tela. Unas ropas ya más dignas de un protagonista. Pero el olor es de madera quemada, hierba quizás... ya no soy yo el que pisa la hierba. No creo que con esta nueva vestimenta pueda hacer nada en la hierba. Quiero acero, hierro, gritos y humo.


Reniego de la hierba, reniego de los cantos de libertad, reniego de las sonrisas en sus caras de noche. Ahora seré yo el que deslumbre, el que haga abrir bocas nobles y maderas. Ahora seré yo.


Después de años siendo yo y ver sangre, lágrimas y llantos ahora ya no siento nada relevante en mis pies. Es mejor olvidar los malos tiempos y avanzar. Ahora la tierra esta unida y todos trabajamos en favor de todos, mi trabajo no es más ni menos que decidir de quién es el turno ahora para ganar o arruinarse. Soy el adecuado, mis otros yo pasaron por la hierba, el cuero, la tela, el acero, el plomo y los cantos. Soy yo el adecuado y ninguno de esos insignificantes chupatintas. Debo tranquilizarme, hoy es un día importante y soy yo, un señor.


Si cierro el acuerdo del trigo con dinamarca seré reconocido por todos mis superiores y todo en mi vida serán sonrisas, algún lloro quizás pero aplacado con algún colgante.


-Señor, pero sabe que comprando todo ese trigo el precio subirá.


-Exactamente, y seré yo el que espere y venda por quizás diez veces su valor, o cien, o mil. Soy yo, el señor, el que decide porque sé lo que es la hierba.


¿Que pasa? Ahora vuelvo a sentir mis pies, vuelvo a sentir mis brazos, mis manos, mis dedos... el sol. ¿Que hago aqui? Soy yo, el señor. Por dios llevadme de aquí, este no es mi lugar. Este es el lugar de los campesinos no de un señor. Por todos los demonios ¿Sabe cuanto valen esos zapatos? más que todos ustedes. Esto es un error no puedo estar aquí.


-Fue usted, mi señor, quien decidió que el trigo era barato en demasía y usted, mi señor, sería el encargado de acordar precio y ganar solo, mi señor, lo que legítimamente le corresponde. Todo porque usted, mi señor, sabe que es sentir la hierba en los pies descalzados de piel ajena.


-Callate que no sabes que eres que no sabes de que hablas anda vete que no sabes quien soy yo tu no eres nada más que un número en mi mesa podría matarte o venderte basura.


-Creo que es usted quien esta en un medio en el que le puede ser difícil sobrevivir, dudo que con esas piernas rebosantes de grasa, esos brazos incapaces de alzarse ellos mismos, esa cara de sapo baboso, mi señor, que sabe lo que es sentir la hierba en los pies. Dudo que sea capaz de siquiera comer hoy. No hay trigo, sólo teníamos trigo, cientos y cientos de ferrados de trigo cubrían sus tierras. Ahora solo tu, mi señor, puedes recordar lo que es sentir la hierba entre tus voluptuosos dedos. Aquí nadie vio la hierba. Solo trigo. Solo, mi señor, tu trigo.


-Pero tengo que venderlo y seré rico tu moriras de hambre sobre esta tierra seca ni enterrarte podrán estos ineptos que no sabrían ni cómo vender a su madre por un plato de trigo.


-Bien, mi señor, debemos ausentarnos durante lo que nos queda de vida. Un momento por favor.

-Seré yo, el señor, el que vende y compra, el que mira por encima de su negro brillante y sólo tapa su vista la solapa de un sombrero reluciente. Trigo, insignificantes sanguijuelas es importante quizás, pero puedo seguir siendo yo, el señor, sin ese trigo... tan solo he de acostarme en esta sucia tierra... y dentro de... muy poco vendrán por mi... porque sólo sois números, tierra insignificante eres mía, no puedes abrazarme, soy el señor. Por favor, te lo suplico, no... sigo siendo el señor...


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