Sonrisas blancas (Parte II)

Por Nube
Enviado el 24/08/2014, clasificado en Drama
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-¿Que... Que pasa P?


Sin decir ni una palabra empezó a llorar más y su rostro fino y risueño se había vuelto arañado y cortado por cada lágrima. Me acerqué a ella para abrazarla y se apartó. No supe entonces que pasaba. Quizás mejor que nunca lo hubiera sabido.


Me aparté un poco y la miré triste.


-Sea lo que sea puedes contar conmigo y sabes que siempre te apoyaré y te ayudaré en todo lo que pueda y en lo que no. ¿Por qué estás así? ¿Que pasa para que no vayas a clase?


Tardó varios minutos en mover un músculo y separarse despacio de la pared. Finalmente lo hizo y me abrazó lo más fuerte que me habían abrazado nunca. Lloraba en mi camiseta como si nada existiese, solo nosotros. Empezó a hablar muy despacio y apenas podía escuchar lo que me decía. Los labios que me derretían con cada beso ahora rozaban mi camiseta soltando palabras supurantes de dolor e ira contenida.


Lo único que pude hacer fué abrazarla y posar mi cabeza en su hombro besandolo despacio, y tardé minutos en poder moverme y acariciar su espalda de arriba abajo para que sintiese que estaba con ella.


Lloró y lloró, probablemente estuvimos más de quince minutos en silencio, solo lo rompían sus palabras a medio pronunciar, hilos invisibles de voz que apretaban más mi corazón.


La aprete contra mi pecho intentando que su dolor se trasladase a mi corazón pero no pude, no fuí capaz de hacerlo. Lo unico que logré con mi movimiento fue que agarrase más fuerte mi camiseta y la apretase entre sus dedos con tanta fuerza como tenía. Nunca sabré por el dolor que estaría pasando y si estar allí le hizo bien o mal. Pero no cambiaría ese instante por nada.


-¿Estás mejor? -Dije tímidamente-


-Si, lo siento. He manchado tu camiseta.


La miré separando en poco y la abracé agachandome levemente.


-No hay nada que perdonar.


Después de otro pequeño instante abrazados se sentó en la cama y me pidió que me sentase con ella. Me abrazó dejando su cabeza en mi pecho despacio y comenzó a decirme todo lo que había pasado sin soltar de una lágrima más, hundiendo sus ojos en mi pecho para que no la mirase. La abracé una vez más, tanto durante el relato como después de él.


¿Que decir cuando tu amiga y amor escondido entre sonrisas te dice que le han cortado las alas que tanto amaba? Nada. Fui tan estúpido que tardé varios minutos en poder articular palabra. Tanto tardé que me miro escondiendose tras la tela de la camiseta y comencé a hablar. No puedo recordar que le dije en ese momento. Lo intenté durante años pero nunca lo soy. Intenté animarla y decirle que la quería y que contaba conmigo. Todo eso.


Entre lágrima y lágrima me dijo que no quería volver a acercarse a nadie ni tener alguna relación con alguien que no conociese y confiase de verdad. Todo porque tenía miedo de que la tratasen como‘’unaputa que se folla a un grupo de tios por la calle’’’


Le dije e incluso la convencí para que volviese a clase e intentase apoyarse en mi para superar todo aquello. Nunca salía a clase si no era conmigo y siempre procuraba estar cerca de mi, aunque estando ella en esa situación y yo en la mía lo complicado era cogernos separados uno del otro. Estuvimos horas y horas juntos durante cada día de aquel mes. Todo iba mejor, a pasos agigantados, todo parecía perfecto. Volvía a arreglarse para salir de casa, intentar estar guapa, salir con nuestros amigos...


Habían pasado alrededor de ocho meses desde el incidente y enfermé de gripe. La llamé y estuvimos hablando por el teléfono la tarde anterior, le dije que podía ir sin mi, que no pasaba nada, que estaba perfecta y que al día siguiente seguro que podría ir con ella. Colgué sin saber de verdad lo que pasaría al día siguiente si estaba sola teniendo que cruzarse con ese maldito bastardo.


Todo porque no le denunció para que solo sus padres y yo lo supiesemos.


Después de los tres días que estuve enfermo volví a clase y hablé con ella. Lo primero que me dijo fué que sobre todo lo que no quería era que pasase lo que pasase me metiese en líos. Yo asentí y comenzó a hablar. Q y su grupito de carroñeros habían aprovechado los días que no había ido para meterse con ella, todo valía: Susurros tales que ‘’te lo pasate bien la otra vez eh putita’’; pintadas en sus cosas; empujones por las escaleras; y para terminar se lo contaron a todos pero cambiaron el pequeño detalle de que había sido una violación por ‘’ibamos por la calle y se nos tiró encima cachonda’’


Comenzó a llorar. Nunca la había vuelto a ver llorar desde aquel día. Volvió a agarrar mi camiseta y empaparla de lágrimas, pero esta vez no eran de irá contenida o enfado. Eran de vergüenza. Todo lo que habían hecho esos bastardos estaba en cada lágrima de P... La consolé y nos fuimos a su casa, hablamos, lloramos, y volvimos a hablar y llorar. Me quedé a dormir en su casa con la excusa de que me ayudase a recuperar los días perdidos. Estuvimos toda la noche hablando y finalmente se quedó dormida con su cara mirandome tapando sus hermosísimos ojos. Sonreí para acallar las ganas de salír de allí y matar a Q pero se lo había prometido. Así que me fijé en su belleza, no era dificil, y me dormí.


Por la mañana nos levantamos para ir a clase y en cuanto llegamos vimos en el encerado con letras tan grandes como mis ganas de matar a Q pintado:“PUTA”’y sentados alrededor de su mesa a mi antiguo mejor amigo y sus compañeros riéndose. P salió corriendo al baño y después de hablar conmigo nos fuimos a la playa. El resto del día fueron lágrimas y lamentos preguntados.


Ese día a la tarde la había dejado en su portal como cada final de día. Pero al día siguiente no estaba. Llamé y nadie contestó.


Días después me enteré de que había escrito una nota, me la dió su padre en mano con un sentido ‘’Gracias’’. La abrí y la leí. Nunca diré las palabras escritas ahí pero era una carta de agradecimiento por todo y una petición, que no hiciese daño a Q ni a nadie de los de su panda. Se había suicidado, no podía vivir con ‘’esas miradas. Ese peso que me perseguirá mientras viva. No quiero cargar más con él.’’


Escribo esto desde algún lugar en algún momento incierto de mi vida para que no cometais los mismos errores que mis antiguos compañeros de clase y matéis a alguien, no la matéis sea quien sea vuestra Soledad.


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