Impregnaciones en Belchite

Por cclecha
Enviado el 24/08/2014, clasificado en Terror
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    Es de noche y estamos a punto de entrar en el pueblo de Belchite, a cuarenta y pico de kilómetros de Zaragoza. Vamos en dos coches con varios parasicólogos. Yo, he decir que soy un descreído de todo, pero también es verdad que me interesa cualquier cosa, voy a ver qué pasa.

     Recuerdo que Belchite es un pueblo fantasma que está en ruinas desde la guerra civil y que Francisco Franco lo quiso así, después de su victoria, para que quedara patente lo que podía ocurrir si no se respetaba su voluntad. No sé porque vamos de noche, quizá para dar más ambiente, quizá para ahuyentar a los curiosos que rondan por el día, o porque así tenemos más libertad para entrar en muchos sitios que resultan de paso prohibido por peligro de derrumbamiento y por obras de apuntalamiento y demás.

       Dejamos los coches en una explanada justo delante del pueblo y nos adentramos hacia las ruinas espectrales. En total vamos siete personas. En este momento, todos somos cobardes, ya que el ambiente no invita a nada diferente. Llevamos linternas y algunos llevan cascos con luces, como esos que usan en la espeleología que pueden resultar muy eficaces para entrar en edificios en a punto de caer.

     Las sombras, la luz mortecina y las ruinas en general, ayudan a evocar un clima de terror y misterio, ligado íntimamente con los escombros del lugar. Nos adentramos en un pueblo fantasma, casas medio derruidas, calles destartaladas, iglesias que en su momento fueron esplendorosas, ahora se mantienen de pié con muchas dificultades… también vemos paredes apuntaladas con toscas vigas… en fin, todo un ambiente que invita a la imaginación a los más peregrinos pensamientos. Todo ello viene aderezado por las enigmáticas sombras que nos acompañan en todo el recorrido. La falta de luz, ayuda y mucho, a que nuestra razón, no se muestre operativa…la falta de luz, parece que desactiva toda seguridad en nosotros mismos y en nuestra inteligencia.

    Avanzábamos por la calle Mayor en dirección la Plaza Vieja y hacia la Plaza Nueva, con la idea de meternos en la calle de la iglesia. Los pasos resultaban extremadamente lentos como si nos diera miedo el pisar y la incertidumbre de donde poníamos los pies. Ante esta situación formábamos una pequeña hilera de siete personas, que de forma natural, había dejado el mando de la comitiva al parasicólogo jefe que se llamaba Paco. Detrás de él, como de forma escalonada iba su amigo ayudante, luego seguía un servidor, a continuación venían las dos chicas y cerraban la comitiva un par de chicos que se daban ánimos yendo juntos.

      La linterna y el casco de Paco, tenían un haz de luz, limitado a pocos metros. A partir de aquí, jugaban caprichosamente las sombras y nuestra imaginación. De repetente la pequeña caravana se paró en seco… una sombra indeterminada, había sido avistada por los primeros de la comitiva…yo incluido. Todos nos miramos desconcertados, sin saber cómo actuar. Las dos chicas se dieron la mano y el resto, inmediatamente le dimos el liderazgo de nuestra expedición, de modo salvador, a Paco. Teníamos que tener claro que al fin y al cabo, habíamos venido allí en busca de estas experiencias.

      Todos comentamos que la sombra había cruzado la calle y que se había metido en cualquier casa abandonada…no sabíamos si se trataba de un animal grande, una persona o un espectro…pero en cualquier caso, no nos atrevimos a parar ni hacer psicofonías en las casas cercanas. Incluso aceleramos el paso hacia la iglesia de San Martín. Rápidamente llegamos allí. Entramos…esta iglesia de encontraba en buen estado de conservación, exceptuando unos tétricos agujeros que se veían con asiduidad en el techo formado por una todavía hermosas cúpulas. Estos angustiosos agujeros habían sido provocados por las bombas que había efectuado el ejército nacional. Dejamos todas las grabadoras digitales y analógicas que llevábamos y un tablero de la ouija que llevaban las chicas.

       Nos sentamos en el suelo formando un circulo, antes de poner en marcha las grabadoras, Paco nos comentó que investigadores anteriores a nosotros, habían grabado una voz lejana que se atribuía a un niño en que este decía: “rojo, al suelo”, también voces de auxilio en medio del sonido de las bombas… Rápidamente Paco empezó a preguntar al tablero de la ouija, se concentraba, preguntaba y repreguntaba y nada…silencios por respuesta, la grabadora no reproducía nada…    Yo, sentado en el suelo, empecé a sentir un frio intenso justo detrás de mí, un frio anormal en mi espalda que me obligaba a mirar hacia delante, no me atrevía a mirar hacia atrás por miedo…miré a mis compañeros y me pareció advertir que ellos también estaban inquietos.

      De repente se escuchó una voz femenina que decía en la grabadora “Hola. No quiero hablar contigo. ¿Qué haces aquí? ¡Vete!” No hay que decir que Paco quedó sumido en el silencio y la frustración. La voz se preguntaba el porqué de la presencia de Paco allí. ¿Para qué necesitaban ella y los suyos a un parasicólogo como Paco? La grabadora, ajena a la voz femenina, continuó su marcha y reveló unas psicofonías muy interesantes. Escuchamos el sonido de unas campanas, que sin duda pertenecían a la iglesia abandonada, el sonido de aviones (más tarde me enteré que el motor correspondía a los antiguos, de pistones), cañonazos, lamentos…bombas. Todo ello se escuchaba mal y con interferencias, pero si prestabas atención, se oía.

       Paco, a pesar del éxito de las psicofonías, abrumado todavía por el desplante de la voz femenina, se aprestaba a cerrar la grabadora cuando esta, contraviniendo todas las reglas de la lógica, destacó con voces claras y comprensibles lo siguiente:

      -Juan, José…no me matéis…! Por Dios no me matéis!

     -Eres una rata. ¿Dónde has escondido el dinero?- Contestó una de las voces amenazadoramente

      -En casa de mi madre, en mi antigua habitación…en el altillo del armario. ¡No le hagáis daño a ella. Os acompañaré o simular un robo… ¡Por favor no me matéis!

       -La dirección de casa de tu madre. ¡Rápido!

       -La dirección es… (En ese momento la grabadora acusó interferencias y no se escuchaba nada)

        Lo que sí se escuchó, fueron tres tiros con absoluta claridad y un silencio a continuación, allí se acabó todo.

        Paco nos dijo que la claridad de las palabras con respecto a las antiguas de la Guerra Civil, evidenciaba que el homicidio se había cometido no hacía mucho, aprovechando el abandono del lugar. Nos comento que llevaría esta prueba a la mañana siguiente a la policía. Se trataba, estaba seguro, de un homicidio reciente, seguramente se trataba del dinero de algún atraco. Las muertes, violaciones e injusticias de la Guerra Civil, la sociedad no las quería juzgar, pero este crimen actual se podía investigar.

        Pensé que la policía lo trataría de loco o de extraterrestre. La policía me figuro que trata con pruebas terrenales, no del más allá. Lo normal es que la policía fuera racional, lógica y tan descreída como yo…antes de ir a Belchite.

      

 


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