Mi mejor amiga, su novio y yo. PARTE 2.

Por MissRelatos NoeliaMedina
Enviado el 28/08/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Así fue.

Después de aquel magnifico encuentro nunca se habló del tema, nuestra amistad siguió tal y como estaba pero parecía que nada de aquello hubiera ocurrido. Yo lo agradecí sinceramente, disfrutamos de aquel día y lo olvidamos, aunque estaba segura de que ellos al igual que yo no podrían haber borrado de sus mentes aquel maravilloso día tan pronto.

Pensé que ese tipo de encuentros nunca más se repetirían y en cierto modo me apenó, había gozado con esa nueva experiencia que nunca pensé ni por asomo que alguna vez pudiera probar. Rara era la noche que el motivo de mis masturbaciones no era aquel trío.

Hasta que un sábado noche después de haber cenado todos juntos y haber ido a varios pub de la ciudad, cuando todos se marchaban ya bastante tarde, Sara me propuso quedarme con ellos un rato más si aún no tenía ganas de irme a dormir. Acepté.

Nos encaminábamos a un parque que frecuentábamos casi todas las semanas cuando Adrián se desvió ligeramente de nuestro supuesto destino. Entramos por un camino oscuro en el que paró el coche y apagó las luces exteriores, supuse lo que pasaba, querían repetir. Me puse nerviosa y al no saber que hacer con mis nervios encendí un cigarrillo, ellos volvieron sus cuerpos y mirando al asiento trasero donde yo me encontraba preguntó él. -¿Te podemos hacer compañía y nos fumamos tu cigarro juntos? Solo asentí y él se encargo de acomodar el coche todo lo posible para nuestra mayor comodidad.

Fumaba nerviosa y el me quitó suavemente el cigarro de la mano, le dio una calada y echándome el humo dentro de la boca sutilmente me dio un suave pero intenso beso con ansia. Me ofreció de su mano una calada a mí, se la di y con los ojos me indicó que tenía que repetir el proceso con Sara y así lo hice. Mientras me besaba con ella, el bajó mis vaqueros y no tardó en deshacerse del tanga y meterme enérgicamente dos de sus grandes dedos en mi coño mientras se inclinó para comérmelo como pudo en aquel pequeño sillón con tres personas sentadas en él. Sara sonreía en todo momento y sus pupilas estaban totalmente dilatadas. Supe que le encantaba aquello.

Quise hacer lo mismo con Sara pero me costaba abrir sus piernas y tumbarme un poco para llegar hasta su coño, así que opte por masajear su clítoris suavemente con mi dedo pulgar mientras introducía otros dos en su interior y con la otra mano tiraba de sus pezones que supuse que le encantaba, solo hacía falta escuchar sus gemidos.

La calor crecía y los gritos femeninos inundaban aquel coche que se nos hizo pequeño y agobiante al poco rato de comenzar a jugar.

Adrián decidió salir del coche y montarnos a las dos sobre el capó, cosa que me pareció excesivamente erótica y que me puso muy caliente ya que estaba totalmente expuesta.

Él, de pié ante nosotras dos con los pantalones un poco bajados y su gran polla ante mis ojos nos propuso abrir las piernas a las dos, que apoyadas en el coche y completamente desnudas accedimos gustosas. Primero fui yo y eso me gustó. Se acercó a mi clítoris y lo chupó fuerte y delicadamente a la vez dando grandes lametones hasta el principio de mi ano. Apartó la cara de entre mis piernas creando en mi rostro una mueca de molestia y observé cómo se lo comía a ella de la misma manera que antes había practicado conmigo. Así una vez cada una hasta que cada una tuvo su correspondiente orgasmo .

Seguidamente y sin dejarnos descansar encendió un cigarro y lo puso en mi boca para que repitiéramos el mismo juego del principio mientras él nos follaba a las dos. Me penetraba fuertemente consiguiendo que me arqueara sobre el capó y cuando estaba a punto de correrme paraba y penetraba a Sara de igual manera haciéndonos sufrir plácidamente hasta que decidió darnos el privilegio de corrernos para él una a una mientras nos besábamos y tocábamos entre nosotras.

Poco después que nosotras él gritó que se corría y que quería hacerlo encima nuestra, las dos bajamos del capó rápidamente, y sin ningún reparo expusimos nuestro cuerpos en los que él derramó su semen caliente encima de nuestros pechos y nuestra boca. Lo chupamos hasta quedar totalmente limpio.

Esta vez si nos encendimos un cigarro cada uno y nos lo fumamos encima del capó mirando el cielo y sonriendo por ese segundo magnifico encuentro que de sobra sabía que no iba a ser el último, ni mucho menos...


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