Cenizas a las cenizas 1: Un nuevo día.

Por Joakinmar
Enviado el 26/08/2014, clasificado en Ciencia ficción
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Despertó. El viento sonaba como un potente silbido que se metía profundamente en su cabeza. A tientas en la oscuridad, se levantó y sus abotargados ojos poco a poco se habituaron a aquella negrura. Se hallaba en el interior de un destartalado garaje, rodeado de cajas de cartón y hojas de periódico raídas. Dormía en un incomodo sofá-cama. A su lado, se hallaban una silla de plástico y una pequeña mesa sobre la que habían unas cuantas latas de conservas ya vacías.

 

Se lavó, comió un poco y luego, comenzó a vestirse. Un pantalón de pana, una camiseta blanca, un jersey y luego encima de todo esto, un abrigo con capucha, además de unas recias botas. Después, se fue a una pared, de donde colgaba una mascara antigas, con un respirador de filtro por el que se introducía el aire, limpiándolo de impurezas y haciéndolo respirable. Con el ya puesto, fue hacia la puerta y al abrirla una bocanada de aire le impacto.

 

Al salir fuera, notó el Sol débil y distante, cubierto por gruesas nubes que apenas atisbaban su presencia. Ante sus ojos, su antigua ciudad se desplegaba tétrica y fantasmagórica.

 

Las calles estaban desiertas y vacías, con coches quemados abandonados en mitad de la calzada. El polvo se elevaba por el aire. Los edificios se elevaban hacia el cielo, muertos e inertes, como un monumento a la hipocresía humana. Comenzó a caminar, como hacia cada día desde hace 5 años, una rutina que había memorizado en su cabeza. Sabía que calle debía tomar, que edificio tenía que atravesar, que lugares evitar por estar derruidos.

 

El primer sitio al que fue era le supermercado. Pasó por el lado de una caja registradora, donde habitualmente habría una cola de gente, esperando ansiosa a que le pasaran sus compras para poder irse a casa. Pero ya no había nadie. Atravesó los pasillos con estanterías vacías, hasta llegar a una plagada de latas. Alimentos, que el mismo se había ocupado de colocar con paciencia. Miró todas ellas, y finalmente se inclino por la carne enlatada. La cogió y salió del mercado. Después salio de allí, en dirección hacia su siguiente destino. Mientras, la silenciosa ciudad le envolvía.

 


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