El mejor amigo de mi hijo, Parte 3 (final) EGT

Por EGT
Enviado el 30/08/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Entro a la casa, dejó las llaves en la mesa del pasillo, era él, mi Danielito que había vuelto para complacerme mi vista.

Daniel- “me regresé porque el lugar al que iba a ir, no creo que vayan mujeres tan hermosas y fogosas como tú, y he vuelto para complacerte hasta que perdamos la consciencia”

Cuando me dijo eso, sentí como mi cuerpo empezó a recobrar fuerzas de la nada, sentí como mi corazón empezaba a latir más rápido y me hacían olvidarme de mis pensamientos de culpa.

Se fue acercando poco a poco a mí pero primero se quitó la playera y la dejo tirada en el pasillo de la casa, después se quitó los tenis y calcetines y los dejó en la entrada de la sala, se desabrocho su pantalón y empezó a quitárselos de manera torpe pero maravillosa y justo en  frente de mí se empezó a bajar el slip mostrándome ese miembro que me había hecho sentir 2 hermosos orgasmos y me había dominado en todo sentido. Se los quitó y los arrojó en un florero que tenía en la sala dejándome ver su hermoso cuerpo de nuevo. Era magnifico poder apreciar sus piernas fuertes y firmes (largas y grandes), su pecho bien formado, su cuello que  le daba un aire joven que solo yo puedo sentir, y su hermosa cara de apenas un adulto pero con mucho que ofrecer a una mujer.  Daniel, tus actos tan descuidados me causaban asombro y excitación, al ver como dejabas tu ropa regada en toda la casa sin importar quien llegara, como si estuviera en su propia casa o en su propia habitación y viéndome directamente a los ojos con un deseo de lujuria y de amor que muy pocos hombre te pueden ofrecer.

Me quito la cobija con la que había dejado y fue bajando hasta que mis pezones sentían el calor de su pecho, me abrazó como si fuera  una flor hermosa que acababa de florecer, me sentía la mujer más protegida del mundo ante tales brazos y con un calor que hacía que mi cuerpo se prendiera más y más!... me acariciaba pero ya no como antes, parecía que ya no buscaba solamente tener sexo, quería hacerme el amor y quería que yo supiera que me amaba y que me dejaría complacida como ningún hombre lo había hecho.

Después de ricas caricias fue metiendo poco a poco su miembro, tratando de que no notara que me estuviera penetrando con semejante falo más ancho que mis muñecas, pero no importaba porque lo hacía con el amor más grande del mundo. Una vez que estaba totalmente dentro, me agarro fuertemente y me empezó a alzar hasta que mi cuerpo quedara recargado en sus fuertes piernas… poco a poco se fue levantando hasta que mi cuerpo estaba recargado en su miembro totalmente (literalmente su miembro era mi apoyo) y mis piernas cruzaban en la parte trasera tocando sus firmes nalgas deportivas que me hacían volver loca!

Íbamos subiendo las escaleras cuando le pregunte

Yo-“¿A dónde me llevas mi amor?”

Daniel-“¿Dónde quieres que te haga el amor? En el cuarto de tu único hijo y mi mejor amigo?, en la cama en la que él duerme? En la que nos reímos y jugamos?”

No sé si hacia eso para hacerme reflexionar o para excitarme más por la forma en que lo decía… no lo sé pero mis pezones parecían duraznos y mis brazos lo abrazaban con más fuerza deseándolo cada vez más.

Daniel-“Na… te voy hacer el amor en el cuarto en el que tú y tu marido duermen, en donde solo él ha estado y en la cama en la que te ha hecho el amor y te ha dado un hijo, para que siempre que te haga tuya, veas y sientas mi cuerpo haciéndote mía”

En ese momento me di cuenta que aun era muy joven porque cuando dijo eso mi corazón empezó a palpitar mas rápido, mi cuerpo empezó a sentirse como una adolescente en celo y me sexo empezó a brotar lubricante al miembro que ya estaba dentro de mí.

Abrió la puerta del cuerpo de mi esposo y mío, y me tiro en la cama con delicadeza, bajó hacia mi vagina ya lubricada  y la empezó a lubricar mas con su deliciosa boca y así duro 3 minutos cuando se paro y me empezó a dar indicios de que estaría a punto de hacerme suya. Cuando me empezó a penetrar, lo hizo  de manera muy suave pero bastante profunda. Cada vez que veía como cada cm de él desaparecía en mi interior me provocaba mucha excitación y me hacia gemir del infinito placer.

Decidió cambiar de posición el cual era difícil adaptarme ya que yo era muy tradicionalista pero!  Era una posición demasiado deliciosa! El estaba debajo de mi, metió su miembro en mi sexo, con la mano derecha me sobaba el clítoris, con la otra tocaba mi vientre y mis pezones, y su boca me besaba en el cuello y con pequeños mordiscos en el lóbulo de la oreja (muy tiernos, parecían casi lamidas). Necesitaba estar totalmente concentrada porque si perdía el control podía venirme en él una tras otra tras otra vez! Sentía que me iba a dar un infarto cada vez que su miembro estaba totalmente de mí.

Daniel-“Te gusta? Estas a punto de venirte verdad? Quieres que me corra en ti de nuevo? Eh?”

Yo- Soy tuya Daniel! Haz de mi lo que tu desees!

Nos volteamos y nos pusimos en posición de misionero para de nuevo sentir su gloriosa venida… Me empezó a dar una embestidas que Dios! No sé cómo mi cuerpecito pudo soportar tanta excitación y tanta penetrada, parecía que la cabecera de la cama atravesaría la pared del poder que tenía ese chico!... Volví a sentir el cielo cuando se empezó a vaciar en mi, sentía que me estaba quemando!, mis piernas ya no me respondían y él se empezó a contraer dándome unas penetradas aun mas fuertes!, toque sus hermosas nalgas y parecían piedras que intentaban atravesar mi cuerpo! habíamos conocido una muerte pequeña en ese momento… fue el orgasmo más duradero de mi vida (mis gemidos se habían convertido en gritos  de amor). Sudados y cansados nos quedamos apreciando ese momento para recordarlo por siempre.

Pasamos un buen rato juntos, amándonos y le dije

Yo-“Es mejor que recojas tu ropa y volvamos a todo como estaba antes de que llegue mi esposo o pero aun mi hijo!”

Daniel-“Que… no te gustaría que nos encontraran pegados de esta manera? haha”

Descarado! lo amo!

Daniel-“Bueno cuando llegue tu esposo posiblemente querrá coger, y quiero que lo hagas con estas mismas sabanas para que me recuerdes mi amor”   en ese momento se despego de mi, hermosamente sudado y se fue a recoger sus cosas dejando atrás lo que ya era pasado.

Pero ahora tengo que vivir con esta maldición y siempre que me hace el amor mi marido, con tan solo oler mi almohada o recordar el momento, me recordaba a ese joven galán que alguna vez fue mi hombre haciendo que mis fluidos broten como un rió de amor.

Por cierto, no recuerdo haber tomando ninguna pastilla después de ese maravilloso día!

Ups!...


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