Insensible

Por Esteban Zapirain
Enviado el 30/08/2014, clasificado en Varios / otros
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Sonó el timbre.

-          Ya vooooy! Bueno, te tengo que dejar que me llaman a la puerta. Sí, debe ser mi hija que me avisó que venía con el nene. Un beso. – colgó. Apurada, caminó hasta la puerta, sacó la traba, dio dos vueltas a la llave y abrió – Hooolaaaa nene!!!

Como una tromba entró un chico de unos diez u once años arrastrando tras de sí una mochila casi más grande que él. Sin más, tiró la mochila en un rincón y se sentó en el piso enfrente del televisor. – Hola abu.

- Te lo dejo hasta la noche má. Tengo que hacer un montón de cosas. – Su hija siempre tenía un montón de cosas para hacer. Y nunca contaba nada. – Ya comió en la escuela. Te dejo que llego tarde. Chau bombón! – Tiró un beso y saludó agitando la mano. Salió, se metió al auto que estaba en doble fila y arrancó. La abuela cerró la puerta.

-          Cómo te fue en la escuela nene?

-          Bien – Sin despegar la mirada del televisor.

La abuela suspiró y se sentó en el sillón, mirando hacia la ventana. Afuera se veían nubes negras. Va a venir tormenta, pensó.

El reloj de la pared tictaqueó, como confirmando sus pensamientos.

******************************************************

Vueltas a la llave desde afuera. Intento de abrir la puerta, pero la traba lo impidió. Puteada. Timbre.

-          Abrime, abuela!!! Soy yo!

-          Ya vooooy! Bueno, te dejo que es el nene. Sí, no puede abrir, me olvidé de sacar la traba. Chau, chau. – Colgó. Apurada, caminó hasta la puerta, cerró, sacó la traba, abrió y recibió un gran abrazo - Hooolaaaa nene!!!

-          Hola abu. Cómo andás? – Entró, dejó la mochila sobre una de las sillas y se sentó a la mesa. – Uffff, estoy re cansado. No sabés lo que fue la escuela hoy.

-          Querés comer?

-          Dale, o unos mates primero querés? – Miró en derredor la casa. Todo parecía en su lugar, daba la impresión de que el tiempo no pasaba en esa casa. Era una de las cosas lindas de visitar a la abuela. Salvo por el puto reloj que no paraba de hacer tic tac. – Y esa compu?

-          Me la dieron. La tengo que aprender a usar. La quiero para hablar con mi prima de Buenos Aires. Pero todavía no sé ni cómo se prende, tengo que leer el librito.

-          Son todas más o menos parecidas. – Dijo, dando vueltas en las manos a la mini computadora. Tocó un botón en el costado. Se prendieron 2 lucecitas. – Mirá acá está. – La depositó sobre la mesa y esperó que arrancara. – Supiste algo de las tías? Tenés que poner Internet.

-          Ah, no viene con eso? Yo creía que la prendía y ya estaba.

El repetitivo y a veces ruidoso y molesto reloj de pared siguió tictaqueando.

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Media vuelta a la llave. Estaba abierto.

-Abuela?

-Hola nene. – desde el sillón. Estaba muy pálida. – Cómo te fue?

- Bien abu. Le encantó. Se reía, lloraba, era un quilombo de emociones. Ahora tenemos que buscar salón, servicio de catering, torta, vestido, un montón de cosas. Pero estoy feliz.

- Me alegro nene. Te merecés lo mejor. Es linda chica. – Cerró los ojos y se durmió. Estaba muy pálida y ojerosa.

-Abuela? – Miró en derredor. Nunca nada cambiaba en esa casa. Los mismos adornos en los mismos lugares, el centro de mesa de flores secas… y el reloj.

El ruidoso, molesto y repetitivo reloj de pared que seguía tictaqueando, ajeno a todo.

Insensible.


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