Brújula

Por LF
Enviado el 07/09/2014, clasificado en Poesía
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Esa tarde, mi vida cambió. Sentado sobre la silla en el salón sabía que debía cambiar el rumbo de la historia. ¿Qué pensarían de mí si en mi silencio jamás habría paz? Busqué, aunque sin éxito, el sur eterno, la metamorfosis del sol, busqué pensar lo impensado. Mientras caía el atardecer, un ramo de flores calló sobre mis muslos, era el comienzo de un final anticipado, era ver mi vida reflejada en imágenes mentales, era mí propia transformación. Quise darme cuenta que podía evitarlo, pero la noche cayó sobre mí, la oscuridad me encegueció el alma, mis miedos más temidos me atragantaron el grito. Esta vez, tu amor no podría salvarme, esta vez era el momento de cantar mi última canción, de morir de pie.
Mis intentos fueron en vano, no pude hacerle frente a la acción temeraria de la muerte, no logré hacerme sonreír. Ese era el desafío, haberme dado cuenta antes me hubiese servido para hacerle olvidar a la muerte que ese era mi momento, hacerle cambiar de dirección. Ver mi destino no me llevó muy lejos, simplemente me corrió hacía la libertad impensada, hacia el mas allá, ese lugar que nadie alcanzará jamás, ese infinito decorado de piedras y de arena, rodeado de paz y de suaves brisas que te arropan sobre una lenta calma. ¿Qué hubiese sido de mi si hubiese seguido el ritmo de tus labios? Por ahí no estaría escribiéndote esto desde aquí arriba, parado sobre el eterno cielo que a la vez es mi infierno, donde guardo todas mis heridas, donde está mi gente. Me han dicho que antes de irme debía ver si valía la pena encontrarle dirección a la tan temida vida, que si era capaz de ver un atardecer de un color distinto podría ser yo quien decida mi camino, pero no fue así, pasaron sobre mí, con su egoísmo y sus almas perdidas, sin encontrar perdón en el fondo de sus corazones, sin ver ese camino de luces oscuras y a la vez tan brillante, el de la perfección. ¿Será que todos tenemos un camino distinto? ¿Hace falta robárselo a la gente con sueños incumplidos? Si todo lo que yo quería era encontrarte, disfrutarte y caminarte sin perder la noción del peligro que corría mi alma en soledad, la de un niño que busca una sonrisa, que busca tu amor, que lo pierde todo.
¿Quién diría que este sería mi final? Aburrido y gris, sin sentido y poco llamativo, pero al final lo era, no lo comprendí hasta que me vi brillar, hasta que vi que la única conexión que tiene el alma es con la soledad, que un vaso de puro licor encuentra lo más profundo del mar, que en la oscuridad también brillamos, que mi búsqueda por lo distinto era mi final. Cambié pronto mis pies por simples alas, cambié tanto daño por un poco de paz, caminé por un camino que parecía intransitable, pensé lo imposible y le canté al olvido la serenata de un encuentro fugaz, como supe que sería. Iluminando mi propio camino me convencí de que siempre hay un poquito más por caminar, que el que no quiere caminar allá él, que el que injuria y lastima no tiene luz, que nunca moriremos.


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