El poder de una historia Tercera Parte

Por JJVieira
Enviado el 08/09/2014, clasificado en Terror
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Pasaron al menos dos días cuando sonó mi teléfono, era la directora quien me pidió que me quedara en casa, pues si bien había faltado varios días comprendía que el cansancio y la muerte de esos jóvenes podrían haberme agotado al fin. No recuerdo que le respondí, no tenia sueño aun cuando mi cuerpo me pedía que durmiera sabía que no había forma en que cerrara los ojos, pues podía ver escenas de mis pesadillas que había empezado a recordar, y en todas aparecía El Caos, un ente informe venido quien sabe de qué profundidades o tiempos, pero que parecía desear, más que nada, acabar con mi existencia.

            ¿Por qué no había podido hacerlo antes?... la respuesta tardo en llegar a mi embotado y aterrado cerebro… mi fiel perro, el sí que podía verlo, cuando mis pesadillas llegaban a un punto culminante el me despertaba, con un escalofrío descubrí que algún ser vivo, tangente y que quizá conociera era el responsable de la muerte del pequeño héroe… y de la mía si no hacia algo.

 

            Fue entonces cuando, al atreverme a salir a comprar víveres me llamo la atención el titular de un diario local “Otro estudiante muere en el Acosta”. Pagué la publicación y lo llevé a casa.

            Uno de mis estudiantes fue hallado muerto en su habitación, al parecer se había colgado en la noche cosa inexplicable pues sus resultados en los exámenes de lapso eran excelentes y su vida social no presentaba ningún problema, de hecho según el periódico, su madre había hablado con el justo cuando se disponía a sentarse a leer en su habitación y él se había mostrado incluso alegre al despedirse de ella.

 

            Leyendo… fue como si un campanazo hubiese sonado dentro de mi aturdida cabeza… leyendo… Ramírez y yo habíamos leído el cuento de Marcos y no resultaba difícil para el entregárselo a sus compañeros en el liceo, pero ¿Cómo lo retiraba? Era imposible que la policía no lo hubiese conservado como evidencia y menos en casos con tan poco espacio de tiempo. Intente pensar cómo era posible pues esa sola conexión haría posible que se esclarecieran los hechos que sabía, no había concluido.

            A la mañana siguiente me presenté en el Liceo y esperé a mis alumnos en la salida. Aunque algunos de mis colegas me saludaron efusivamente debieron notar que no solo no había mejorado si no antes bien me hallaba en un estado deplorable tras casi dos semanas sin dormir.

            Al final cuando salieron de clase le pregunte a uno de ellos si sabia donde estaba Marcos… al parecer se había ido antes pues le dolía la cabeza, pero había tenido tiempo de  prestarle un pequeño cuento a una de mis alumnas. Considerando lo ocurrido creo que debí tomarlo con más calma, pues no pude dejar de susurrar que ella seria la próxima víctima, quisiera que el joven a mi lado no lo hubiese escuchado.

 

            Sabia donde vivía mi alumna, al otro lado de la ciudad así que me presente en el acto, su madre, aun cuando recelaba de mi maniática apariencia me dijo que ella no se encontraba en casa, dijo que se había entretenido leyendo y que había salido.

            Camine de nuevo a la avenida y vi un corro de curiosos rodeando algo bajo una pasarela, mi alumna yacía en el suelo sobre un charco de sangre, no había rastro del libro. Me arrodille junto a ella y lloré, lloré por ella y por mi y tan deprimido estaba que la policía al preguntar mi nombre no tuvo que pelear para llevarme detenido.

 

            Pasé dos meses en prisión preventiva de la que nada recuerdo, pues pasaba el tiempo esperando a que El Caos viniera por mi… dos meses que robaron la mayor parte de la cordura que me quedaba, pero que al final, y tras la falta de pruebas y debido a otra muerte sin resolver terminaron con la liberación de mi cuerpo, pues mi mente sigue encarcelada.

            Llegue a casa y por supuesto la encontré vacía, mi única compañía había muerto por salvarme y sé que cuando duerma tendré otro acompañante menos agradable.

 

            Esta noche había decidido acabar con todo, o eso pensé que ocurriría.

 


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