Con una compañera en la playa

Por jala
Enviado el 14/09/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Con un trabajo de horario bastante amplio, me gusta cogerme un rato a mediodía para salir de la oficina, comer algo y desconectar antes de volver a la vorágine. Una de las opciones para ese rato es acercarme a la playa nudista del Saler, que está escasamente a 10 minutos en coche de donde trabajo, y tumbarme a tomar el sol escuchando música. Normalmente me pongo alejado de la orilla, tras las dunas, porque se está más tranquilo además de protegido del viento que normalmente a esa hora suele girar y se vuelve un poco más incómodo.

Pues bien, aquel llegué como de costumbre y me puse en el sitio de costumbre. Me desnudé, me tumbé sobre la toalla y me puse los cascos para escuchar música, sin ninguna otra intención que pasar el rato tranquilo hasta que se hiciera la hora de volver a trabajar.

A los diez minutos de estar allí una sombra sobre mi cara que me tapó el sol me hizo abrir los ojos .

 

Hola! – me dijo alguien

 

Se trataba de Clara, una compañera de trabajo. Clara es pelirroja, con el pelo rizado, no muy alta ni muy agraciada pero simpática como un cascabel. Con poco pecho, siempre me había fijado en ella porque tiene un culo respingón y precioso, que normalmente acompaña con unos vaqueros ajustados y unos tacones altísimos.

 

Hola – contesté.

 

Mi primera reacción fue taparme. Reacción absurda porque se trata de una playa nudista.

 

No te tapes, hombre! Que ya te he visto de sobra!!!! Jajajaja Pues tienes razón – contesté. - ¿Qué haces por aquí? Esta tarde no trabajo y he venido a pasar la tarde a la playa. He visto tu coche aparcado allá – dijo, señalando hacia la zona de parking Conoces mi coche? – pregunté un tanto incrédulo Pues claro!! Y también sé que vienes muchos mediodías a esta playa. Te importa si me pongo aquí?

 

Extendió la toalla, dejó la bolsa que llevaba en el suelo y comenzó a quitarse la ropa. Se quedó enfundada en un bikini de color ocre, con la parte de abajo muy pequeña, y se sentó en su toalla. Ahí iniciamos una conversación de lo más banal que incluyó trabajo, hábitos a la hora de comer, estado meteorológico, sequía y lluvias previsibles, etc..

 

Al rato se levantó.

 

Me voy a bañar. Estoy muerta de calor. Vienes? – dijo Creo que no, gracias. No me apetece – contesté Está bien, como quieras. Me voy al agua.

 

Se quitó el bikini y lo dejó en la toalla. Pude ver sus tetas pequeñas, con pezones pequeños y el coño depilado con una fina hilera de vello en vertical. Y efectivamente, el culo era perfecto. Respingón, grande, como a mi me gustan, y con un poco de celulitis. Vamos, perfecto.

 

Mi polla empezó a animarse y comenzó a adquirir tamaño, pero decidí volver a la toalla porque no quería que me viera en ese estado cuando volviera del agua.

 

Al poco rato volvió. Se sentó en la toalla y, con descaro, me dijo:

 

Parece que se te ha animado! Jajajaja

 

Efectivamente, mi polla aún estaba grande, no con una gran erección pero sí grande.

 

Eso no será porque me he quitado el bikini, verdad? No creas – contesté. “No poco”, pensé yo. Oh vaya!!! – dijo riendo.

 

Se tumbó en la toalla boca abajo, pero mientras lo hacía se puso a cuatro patas durante tres o cuatro segundos buscando las gafas de sol en su bolsa de la playa. La vista de su coño y su culo por detrás fue lo que necesitaba para que mi polla volviera a crecer y llegara a una buena erección. Volví a tumbarme y a ponerme la música y cerrar los ojos.

 

Al poco rato noté como ella se movía en la toalla y abrí los ojos. Se había puesto de rodillas a mi lado y miraba mi polla. Alargó la mano y la puso encima de ella.

 

Me gusta, la tienes muy grande –dijo Pues que sepas que ahora sí que es por tu culpa – contesté

 

Entonces empezó masajear mi polla, primero con una mano, un largo rato, luego con las dos, subiendo y bajando mientras aquello ya se me había puesto como una piedra. La moví hasta colocarla con su coño encima de mi cara para empezar un sesentaynueve. Su coño sabía rico, salado por el mar, y estaba rezumando flujo. Mi polla se hundía en su boca mientras yo le lamía el coño y subía hasta mojarle con la lengua el culo.

 

Me levanté y le pedí que se pusiera a cuatro patas con las piernas separadas. Me puse detrás y empecé a chupar su ano, que recibía mi lengua entrando y saliendo. Me levanté y se la metí muy despacio por el coño, empapado y caliente. Poco a poco fui aumentando la intensidad de las embestidas. Tenía el coño pequeño y mi polla no le cabía bien pero ella se movía y empujaba buscándola toda.

 

Yo estaba detrás de ella, con los pies sobre el suelo, follándomela por el coño. Varios minutos estuvimos así hasta que empezó a gritar:

 

Me corro!!!!!

 

Tuvo espasmos en el coño y en todo el cuerpo a la vez que soltaba chorros de flujo. Se dio la vuelta y dijo:

 

Seguimos? Me has puesto muy cachonda.

 

En ese momento se dirigió a su bolsa y sacó un bote de lubricante (el Durex del envase color naranja con efecto calor). Puso una buena cantidad en su mano y me la extendió por toda la polla. Luego cogió más y esta vez se puso de nuevo a cuatro patas y se lo extendió por el ano a la vez que se metía un poco con dos dedos por dentro.

 

Me arrodillé detrás y acerqué mi polla a su culo. Empecé a empujar despacio pero el lubricante hizo efecto y fácilmente entró mi polla. Le entraba con facilidad pese al tamaño, se movía bien para encajársela y sus grititos de placer eran cada vez mas fuertes.

 

Durante un rato estuve metiéndola y sacándola del todo de su culo, y cada vez que volvía a entrar ella daba un grito de placer hasta que volvió a anunciar que se corría.

 

Sííííííííííí´!!!!!! Me corro otra vez!!!!!!

 

Esta vez no hubo el chorro de flujo tan enorme de la anterior pero sus espasmos fueron igualmente intensos. No pude contenerme y saqué mi polla para correrme encima de su ano y por su espalda con una cantidad de semen que pocas veces había visto antes.

 

Caímos los dos sobre la toalla, exhaustos y satisfechos. Su espalda estaba llena de mi leche y su culo se veía abierto. Estuvimos sin hablar un buen rato hasta que miré el reloj y vi que era la hora de volver a trabajar.

 

Me voy. Te quedas? Sí. Voy a tomar un rato el sol, que al fin y al cabo es a lo que he venido, jajajaja!

 

Cuando me alejaba me dijo:

 

Repetiremos? Claro que sí – le dije

 

Y hemos repetido, ya lo creo que sí!!!


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