Un rato en el gimnasio

Por cclecha
Enviado el 12/09/2014, clasificado en Humor
1173 visitas

Marcar como favorito

                                                       UN RATO EN EL GIMNASIO

 

   Para acceder al gym tenías que poner tu dedo, de modo acreditativo para que leyera tu huella dactilar, en una máquina. Esta, te dejaba o no, pasar-como en el metro- si todo estaba conforme. Aquí empezó el primer problema. No se abría la barra de paso. Reculé y tuve que ir a recepción, con mi carnet del gimnasio, a ver qué pasaba.

     En recepción tuve que chuparme la primera mini cola de la mañana. Delante de mí, había un travesti con un problema inusual de vestuarios. El “travelo” –como se los conoce coloquialmente- exigía poder desvestirse en el vestuario masculino…Los empleados no tenían clara la situación, pero como el travelo amenazaba con meter bulla y optaron por dejarlo hacer.

     Finalmente y después de muchas comprobaciones y verificaciones pude acceder al gimnasio y conseguí meterme en el vestuario. Allí me volví a cruzar con el travesti, que ya cambiado de gimnasia, salía hacia la sala del gym. Iba con un pantalón muy ceñido rosa y una camiseta amarilla sin tirantes que marcaban unos pechos espectaculares.

     He de decir que yo acudo al gimnasio por prescripción médica. Mi físico no es muy agraciado. Soy más bien pequeño, muy delgado y de piel extremadamente blanca. Recuerdo que cuando el médico me iba comprobando los dolores en la espalda me dijo: “Su físico no creo que sea nada agradecido, pero intentaremos reforzar los músculos y columna, para que así no se manifiesten tantos dolores”

     Como nunca he hecho deporte, no tengo equipo deportivo. Me he puesto en la bolsa un pantalón corto verde oliva (de cuando hice la mili, hace ya veinticinco años), unas zapatillas victoria negras, unos calcetines a rayas y una camiseta roja con el mensaje de “chorizo Revilla” que me regalaron en el supermercado.

     Sin más demora me metí en el gym, donde me atendió un entrenador personal que se hizo cargo de mi problema. “Mire, vamos a intentar dar un poco de tono muscular a su cuerpo. Siéntese en este banco y aprovechando que en la barra de pectorales no hay pesas, aprovecharemos para calentar.” Cuando llevaba cinco repeticiones sin peso, note una punzada aguda en mi hombro. Lancé un grito y el monitor moviendo negativamente la cabeza, me hizo parar. “Es raro que se haya lesionado sin peso” “Cambiemos de ejercicio…coja las pesas mínimas, las de dos quilos, y delante de los espejos haga bíceps de esta forma” me dijo enseñándome como se hacía.

       Me fui hacia los espejos y miré como flotaban mis piernas, dentro de los holgados pantalones. Pensé que realmente tenía “pata de canario”. Entonces también contemplé mis escuálidos brazos y como a pesar del ejercicio, mis músculos se mostraban lisos como un mondadientes. La única protuberancia que ofrecía mi cuerpo, era la de mi barriga, bastante abultada para mi fino cuerpo.

       Entonces vino mi verdadero calvario. Un mulato cubano que me pasaba una cabeza y media, empezó a hacer el mismo ejercicio que yo…pero con pesas de veinte kilos en cada mano. Este mocetón era un verdadero armario, con músculos brillantes y marcados por todas las partes de su cuerpo…iba con una camiseta de pesista que acentuaba su potencia…

     Para acabarlo de rematar, vineros dos chicas, esbeltas y monas, que se mostraban coquetas con el cubano y le pedían asesoramiento de pesas. Para mi tranquilidad vi como el cubano hablaba de cosas muy superficiales y triviales…pero ellas parecían gozar con la situación.

     Me sentí humillado delante de aquella fábrica de músculos y también de ver cómo me ignoraban las chicas. Como reacción instintiva me retiré unos metros atrás, porque todas las comparaciones son odiosas. Pensé en mi inteligencia que era mi máxima distinción y motivo de orgullo, contrastaba con la del mulato. Puedes tener un cuerpo poderoso, pero lo que vale es el cerebro… pero dudé de mis propios pensamientos, cuando recordé como aquella mañana, al entrar en la habitación de mi hija adolescente, había visto un poster de Brad Pytt colgado y como yo le había hecho broma de porque no colocaba uno de Einstein o de Mark Hawkins que eran infinitamente más inteligentes. Me respondió: “Papa, no digas cosas absurdas”- me dijo dándome un beso compasivo

       El monitor que me observaba, tampoco sabía por dónde tirar y me dijo. “Mire, dejemos por hoy lo de las pesas y haga un poco de bicicleta estática a la mínima resistencia. Ponga la bicleta al 1. Me puse al lado de un anciano que se las daba de graciosillo y que me dijo “¿Que vas muy lejos?” Y que se puso a reír sin esperar mi respuesta. Huelga decir que disimuladamente miré hacia el marcador de resistencia de su bicicleta y al comprobar que iba con una resistencia del 6, me retiré a mis propias meditaciones y no abrí la boca.

       Pensé que todo aquello del físico, no era más que un truco de la naturaleza destinado a la procreación de hijos y que todavía perduraba desde los tiempos remotos. Los hombres, ambicionaban la forma de V y más masa muscular porque era lo que querían las trogloditas, para defender el territorio, a sus crías y a ellas mismas. Nosotros queríamos mujeres con cintura estrecha y caderas porque son más fértiles. La belleza, también nos deslumbra porque la procreación saldrá más sana y fuerte.

       Por fin acabó aquel calvario y me retiré a los vestuarios sin mayores incidencias.

    Allí, podía estar relativamente seguro. Me fijé como un individuo que acababa de salir de la ducha. Completamente desnudo, accionaba uno de los secadores de mano y se ponía a secarse todo el cuerpo…todo, sin ningún disimulo y con un exhibicionismo insultante. Procuré no mirar hacia el hombre y al girar la cabeza, a pocos metros míos, un chico metrosexual, casi perfecto, tenía instalado una serie de tarros de cremas, en la pica del lavabo, con las que se iba untando su depilado y musculoso cuerpo.

   “Aquí, si que mi hombría tiene ganada la partida” pensé Y me dirigí recatadamente con mi toalla cubriendo mis vergüenzas y barriga, a la ducha.

   Cuando volví, no habían acabado mis tribulaciones. Al sentarme en el extenso banco de melanina, me clavé en el trasero algo parecido a infinidad de pequeñas agujas. Me levanté a ver de qué se trataba y ¡Horror! Vi que infinidad de uñas de pies y de manos permanecían clavadas en mi culo. Alguien se las acababa de cortar.

     Pensé que toda había acabado, pero no. Me aguardaban más infortunios. El travelo acababa de entrar y se desnudó dos taquillas más allá de mí. Se quedó con un minúsculo tanga y dejando al descubierto dos enormes tetas de plástico. Mi vista se posó varias veces en sus pechos, poniendo en cuestión mi masculinidad. El travesti sabía que yo estaba reparando en ella y paso delante de mí con los pechos desnudos hacia la ducha. Por un lado había en ella algo del exhibicionismo masculino del hombre del secador, pero por otro lado, pasó por mi lado ignorándome completamente y mirando hacia el infinito, como acostumbran a hacer las mozas con lasque me cruzo por la calle.

     No sé si mañana volveré al gym. Todo esto es demasiado nuevo.

 

 

 

 

 

 

      


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... FarmaToday
TvReceas - Videos de recetas de cocina Cristina Callao