A bruxa

Por Malu Ramírez
Enviado el 22/09/2014, clasificado en Terror
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Todo era raro... Hacía mucho que no venía de visita a la ciudad de México, vagar por los museos coloniales ya de noche era muy diferente a hacerlo de día... Esa magia antigua se sentía flotar en el aire...
El guía contaba leyendas algo más oscuras de lo que las había leído alguna vez, escuchar hablar de la llorona era irrisorio comparado con el sentimiento que producía vagar por los museos de noche y sobre todo por el archivo general que anteriormente había sido una cárcel.
No sé si mi mente estaba ofuscada con tantas historias porque de repente vi pasar algunas sombras hacia el patio central, era un pequeño grupo encapuchado alumbrándose con antorchas, o al menos eso reflejaban las sombras...
Fue tal mi curiosidad que me separé del guía por un instante y regresé sobre mis pasos a donde las sombras habían desaparecido.
Nada había ahí, ni sombras ni gente, nada. Mi mente seguramente trastornada por las historias de terror jugaba una broma conmigo... Al dar la vuelta para regresar con el grupo siento que algo roza mis piernas y lógica solo acierta a decir que un gato debe rondar el lugar y aunque de reojo lo busco sigo sin poder ver nada en el sitio. 
Comienzo a regresar al lugar donde estaba el guía y algo, no sé qué, me agarra del brazo, el miedo me invade, intento soltarme pero en vez de lograrlo me toma más fuerte... 
Automáticamente abro mi boca dispuesta a gritar pero ningún sonido emite mi garganta, la desesperación comienza a apoderarse de mí y al querer correr algo golpea mi cabeza, cubren mi nariz con una tela bañada en un líquido fuerte y voy perdiendo poco a poco la conciencia mientras las sombras encapuchadas van apareciendo una a una a mi alrededor.
No sé qué pasa conmigo, estoy acostada sobre algo muy duro, una roca quizá, trato de moverme pero mi cuerpo no responde, cada uno de mis músculos se sienten pesados y mi mente está aletargada, no puedo abrir los ojos...
Trato de calmarme, respiro profundo y comienzo a sentir las manos, los brazos, las piernas... Abro lentamente los ojos y una tenue luz ayuda a ver en donde estoy.
Acostada, sobre una roca lisa, de casi dos metros de largo a un lado de un patio alumbrado en cada esquina con antorchas encendidas, rodeado de puertas viejas de madera todas cerradas, todas menos una y de ahí solo sale oscuridad.
Intento levantarme pero aunque nada me lo impide algo me dice que no lo haga, permanezco recostada en la roca tratando pensar en cómo salir de ahí, en como escapar aunque no sé de qué...
Un ruido proveniente del cuarto abierto me hace estar alerta, algo o más bien alguien sale de ahí, alguien vestido de negro y con una capucha, se acerca lentamente a donde estoy... Mis ojos que se cerraron al escuchar los pasos se abren al sentir un rostro junto al mío y me sorprendo mucho más al ver el rostro de la persona encapuchada...
Hacía mucho que no la veía, tenía varios meses que mi maestra wicca había desaparecido sin decir nada, sin dejar rastro... Sus negros ojos me observan, y una mueca aparece en su rostro, una mueca burlona que se ríe de mí.
Ya nada puede darme más miedo, cuando el patio es bañado por la luna llena algo, un vago recuerdo llega a mi mente... Sin pensarlo hago recuento y se exactamente en qué luna llena estamos... ¡Luna de muerte! Cuando las brujas oscuras hacen sus ritos y matan brujas blancas para congraciarse con el dios del mal.
Necesito escapar! Si no lo hago seré la próxima víctima de una muerte segura o de algo peor... 
Nunca quise ser realmente una wicca, aunque la magia se me daba muy bien, muy fácil, era como si alguien más dentro de mí lo hiciera, como si mi cuerpo fuera el portador de alguien de otras eras, de otros tiempos... Cada vez que hacía algún ritual era como si alguien más me poseyera, me transformaba en una mujer de largos y oscuros cabellos, vestida de blanco de tez clara y mirada penetrante... Al parecer era yo descendiente de una bruja blanca, y por lo que ahora veo, soy descendiente de "esa" bruja blanca, aquella que con su sola presencia puede hacer que toda la magia negra termine y que matándola la magia negra reinará.
Necesito escapar urgentemente, sea quien sea yo, haya sido quien haya sido, si no escapo la muerte es segura. Me siento sobre la roca, y al querer bajar de ella algo me agarra fuertemente del tobillo, trato de safarme, y cuando lo logro vuelvo a subir mis piernas a la roca, trato de mirar para ver que hay junto a ella y me doy cuenta que esta sobre un abismo negro, algo hecho sin lugar a dudas con magia y que difícilmente podré contrarrestar...
Nada de lo que aprendí anteriormente me ha preparado para este momento, siempre lo vi como un juego, nunca quise tomarlo en serio. Calculo que pasan de las tres de la mañana, faltan unas dos horas aproximadamente para que todo comience, para que todo finalice, para que mi muerte llegue.
Minutos antes de rayar el alba es cuando el ritual debe hacerse, ojalá fuera yo una bruja negra, pero nunca apareció en mi espalda la serpiente que las caracteriza, no, solo soy una simple mortal que no sabe si ha soñado ser una bruja blanca cuando estudiaba un poco y jugaba mucho con ello... Si tan solo recordara algún hechizo, ¡algo! ¿Cómo hacer para escapar? El abismo a mis pies lo impide, y hace tanto que no practico nada...
Un grupo de gente se acerca, comienzan a escucharse cánticos lúgubres en un idioma antiguo que alcanzo a reconocer, se lo que dicen, algo ata se repente mis muñecas, mis tobillos, me tienden sobre la roca de sacrificios, uno de los miembros  encapuchados se acerca y arranca mis ropas, con una daga traza una fina línea que va de mi cuello al corazón, comienzo a sangrar un poco por lo afilado del cuchillo, el sudor invade mi frente, trato de escapar pero estoy atada fuertemente,  ya nada me salva de la muerte.
Pasa por mi mente todo lo vivido, se acerca a mí quien fuera mi maestra y me observa, me reflejo en sus ojos negros y me entierra la daga en el corazón.
Un destello fuerte de luz blanca inunda el lugar, abro los ojos, me encuentro en una cama de algún hospital pues el olor a antiséptico así lo indica... Mi cabeza da vueltas y sin querer veo mi reflejo en la ventana... Soy aquella mujer de cabellos largos y oscuros, de mirada penetrante.

 

Malu Ramírez


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