La Verdader historia de Caperucita y el Lobo Feroz - Cap2

Por Xaviven
Enviado el 20/12/2012, clasificado en Humor
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Conforme Caperucita se iba acercando a la puerta de la casa, el sr. Feroz iba haciendo lo propio agazapado entre los matorrales esperando el momento justo en que la abuela abriese la puerta para, de un salto, plantarse delante de las dos y atacarlas rápidamente.

Así lo hizo. Una vez delante de la abuela y la niña pudo comprobar que éstas ni tan solo se habían asustado. La abuela, que no había cruzado el umbral de la puerta, metió el brazo derecho dentro de la casa agarrando un bate de beisbol y le arreó un mamporro al sr. Feroz que quedó tendido en el suelo con un gran chichón que, en pocos segundos le sobresalía por encima del pelaje.

Cuando despertó, se encontró atado a una silla frente a la mesa donde también se encontraban la abuela y Caperucita riéndose a carcajada limpia. Había mucho humo en la casa y ese olor... Era la primera vez que el sr. Feroz olía un aroma parecido, pero le estaba gustando. Pudo comprobar que abuela y nieta estaban fumando provocando ese humo y ese olor tan agradable. Lo que no entendía, de momento, era por qué se reían tanto. Pensó que se reían de él, y en parte así era, pero no podía ser que les produjese a las dos esa risa tonta e histérica y esos lagrimones que les resbalaban por la cara yendo a parar a la mesa, en la cual ya se había formado un pequeño charquito.

 

-         Muy bien sr. Inspector del gas – dijo la abuela. -¿Cuánto dijo que me iba a costar la instalación?.... Ja ja ja ja ja ¡!!!

-         Nunca la engañé, ¿verdad? – dijo el sr. Feroz

-         ¿Engañar a mi abuela? – dijo Caperucita. – No encontrarás a nadie más lista que ella en esta zona... ¿Quieres una caladilla Lobo?

-         Lo que me gustaría es comer algo. Hace días que no lo hago.

-         Y te pensabas que nosotras seríamos unas presas fáciles, ¿no es así?. – dijo la abuela

-         Pues la verdad es que sí. No me podía pensar que acabaría así.

-         La verdad es que aún no ha acabado. Replicó Caperucita. – Esto te pasa por pesado. Si hubieses seleccionado otras “víctimas”, quizá ahora estarías echando una siesta digiriendo la comilona. De momento lo que te podemos ofrecer es una caladilla, ¿quieres?

-         ¿Quita el hambre?

-         No la quita, pero se te va a olvidar... Ja ja ja ja ja!!!

 

Finalmente el sr. Feroz aceptó. No fue una caladilla, fueron bastantes más y en poco rato pudo comprobar que Caperucita tenía razón, el hambre seguía ahí haciéndole rugir la barriga, pero empezaba a sentirse “contento y feliz” sin saber cómo podía ser esto con lo desgraciado que era y el hambre que pasaba.

De pronto vio cómo la abuelita sacaba un saquito con unos polvos blancos que dejaba sobre la mesa. Una vez consiguió dibujar una rayita blanca con dichos polvos, con un billete se fabricó un canutillo y a través de él aspiró toda la rayita introduciendo los polvos blancos en la nariz.

El pobre sr. Feroz no entendía nada. Aún menos cuando la abuela le dijo:

 

-         De esto no te vamos a dar, porque con esta narizota que tienes nos dejarías sin nada.

 

Caperucita estalló con unas carcajadas que seguro que se oían fuera de la casa. – Qué graciosa eres abuelita - le dijo. A continuación le preguntó:

 

-         Abuelita, ¿has comido lobo alguna vez? – Esto lo dijo mirando de reojo al sr. Feroz

-         No Caperucita, nunca he comido lobo. Pero creo que se me ha pasado por la cabeza lo mismo que a ti.

-         Glubs – El sr. Feroz tragó saliva y de pronto se le pasó la alegría y felicidad que estaba experimentando sin saber cómo.

-         De todas maneras creo que quedaría duro... no sé, no creo que sea ningún manjar Caperucita.

-         Oye; y si le metemos una buena paliza y luego unos sustos, como a los pulpos, igual queda tiernecito y resulta de lo más rico...

-         Va! No lo creo. – y dirigiéndose al sr. Feroz dijo: - Oye Lobo, ¿dónde está tu manada?. Los lobos nunca atacáis en solitario.

-         No lo sé. Me perdí.

-         Mira que eres tonto... cómo puede ser que un lobo pierda a su manada. Así te van las cosas...

-         Ya... no puedo decirte más. Quizá sí soy un poco tonto, pero los tontos también comen, o por lo menos tenemos hambre.

-         De momento no es tu caso. Más bien lo contrario. Es decir, puedes pasar de ser un cazador depredador a ser un “cazado depredado”. ¿Qué dices?

-         Pues... buuuuuaaaa!!!!

Sí, el sr. Feroz se puso a llorar y la abuelita y Caperucita a destornillarse de risa. Finalmente les dio pena.

 

-         Mira Lobo. Vamos a llegar a un acuerdo. Tú comes de lo tuyo y nosotras de lo nuestro. ¿Qué te parece?. Ahora bien, con una condición; si vuelves a aparecer de nuevo por aquí haciendo “instalaciones de gas” lo del bate de beisbol va a ser una broma comparado con lo que te puede llegar a pasar.

-         De acuerdo abuelita!!!

-         No me llames abuelita. Yo sólo soy abuelita de Caperucita para ti soy la sra. Carmen.

-         Pues de acuerdo, sra. Carmen pero no me comáis, por favor.

 

Otra vez la abuelita y Caperucita estallaron en unas carcajadas cargadas de decibelios que se escucharon en todo el bosque...

 

-         Mira si somos buenas personas que te vamos a poner un tentempié en una de las cestitas que trae mi nieta con comida y otras cosas que tú ya has visto. Además te diré que hay una manada de colegas tuyos a unos 3 o 4 km. al norte. O sea que ya sabes.

 

El sr. Feroz respiró tranquilo y se prometió a sí mismo no volver a incordiar a Caperucita y a la sra. Carmen.

Salió de la casa rápidamente antes de que se arrepintieran y cogió la dirección que le indicó la abuelita para encontrarse con su manada lo antes posible.

 

-         De todas maneras, cuando quieras echarte unas risas, y sólo unas risas, puedes volver a venir por aquí. – dijo la abuela a modo de despedida...


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